domingo, 20 de mayo de 2018

Contratiempoymarea. Intemperie Teatro.

Al lío. 
"Contratiempoymarea" es una gozada. Así, tal cual. 
El texto de Sonia Madrid es para leerlo una y otra vez y sacarle jugo, exprimirlo de nuevo y buscarle mas vueltas y luego más y así varias veces. Porque lo que hace es plasmar en el papel el pensamiento de dos seres surrealistas. O absurdos, o sacados de un circo, o de un psiquiátrico. O de la calle. 
Mezcla estilos y géneros con una audacia que te tira de espaldas y llega incluso a atreverse con el monólogo interior en algunos momentos. Magistral. Además retrata a dos seres perdidos y complementarios. Las dos caras de una moneda o la misma desde dos prismas distintos. Pompoff y Thedy, o Vladimir y Estragón, o Cara blanca y Augusto o Tip y Coll o C3PO y R2D2. El uno dice lo que el otro piensa, el uno dice lo que el otro teme, el uno dice lo que el otro espera. Los dos son desconocidos aunque se conocen mejor que nadie. Los dos esperan a su Godot. Los dos aman y han amado y tiene miedo y sueñan y mueren y se defienden de un mundo que no entienden y se pelean y se vacilan. Son como dos amantes o los dos polos de una misma mente. Tan complementarios como enemigos y tan necesarios como peligrosos. 



Maravilla de texto amargo y desgarrado sobre el vació y la incomunicación, la búsqueda y la necesidad.
Y llega Raquel Pérez y disfraza estos dos seres de payasos. Y así ya tiene la coartada perfecta para tocarnos los huevos y que nos lo tengamos que comer. Porque estos dos vagabundos, estos payasos salidos del Retiro (del de antes), estos dos heridos tiene derecho a decir y hacer lo que quieran. Parecen arrancados de un circo barroco, de un circo de esos en los que los payasos hacen llorar y la trapecista tiene las medias rotas y el corazón hecho añicos. Entre cartones de vino, música decadente y recriminaciones ácidas, Plácido y Domingo se buscan, se miden, se encuentran, se necesitan y se matan. El amor puro. La vida misma. Brillante el sitio desde el que Raquel nos cuenta esta historia de amor y brillante la forma y el tempo elegidos. Grandísima directora. 
Albino Hernández-Newman está a los mandos de la luz y el sonido. OLE tú, Albino. 
Iván Villanueva es Cara blanca. Es el reposo, la serenidad, la sabiduría olvidada y el reposo. Quizá peque de estar a ratos demasiado entero. Su locura o su punto de partida a veces se desdibuja un pelo. David González sin embargo da un recital. Todo lo que hace es magistral. Ya desde su aparición, arrastrando un carrito en el que nos avisa de que es esquizofrénico. Sólo con ese cartel nos avisa de que puede hacer cualquier cosa. Y es eso exactamente lo que hace. Cualquier cosa. O mejor dicho, de todo, hace de todo. David grita, susurra, va, viene, salta, llora, corre, ríe, sufre, sodomiza, ama, escupe, mata, busca, escarba, hiere y seduce. Hace de todo y todo lo hace bien. 

Hacedme caso. "Contratiempoymarea" es un espectáculo pequeño, con los medios justos y necesarios. Y no necesita más. Pero es un espectáculo GRANDE en su vuelo, en su pretensión, en la profundidad de su texto y en la seriedad de su puesta en escena. Y por supuesto, en el trabajazo ejemplar de sus dos actorazos.
Bravo para todos y cada uno de sus responsables. Este es el teatro que mola.   

lunes, 7 de mayo de 2018

Beatrice. Teatro Galileo

José Gómez-Friha es el responsable tanto de la dramaturgia como de la dirección de esta "Beatrice". Un revisión de "La hostería de la posta", montaje con el que Venezia Teatro celebran su quinto año de vida. 
San Carlo Goldoni escribió "La hostería" en siete días allá por 1762. Doscientos cincuenta y seis años después el aparentemente divertido texto de Goldoni sigue vivo. Tristemente vivo. 
Hace pocos días saltaba la noticia de que la comisión que se va a crear ahora, si es que se crea, en pleno siglo XXI para estudiar la reforma de los delitos sexuales va a estar compuesta únicamente por hombres y que... ay, calla, que no. Que me lío. 
Hace pocos días se hacía pública la sentencia del juicio de "La manada" y todos flipábamos al ver que.. ay, calla que tampoco. Me vuelvo a liar. 




Beatrice pasa una noche en la hostería de la posta con su padre en pleno viaje a Milán, a donde van para que ella contraiga contrato... digo... matrimonio con un señor que le ha buscado su padre y que les vendrá muy bien a ambos, padre e hija. Sobre todo al padre, claro, si no de qué.
Por cosas del destino el futuro marido también pasa la noche en la hostería, aunque ellos no se conocen. El enredo está servido y lo que parece un vodevil de entradas, salidas, cruces y equívocos se convierte en un alegato en defensa del derecho de la mujer a decidir por sí misma. 
José Gómez-Friha se sirve de un par de elementos sencillos para marcar un punto de vista y dar un aplastante poder tanto ético como social frente a lo que estamos viendo. 
Todo en "Beatrice" es estilizado. O mejor dicho, es sobrio y depurado. El espacio en un cuadrángulo con un par de puertas marcadas con luz. Un luz que sencillamente ilumina la zona de acción y oscurece la zona en la que los actores esperan sentados su turno. Punto. Ni más ni menos. Nada que distraiga. El derroche está en el vestuario suntuoso y bellísimo. 

Andrés Requejo, el grandísimo Andrés Requejo se adelanta, enciende una cerilla y se ilumina la lámpara que hay sobre él. Se hace la luz y comienza la acción. 
Todo discurre con brillo, muchísima chispa, buen ritmo y un puñado de actores excelsos. No hay ninguna pega que ponerle. ES COMO DEBE SER. La chispa del texto de san Carlo Goldoni está ahí. El vestuario ayuda, el espacio y las luces no estorban ni distraen del verdadero propósito de lo que vemos. Disfrute. Hasta que de repente, Marta Matute interrumpe la escena para... para... para... y se va. Ese gesto, ese intento de decir algo, de decirnos algo que no está escrito es la clave de "Beatrice". 

SPOILER     

Esto culminará con el gesto final, cuando Beatrice está a punto de aceptar a su marido de encargo, porque el hombre es majo y algo de tilín le ha hecho. Hasta que Marta se para, reflexiona durante unos segundos y decide cortar. Sencillamente no le sale del coño aceptar a este tío porque sí. Ella amenazaba con negarse a aceptarle si no era de su agrado. Pero ahora va más allá. ¿Por qué coño va a aceptarle si ni ella le ha elegido, ni ha pensado en él, ni ha tenido voz ni voto en nada? Ella sabe que es dueña de su vida, de su destino y de su futuro. Y que es la única que manda en sus propias decisiones. Ella, Marta. Y ni manadas ni comisiones de estudio, ni padres, ni tíos ni testosterona. Marta es dueña y señora única y exclusiva de su vida y de sus decisiones. Sí es sí, todo lo demás es violación. Y Marta se quita todos los trastos que tiene que llevar encima, coge la puerta y se pira. Y ahí se quedan todos los machos Ellos verán. 
Lo dice el dossier, no lo digo yo, pero es totalmente cierto, es el portazo de una Nora del siglo XXI. 
Si el montaje como tal estaba siendo impecable y magistral, este detalle sencillo formalmente pero terrorífico como símbolo hace que "Beatrice" levante el vuelo hasta el infinito. ¿No se puede hacer teatro del siglo XVIII en el siglo XXI?  Hablen con José Gómez-Friha y luego ya vemos a ver. O mejor, vayan a ver "Beatrice" y luego nos tomamos un vino. 




Y si brillante es el planteamiento y la forma que han elegido, el reparto es cosa aparte. 

Andrés Requejo tiene un breve papel pero demuestra un poderío y un dominio de la escena y del género incuestionable. Este hombre es inmenso. Juanma Navas está brillante. Como David Alonso, que está divertido y payaso en la justa medida. 
El trío de ases son oro puro. TODOS ellos pero quizá estos tres al tener más papel luzcan más, TODOS ellos, digo, tienen una de las cualidades más tristemente escasas hoy en día en un escenario. Saben hablar. Tienen una dicción per-fec-ta. Y sí, no nos pongamos a la defensiva porque sabéis como yo que es verdad. No es fácil encontrar actores que hablen como hay que hablar. Con una dicción impoluta, y dando a cada palabra el peso necesario. 
Rubén de Eguía está para comérselo. Aparte de ser un rato guapo, es un actorazo de los inteligentes, de los que saben que el fin de un intérprete es ser un medio, no un objetivo. Y se "limita" a dar vida a su personaje desde la sinceridad y la palabra correcta y limpia. Si ya se lo vimos en "El principio de Arquímedes", ya. 
Marta Matute es una de las más grandes de su generación. Llevo diciéndolo desde hace tiempo. Desde que la vi por primera vez hacer ... o mejor dicho, escuchar una Antígona. Da igual que haga teatro del siglo XVIII como este o del siglo XXI como en "La escena número 12" o del siglo XXII como "Yogur/Piano",  o una figuración en el Real o que nade entre las palabras de Pessoa; Marta es inmensa, implicada, lista como ella sola y un muestrario de estados de ánimo y de recursos. 
Y para mí, mi mayor descubrimiento fue Pablo Sevilla. Las razones son simples. Porque sabe hablar. Tiene un timbre de voz luminoso y una dicción realmente buena. Impecable sin afectación. Es un gusto oírle hablar. Y no sólo por la calidez de su palabra sino por su calidad. Sabe medir las palabras, sabe su significado (sí, aunque suene básico, es así, cuántas veces oyes a gente que no sabe lo que dice) y sabe su poder y su repercusión. Y obviamente su composición del personaje es exquisita, perfecta, compleja y atinada.  
Y completando este grupo de hombres está Álvaro Llorente con el violonchelo. El complemento perfecto para provocar a Marta.  Corran a ver esta nueva versión de "La hostería de la posta", porque "Beatrice" es una joya. Pero una joya joya. Y déjense llevar por el poder de una mujer que se reivindica en pleno siglo XXI y por la belleza de la palabra dicha con sentido y peso.  




  

miércoles, 2 de mayo de 2018

Cyrano de Bergerac. Teatro Reina Victoria.

Atreverse con un texto como el de Edmond Rostand es un reto, pero también es una trampa. 
Todos hemos visto quinientas mil versiones, a quinientos mil actores y hemos visto resultados buenísimos y estrepitosos fracasos. Versiones divertidas, truños insufribles, luces y sombras.
Esta versión de "Cyrano" es de las divertidas, de las brillantes, de los aciertos sobre todo gracias al inmenso trabajo de José Luis Gil. 
Carlota Pérez Reverte firma la versión junto a Alberto Castrillo-Ferrer, quien también se encarga de la dirección del espectáculo. Alberto ya dirigió otro montaje anterior, "Si la cosa funciona" con la misma pareja protagonista. El entendimiento entre ellos tres se nota en esta nueva puesta en escena (aunque llevan ya 100 representaciones). 



Estamos ante un artificio. No es que sea "teatro dentro del teatro" pero sí es "teatro como representación", artificioso. No es una recreación de la vida sino un juego escénico, una representación. Y como tal la vemos. El escenario, con las candilejas en el proscenio, unos paneles de madera que se cubren de telas, de tapices o que se desnudan según la escena. O sirven de pantalla donde se proyectan imágenes que ambientan otros lugares, o se adelantan o atrasan para crear entradas y salidas. En definitiva, una escenografía del grandísimo Alejandro Andújar junto con Enric Planas que es a la vez eficaz, útil, evocadora y expresiva. Es casi como el escenario ambulante de una compañía. Madera, versatilidad y eficacia. Como alguna caracterización; barbas postizas nada disimuladas, múltiples personajes a cargo de cada intérprete, cambios de escenografía a la vista, pómulos postizos casi de comedia dell'arte...
Luces y vestuario de Nicolás Fitschel y Marie-Laure Bénard al servicio del espectáculo. Y en el mismo tono que la escenografía. 
La dirección de Alberto Castrillo-Ferrer es eficaz y respetuosa. Nos cuenta esta historia trágica de amor desde el respeto por los personajes, por todos ellos y lo barniza todo con un aire de comedia de repertorio de compañía ambulante. El artificio "evidente" es así de evidente para realzar el carácter del texto. Quieren contarnos una historia. Como tal, una historia. La historia de Cyrano, de su amor por Roxana y de la imposibilidad de ese amor. Castrillo-Ferrer pasa de la comedia de toda la primera parte a la tragedia amarga de esa escena final antológica y del humor de la panadería al amor de la escena del balcón. Cada escena, cada momento tiene un tono, un ambiente, una profundidad. JUSTA y EXACTAMENTE la que necesita cada momento. Así no sólo consigue que no despegues el culo del asiento en las dos horas y pico que dura la función sino que sin querer vas sumergiéndote en el estado de ánimo de Cyrano, el eje obvio del espectáculo. No esperéis un montaje grandioso, no. Todo lo que vemos es medido y es justo y escueto. Lo gordo; lo gordo gordo está donde tiene que estar, no tanto en la forma. 



El resto queda "sencillamente" en manos de los intérpretes. Y ahí encontramos de todo. Desde el trazo grueso de la experimentada Rocío Calvo al poderío en escena del gran Carlos Heredia. De la experiencia de Ricardo Joven a la frescura y el desparpajo de Álex Gadea. Cada uno está en su código y todos ellos al servicio del conjunto. Ana Ruiz está estupenda de presencia y de gesto. Cada movimiento, cada mueca, cada movimiento de su cara, por leve que sea es perfecto. Sabe lo que dice y por qué lo dice. Pero hay algo atropellado en su verso. Junta demasiado algunas palabras y pasa por encima de ellas, sin darles todo el espacio que necesitan. Si las palabras siempre son escogidas, en el verso esto se dispara. Y las palabras elegidas son esas porque necesariamente deben ser esas, no sólo por la rima y la medida, que también, sino por la carga, el significado y el poder de las palabras. Y a veces Ana pasa un poco por encima de las palabras. Y vocalmente quizá ayer estaba algo tocada, porque su emisión, la proyección vocal quedaba escasa y su voz se quedaba en un agudo con no mucho color que está claro que no corresponde a una actriz que además canta, como ella. Vamos, que ella canta muy, muy bien. Por eso supongo que lo de ayer sería un asunto pasajero. Y es una lástima, porque tanto la belleza del personaje como toda su gestualidad fueron muy acertadas. 



Y vamos a lo gordo. Porque como decía al principio, "Cyrano" es tanto un reto como una trampa. Y el actor que se encargue de dar vida a este ser amoroso, ingenioso, brillante, divertido, sabio, inteligentísimo, generoso, pícaro, sacrificado, del que querrías ser amigo y alumno; el actor que de vida a Cyrano se la juega. Cyrano NECESITA para vivir a un actor capaz de hacer surf en cada palabra, en cada sílaba, en cada acento, porque si no, el texto naufraga. 
Pero, ¿que ha hecho Alberto Castrillo-Ferrer? Darle el papel a un ser de otro mundo. JOSÉ LUIS GIL, así, en mayúsculas. Para la mayoría será conocido por sus interpretaciones televisivas, en las que es EL MEJOR. Pero José Luis lleva años y años y años tocando todos los palos de la interpretación. TODOS. No sólo es gracioso y un cómico asombroso, sino que ha estado en vuestras mentes y corazones sin que os dierais cuenta, porque José Luis ha participado en los mejores doblajes que se han hecho en este país. Yo le he visto hacer cosas que vosotros, humanos, no creeríais. Ha sido y ES uno de los mejores actores de este país delante de un micrófono. ¿Y eso qué le ha dado? La sensibilidad y sabiduría de distinguir, conocer y valorar el peso de cada palabra. Porque cuando delante de ti sólo tienes una interpretación ya hecha y un texto y tu obligación es dar vida a las palabras para que se junten a esa cara y todas unidas parezcan vivir, en ese momento el poder está en LA PALABRA. Y José Luis llena CADA palabra que sale de su boca de carne, de sangre, de peso, de saber, de sentido y de emoción. Lo hace delante de un micro y lo hace delante de una cámara y lo hace encima de un escenario. Y encima lo hace dando vida a Cyrano, la trampa de las trampas. Porque con Cyrano puedes meter la pata y creerte que eres la hostia. Puedes empezar a gustarte y que se te vaya la pinza y la medida. Puedes empezar a cantar, a hacer ripios, a querer sonar grandilocuente. Puedes querer hacer un personaje aún más grande de lo que es Cyrano. Puedes venirte arriba, creerte la estrella y que te sobren los compañeros. Y el teatro, como todo en la vida menos la masturbación, es una labor de equipo. Pero José Luis no hace nada de eso. Jose entiende las palabras, las ha desgranado una a una, las tiene medidas y tiene medida la medida de lo que quiere y necesita hacer para que este "Cyrano de Bergerac" sea coherente, sólido y brillante. Jose se sitúa justo donde debe en cada escena, es prota cuando debe serlo y secundario cuando es menester. Y sobre todo, tiene un control de LA PALABRA que hace que sea posiblemente el mejor Cyrano posible. Así lo demuestra. Jose emociona, viaja por mil estados de ánimo, regala dos mil millones de matices y convierte cada palabra que sale por su boca en una obra maestra. 



Confieso, que al igual que me pasa con Cyrano, a mí me pasa con José Luis, que querría ser su amigo y su alumno. También confieso que he aprendido de él sin él saberlo lo que sé de mi profesión. Siempre ha sido una referencia. Por mucho. Por todo. Y es que yo le veo y le hago la ola.        


             

Si no te hubiese conocido.

Sergi Belbel ha estado siete años sin escribir y ahora que lo ha hecho nos habla de amor. Y del destino. 
Reconozco que Belbel me gusta y Unax Ugalde también. Sin embargo mis expectativas de derrumbaron nada más empezar el espectáculo. Por todo. 



SPOILER TOTAL, NO LEAS SI NO QUIERES ENTERARTE DE LA TRAMA.

Empieza la acción y vemos una escena de matrimonio. Los niños se acaban de acostar y ellos, sentados en dos sillas que simulan ser un hogar, hablan de los niños, de sus movidas, de llevarles al cole al día siguiente. Prácticamente por accidente, Elisa, la mami se encarga de hacerlo. y por accidente también, se mata junto con los nenes. Esta primera escena nos da todas las claves de lo que vamos a ver: diálogos artificiosos, frases de carpeta, diálogos increíbles y afectados y personajes que se empeñan en contarnos que se quieren aunque tanto sus palabras como sus actos nos dejen ver que hay muy poquito afecto entre ellos.
Y de ese momento dramático pasamos a otro trágico. Retrocedemos hasta 1989, con los cuatro protagonistas de la historia en la uni, tía. Y yo me encojo en mi butaca al ver a los actores haciendo de jóvenes ochenteros. Confieso que me viene a la mente Meryl Streep en "La casa de los espíritus". 



A partir de ahí entramos en una historia de amores posibles y de "mundos paralelos". La típica historia de "qué habría pasado si en un momento de mi vida, hubiera tomado otra decisión". Sí, aquello que contó tan bien Edgar Neville en "la vida en un hilo" y Manuel Hidalgo y Carmen Posadas no tan bien en "Una mujer bajo la lluvia", por ejemplo. Pues eso mismo. Con una diferencia, que lo que allí era fábula, era magia y era un ajuste de cuentas con la felicidad y el equilibrio cósmicos, aquí es un ir y venir y transitar por momentos absurdos en los que el pobre Unax Ugalde SIEMPRE tiene un momento de lucidez en el que se da cuenta de la movida. Y eso se lo carga todo. Porque por mucha fábula que le metas a la cosa (que tampoco la tiene) y por mucha magia que quieras untar (que tampoco) es imposible que un ser que vive palante y patrás esté a por uvas todo el rato pero de pronto tenga una chispita de lucidez. Que tampoco le sirve para nada. Una chispita gratuita e inútil. 
En definitiva, la historia no solo me parece trillada sino que está plagada de frases empalagosas y situaciones reiterativas y vacuas. Diálogos sensibleros, situaciones increíbles y moralejas ñoñas.
No se me ocurriría decir que el texto de Sergi Belbel es malo, sería una osadía. Pero sí digo que no me tocó en absoluto, ni me lo creí, ni me embaucó, ni me estimuló, ni me trastocó, ni me cambió ni me afecto lo más mínimo. Sin hablar de los cientos de detalles incomprensibles o cantosos dentro de la historia, como que el novio de una boda no sepa quién cantó en su boda, o una accidentada a punto de morir se levante tan pichi de la cama, o que de pronto una actriz aparezca disfrazada y maquillada de vieja y los demás no. Pero bueno, son detalles. 
Y lo que más siento es que el resto de elementos del espectáculo tampoco me gustaron nada. Las luces me parecieron sucias y que enturbiaban. Ni las luces ni las sombras, todo me parecía difuso e impreciso. La escenografía no ayudaba nada. La pared blanca y las sillas podrían ser multiusos y hacer que recurramos a la imaginación para rellenar ese simbolismo, pero entonces me sobran las revistas, los libros y los pocos elementos concretos. Y luego, técnicamente, los cambios en la parte de atrás "suenan" muchísimo y desde las filas delanteras no hacíamos más que mirar hacia los lados y hacia atrás porque parecía que iba a aparecer alguien en cualquier momento. 
Ni me gustó que las canciones estuvieran grabadas. Y tampoco sonaban como que fueran las grandes grabaciones de una super estrella de la canción. 
La dirección no tiene ni punto de vista estético ni ético. Las cosas están contadas al corre corre, sin dar tiempo a que nada nazca, crezca ni se desarrolle. Parece que hay prisa por contarlo todo rapidito para que no nos aburramos. Y al final resulta una dirección vacía y sin rumbo. 
Unax Ugalde va a toda mecha. Llora mucho y se tira de cabeza a los pozos emocionales en los que debe sumergirse, pero quizá todo sea tan precipitado que no termina de dar profundidad ni siquiera una ligera capa oculta a ninguna situación. Aunque es de ley reconocer el enorme esfuerzo que hace y que se deja la piel. Marta Hazas está bien de gesto y de intención aunque también sufre las prisas. Y tiene algo en la voz que yo creo que quizá podría revisar. El sonido que emite tiene algo rasposo, una emisión extraña, no sé.
Óscar Jarque y sobre todo Ana Cerdeiriña están en otro código, están totalmente disparados. Conmigo consiguieron que no empatizara ni un sólo segundo con ellos y me rechinaban tanto sus personajes como su código. 



Siceramente, confieso que en este caso, el trabajo seguro que durísimo de todos los implicados no consiguió ningún efecto en mí. Es una pena, porque el cartel tiene nombres grandes, aunque mi experiencia fue totalmente infructuosa.  
       

domingo, 29 de abril de 2018

Ilusiones. Pavón Teatro Kamikaze.

Ivan Viripaev escribió un texto envenenado y Miguel del Arco ha montado un espectáculo igual de envenenado. 
"Ilusiones" es un drama existencialista sobre el  amor, o sobre la verdad y la mentira, o un relato sobre la palabra, o sobre el recuerdo, o sobre lo no dicho, o sobre la verdad creada, o incluso sobre la verdad creada entre todos. O puede ser lo que tú quieras. Porque la trampa de "Ilusiones" es que es una bomba subterránea que va haciendo su trabajo lentamente, sin que te des cuenta. Hasta que te descubres taladrado. 




Cuando uno va al teatro, o mejor dicho, cuando uno va a una sala en la que otros seres humanos han decidido compartir contigo una aventura necesaria y tú relajas tus esfínteres, abres los ojos y los oídos y dejas que las cosas pasen, es probable que descubras que las necesidades de los que te cuentan esa historia se parezcan a las tuyas. Entonces te estremeces. 
Me explico.
Yo llegué al Kamikaze con unas ganas locas de que "Ilusiones" me gustara. Coño, a ver, Miguel del Arco, Varónica Ronda, Daniel Grao, Marta Etura (a Alejandro no le conocía, lo siento), Juanjo Llorens, Manuela Barrero... todos juntos en un proyecto, eso es maravilla.  
Sin embargo el arranque me despistó. Marta Etura comienza a contarnos la historia de un matrimonio. Mejor dicho, las palabras de despedida de Dani a su mujer, Sandra en su lecho de muerte. Las palabras me suenan afectadas, demasiado acarameladas, casi tópicas. Me pongo a la defensiva como buen prejuicioso que soy a veces. No me gusta el tono ni el intento de emocionarme así, tan pronto. Y no termino de empatizar con la emoción de Marta Etura. Eso yo, el experto en autodefensa y en "aprioris". 
Hablo siempre desde mis sensaciones y desde mi experiencia única. Ni cuestiono ni juzgo el punto de vista ni la intención del director, faltaría más. Por eso, digo en voz alta aquí y ahora que yo creo o quiero creer que la intención de Miguel del Arco es que piquemos el anzuelo. La primera "trampa" de las que hablo es que creas estar en medio de una historia lírica de amor hasta que de pronto llega Verónica Ronda y te da un quiebro que te descoloca, te deja indefenso, te rompe el esquema y te devuelve al sitio virgen desde el que deberías estar viendo la función. Te ha pillado, ha conseguido que te veas cazado en tus prejuicios. Y arranca de nuevo la función. O arranca otra función, o la buena, o la de verdad. 
Porque cuando crees estar viendo una historia poética de amor entre dos seres preciosos y sinceros, se empiezan a abrir las capas subterráneas que esconden tanto el texto de Viripaev como la puesta en escena de Miguel del Arco. Veneno puro.




"Ilusiones", en mi experiencia, no habla del amor entre dos matrimonios, ni de los amores ocultos, ni siquiera del amor de verdad, o del amor sincero, o del amor escondido, o del amor enfermo, o del amor moñas. Que también. Sobre todo y principalmente habla de lo dicho. Y de lo no dicho. De lo que existe por el hecho de ser contado y de lo que nace al ponerlo en palabras. De lo real y lo irreal, de lo inventado, de lo creado al darle nombre, de lo que nunca existió y de lo que empieza a existir al ser nombrado. 
Ya se encargan ellos mismos de recordarnos cada poco que "es broma". Este detallito casi sin importancia, esconde la clave de "Ilusiones". Lo que te estoy contando es real porque te lo cuento. Pero no olvides que quizá sea broma, que quizá no sea tal y como te lo cuento y en ese caso tal vez sea mentira aunque yo te lo cuente. Quizá Dani y Sandra fueran hermanos. De hecho lo son durante los pocos segundos que dura la broma. Y así todas las relaciones y los amores entre estos cuatro personajes. En realidad son verdaderas cuando nos las cuentan. Cobran vida al ser nombradas. Las palabras crean vida. Lo no dicho, lo no contado, lo que no se nombra no existe y no ha existido. Eso es la vida, eso es el recuerdo y eso somos nosotros. Somos lo que recordamos, somos a lo que le ponemos nombre, somos lo que decidimos que viva. Ahí está el veneno y la trampa de "Ilusiones". Que no habla del amor, ni de las relaciones, sino de la existencia, de la vida, de lo que decidimos que exista y de lo que decidimos que sea verdad. De hecho, no sabemos demasiado de ellos ni de sus vidas, sabemos lo justo, lo que nos hace falta saber para comprender lo que nos quieren contar. Simplemente sabemos que tienen hijos e incluso nietos, pero ya está. Es un dato y nada más. No nos afecta. Porque a lo que vamos es a otra cosa. 
Además la historia se cuenta entre todos. En este "Rashomon" los vértices son variados, y los matices infinitos. Por eso cambian de personaje, de personalidad, y de eje. Los hechos narrados entre todos son más una creación que nunca. Creemos una historia entre todos. Este recurso literario y escénico es brillante, porque la riqueza de visiones nos da un prisma de realidad más variado. 

La RAE lo dice bien clarito:
Ilusión: concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.
Ilusión: esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.  

"Ilusiones" habla también de buscar nuestro lugar en el mundo. Subidos a una piedra, en medio de las palabras que dan vida a unos amores o dentro de un armario. O en medio de unos amores turbulentos e intercambiados. Por eso es normal el final de Margarita. Porque uno también sabe cuándo no hay más que rascar. Y en ese caso seguir... es tontería.




Confieso que viendo "Ilusiones" me pasó algo que muy, muy, muy pocas veces me ha pasado en un teatro. Durante toda la función YO fui de menos a más. Poco a poco fui entrando en la historia y en el código y poco a poco me dejé llevar por lo que estaba sintiendo, aunque yo solito me resistiera a sentirlo. Y de repente se produjo un "click" mágico, como en "Incendios", cuando el grito ahogado de Nuria Espert hace que de golpe comprendas el por qué. Pues me pasó igual. Cuando acaba la función y comienzan a mirar las fotos y a preguntar "Hola, ¿eres tú?", en ese momento TODO se colocó en mi cuerpo, me inundó una tristeza cósmica, se me hizo un nudo en la garganta y se me escurrieron dos lagrimones como dos melocotones. Y no podía parar de llorar. Porque en ese momento entendí todo, en ese momento todo cobró sentido, en ese momento "se colocaron los melones" y me di cuenta de lo inmensamente triste y leve que es la vida. Y me sentí tan frágil que no podía para de llorar. ESA ES LA TRAMPA Y EL VENENO DE "ILUSIONES", que te va horadando los centros sin que te des cuenta y cuando todo toma forma, ya es tarde, ya te ha destrozado. Porque ves que así es la vida, únicamente lo que tú decides que sea, lo que decides que sea verdad, lo que decides recordar, lo que decides contar... como estos amores, que son reales cuando se cuentan. Incluso los personajes tiene que gritar desde la mayor de las angustias cósmicas imaginables una frase que resume perfectamente el vértigo vital que esconde esta supuesta historia de amor. "Debe haber al menos alguna clase de permanencia en este inmenso y cambiante cosmos, ¿verdad?". Es el grito desesperado del que busca una razón para tanto dolor.       

Miguel del Arco despliega toda su sabiduría para plasmar sobre el escenario el vaivén de los personajes y de sus verdades. Ingenio, diversión, sentido del humor y dominio de los géneros. Maestría total en cada decisión y un optimismo soterrado de los que dejan ver que el director pasa por un buen momento vital, algo de lo que nos beneficiamos todos. Bravo. 
Las luces de Juanjo Llorens son de libro. Mágicas y con una potencia al servicio de los géneros, de los momentos, de la segunda capa de los personajes y de sus situaciones. Magistral. 
Fabuloso vestuario, espacio sonoro, música y escenografía. Tanto Sandra Espinosa como Sandra Vicente, Arnau Vila o Eduardo Moreno firman unos trabajazos acojonantes. 
Y un repartazo de lujo. Los cuatro ejes están sólidos, bravos y amorosos. Todos los balanceos de los personajes para un lado y para otro, alternando géneros, alternando densidades e incluso texturas dramáticas están vivos y nacen en el escenario. Daniel Grao es inmenso, divertido, sensual y magnético. Verónica Ronda despliega un ramillete de recursos de dejarte con la boca abierta. Marta Etura quizá necesite unas funciones para traspasar algo más. A veces parece que se esconde detrás de sus compañeros. Y Alejandro Jato no solo no se arruga ante sus experimentados compañeros, sino que compone y descompone sus personajes son una soltura desvergonzada.  

Un espectáculo no solo sólido y de una calidad grandiosa sino que al menos en mí produjo el efecto mágico de disparar su dimensión en un sólo "click", justo al terminar, cuando la vida sigue y los actores, personajes o cuentacuentos vuelven a preguntar: "¿eres tú?", como buscando unos seres vivos que se quieran hacer cargo de las historias que ellos podrían seguir contándonos. 
Y es que la historia y los protagonistas no siempre coinciden.               
Las fotos de Vanessa Rabade, como siempre, una obra maestra.  



lunes, 23 de abril de 2018

Elvira. Pavón Teatro Kamikaze.

Lo que no puede ser es que uno se suba a un escenario y no esté comprometido con el escenario. 



Recuerdo con cariño y nostalgia el antiguo Festival de Otoño, cuando se celebraba en otoño y era un festival. Había que comprar las entradas en las taquillas de los teatros y ese mes era una locura para poder verlo todo. Yo me guardaba un dinerillo de lo que ganaba con mis bolos para gastármelo en ver lo mejor de cada casa. Este año, gracias a la amorosa e hiperprofesional labor de Carlos Aladro y de su equipo, al menos hemos podido ver una selección gloriosa de lo mejor que se hace en el mundo. Ese era antaño el espíritu del festival y ese es ahora. Sólo falta que sea en otoño y que nos estresemos para cuadrar agendas. 
A lo que voy; este año hemos visto joyas, algunas de ellas con la palabra como eje. De la palabra barroca y rellena de carne y de sentido de "Pequeño misterio ácrata" de Mauricio Kartun, posiblemente uno de los mejores espectáculos vistos en Madrid este año a la palabra sonoramente sólida de esta "Elvira". Sonoramente sólida. Punto.

Pasa una cosa y es que si viene a Madrid alguien con la fama (y el talento, por supuesto) de Toni Servillo, las entradas vuelan. Todo vendido en minutos. Normal. Como normal es que todos demos por hecho y a priori que lo que vamos a ver va a ser una joya. Yo confieso que en mi prejuicio, en mi juicio previo, partía de la seguridad de que "Elvira" iba a ser una joya. Luego uno entra al teatro, nervioso por ir a ver una joya, se apaga la luz, comienza la vida sobre el escenario y te encuentras con lo que se produce realmente sobre el escenario. O entre el escenario y tú. Ese día, entre lo que ves y lo que tú eres esa noche, cómo estás, cómo eres y cómo te dejas. Eso pasa siempre. Pero también parece que es necesario explicar por qué algo tan incontestable como "Elvira" me dejó como estaba. 

Me pasa con muchos espectáculos; que los veo y confieso que son impecables, cada gesto, cada frase cada tono, cada mirada están en su sitio, son impolutos, impecables, intachables, limpitos y precisos. Pero para mi percepción del espectáculo les falta vida. Les falta nacer y "ser" en ese momento. Tengo la sensación de que sí, de que son perfectas, pero que si veo la función de ayer y veo la de mañana van a ser exactas. Siento que la función es siempre la misma. Exacta, clavada. Y puede que sea porque el proceso creativo ha sido bueno, se ha llegado a donde ellos querían, y lo han fijado. Sí, claro que hay que fijar y hay cosas que tienen que ser iguales porque la función es la misma, el texto es el mismo, el espectáculo es el mismo. Pero también es otro. Y tiene que ser otro. Porque eso es lo jodido del teatro; que siendo todos los días lo mismo, sea nuevo, nazca en ese momento. Que los actores vean nacer la energía esa tarde, la recojan, la utilicen y la expriman para hacer entre todos, la función única, la de cada día. La función viva. Si eso no pasa, las funciones serán perfectas, pero estarán disecadas. Perfectamente disecadas, pero disecadas. Y es que lo que no puede ser es que uno se suba a un escenario y no esté comprometido con el escenario. Puedes ser un funcionario de la escena impecable, incluso magistral, el más grande, pero no será un espectáculo vivo. Al menos para alguien no lo será. Y no digo que yo sea más listo que nadie ni tenga la sensibilidad en otra parte del cuerpo, para nada, solo digo que a mí no me coló, le vi el cartón. O esa fue mi sensación. 
Obviamente es un gran espectáculo. Indiscutible. Y escuchar a Toni Servillo es música. Qué gusto da oír las palabras cuando las palabras son seres vivos. Cuando las palabras son música, son notas que suenan y resuenan desde la maestría del que sabe lo que dice, por qué lo dice y para qué lo dice. Y se regodea en su propio sonido. Un gustazo cerrar los ojos y simplemente escuchar el sonido de sus palabras. 



Pero en mí se produjo desde el principio una especie de cortocircuito entre lo que estaba oyendo y lo que estaba viendo. 
Louis Jouvet trabaja con una joven actriz y alumna, Claudia en el París del año 40. Ella intenta preparar y descubrir el monólogo final de Doña Elvira. La forma de trabajar de Claudia no le gusta al director y este pide a la actriz que trabaje desde la emoción. Porque el teatro sin emoción no es verdadero teatro. 
Año 40, Stanislavski ha muerto hace nada y el método está extendido. Guay. El personaje de Servillo defiende que el teatro debe buscar el sentimiento, que la actriz ha de encontrar las emociones del personaje para así poder trasmitirlas. Sin artificios escénicos. Sólo con la pura emoción. 
Sin embargo lo que yo veo es una función disecada, una función que me hace sospechar lo que decía antes, que es clavada a la función de ayer y será clavada a la de mañana. Magistralmente montada, sí, minuciosa y detallista, pero YO sospecho que es y será la misma. Por eso me cortocircuito, porque me cuentan una cosa, la defensa de los sentimientos reales como única forma de acercarse a un personaje y a un espectáculo pero lo que veo es justo lo contrario. Insisto, esto es lo que YO siento, no digo que sea verdad. Que aquí a veces hay que cogérsela con papel de fumar...
El maestro hace uno, dos, tres, dieciséis análisis del texto, desgrana las palabras en un trabajo de mesa que quizá debería ser todo el curro previo a empezar a montar. Pero bueno. Yo lo que veía era a Servillo destripando una y otra y otra y otra vez el texto y pidiendo sentimientos, emociones sinceras y reales. Sin embargo lo que va marcando a la actriz es que entre más despacio para crear mayor impacto, que no haga pausas porque escénicamente no funcionan, ahora que no, que entre más deprisa... en fin... que en realidad está marcando justamente los recursos escénicos que le pide a la chica que NO utilice. 



En medio de ese cortocircuito mental mío entre lo que me dicen y lo que veo confieso que el texto da muchas vueltas sobre lo mismo. La misma escena se repite una y otra vez con el único aliciente de escuchar la melodía de la voz y la forma de hablar de Servillo y las mutaciones que sufre esa inmensa actriz que es Petra Valentini. Lo siento mucho pero me parece que ella es la verdadera ganadora de la función. Cuando ves que esta acorralada y que ni ella sabe cómo ni desde dónde retomar el texto otra vez, ella da un giro y te sorprende rebuscando en su interior el matiz minúsculo que marca la diferencia. Sinceramente, Petra Valentini me pareció prodigiosa. 
Además... y esto ya es una cosa personal... yo no creo que haya que buscar el sentimiento real ni la emoción verdadera. Sí y no. Lo que hay que conseguir es que el que mira se emocione, no que se emocione el actor. O no siempre. O no como regla, o no como axioma. Otra cosa es trabajar desde la sinceridad, buscando la verdad y desde la honradez. Eso sí, claro, siempre. Hay que ser honesto con las palabras, con lo que significan, con el hecho de elegir unas y no otras y de darles sentido desde ti con los seres que comparten el compromiso contigo. Pero la verdad de los sentimientos, las emociones reales, etc... sí pero no. Yo creo más en vivir y hacer nacer el momento único y especial, en alimentarlo y darle espacio. Y dejar que viva. Que sí, que lo otro también, pero esto más, jajaja.
Por cierto... hablaban de emociones sinceras y sentimientos reales pero solo se ocupaban de buscar los recovecos del texto, no buscaban las emociones de la actriz. Solo cuál era el significado real de las palabras y cuál debería ser el resultado final. De la búsqueda de la emoción de la actriz, nada. 
Aunque claro, esto es el texto y uno puede o no estar de acuerdo con el texto. 

Bueno, pues eso, que yo aquí haciendo amigos, como siempre.  
Pero insisto en que eso es lo que yo veía, lo que yo oía y lo que yo sentía. Tres cosas que no llegaron a juntarse. Y es una pena, porque con lo bien que suenan las palabras dichas como las dice Servillo y con un actrizón como Petra Valentini habría dado lo que fuera por haber salido más tocado.            

        

jueves, 19 de abril de 2018

Spanish Suite. KOR'SIA

Hay artistas y hay ARTISTAS. 



Hay quien quiere contar cosas, compartir experiencias, lucir palmito o hacer que la peña flipe con sus contorsiones físicas o emocionales. 
Y luego están los ARTISTAS que necesitan un medio de expresión más allá de las formas conocidas escénicamente hablando. Ni la palabra, ni el gesto, ni el músculo ni la voz ni la música. KOR'SIA  nace de la necesidad de buscar un lenguaje propio. 
Todos somos únicos, exclusivos, diferentes y distintos a los demás. Eso nos hace a todos y cada uno, especiales. Explotar esa diferencia, aprovechar lo que tenemos único, distinto y exclusivo es lo que crea el lenguaje personal y la creación particular; justo lo que necesita un artisssssta para pasar de divino a NECESARIO.
KOR'SIA son necesarios para el mundo del goce, del placer, de la belleza, del disfrute, del humor y de la comunicación entre el planeta ARTE y los humanos. 
Claro de KOR'SIA cuentan con ventajas. Para empezar dirigen la compañía dos animales, dos seres consecuentes, exclusivos, bellos de gritarles y con un sentido y una necesidad de expresión de esas que son únicas e infinitas. Antonio de Rosa y Mattia Russo son dos elfos que han nacido en el sitio equivocado. En este mundo terrenal, donde la etiqueta y el concepto marcan la diferencia, ellos beben, miran, deciden, tragan, digieren, cuentan y lanzan al espacio exterior SU forma de expresión, su manera de comunicarse con el mundo. Son, sencillamente, dos seres siameses, con un sentir único y una forma de expresión que habita a dos palmos del suelo. 
Y para remate cuentan como dramaturga con María Velasco, ahí es nada. Quizá una de las mentes más personales, afinadas y vertiginosas que conozco, un raudal de sabiduría, falta de pudor y valentía. Las armas perfectas de un dramaturgo. Y con intérpretes de esos celestiales, con los que soñaría cualquier compañía. Te digo dos nombres. Mar Aquiló, los tobillos y las manos más independientes y vivos del universo, una mujer con una capacidad de traspasar el escenario asombrosa. Y bella como un atardecer cuando se mueve. Y Agnés López, seguramente el espíritu más personal, amoroso, creativo y sabio de su cuerpo y de su entorno que yo he conocido. Agnés se mueve por necesidad y se expresa por supervivencia. Llena el aire que hay a su alrededor y estruja os sentimientos en un radio de varios kilómetros. La capacidad de transformar el mundo que tiene un simple arqueo de cejas sería razón suficiente para querer vivir. AMO a Agnés. 
¿Quieres más? Monica Boromello como escenógrafa. Dios. Punto. Chimpún.


    
El artista debe ser único y especial. Además debe saber que lo es y sentirse como tal. Sin modestias ni pollas. Y luego trabajar desde la humildad. Desde la humildad del que se sabe especial y trabaja rompiendo los límites entre la comunicación y su YO. Si uno cuando se sube a un escenario o se muestra ante los demás no es honesto, no es nada, se traiciona. Saberse único y especial es vital y logra que uno, desde su centro gravite en torno a los demás, a los que miran con ojos de ver. 

"Spanish suite", dentro de mi corto conocimiento teórico, bebe de otro genio, quizá uno de los mayores coreógrafos del mundo mundial, Marcos Morau. A mí, al menos me lleva a Morau y a La Veronal. Por su necesidad de romper moldes, de mostrar que son uno y son distintos. Y por la forma de romper las formas. Si Kylián y otros dioses rompen la geometría del cuerpo y de los miembros, y celebran que los brazos tiene codos y muñecas y las piernas, tobillos, Antonio y Mattia toman ese lenguaje y le añaden la espalda, los hombros, arqueándolos hacia dentro, hacia el lugar menos danzístico posible, y llenándolos de sufrimiento, de tortura, y en el caso de "Spanish Suite" de guasa y cachondeo. Me paso las tradiciones y los tópicos por el forro del suspensor, pongo a un puñado de estudiantes del Conservatorio con tantas ganas como arte, les lleno de lunares y arriba España. Y te montas una coreografía única, distinta, diferente y personal. Con la belleza rabiosa del que está de vuelta de todo y la sabiduría del que se sabe y se reconoce como especial. 
"Spanish Suite" es divertida, con momentos de una belleza acojonante, con una deconstrucción de los brazos y de los desplazamientos como sólo los genios pueden hacer y con un virtuosismo formal avasallador. 
Voy a ponerle varios "peros" al trabajo de KOR'SIA. para que nadie diga que si son colegas y que si he cenado un plato de Mimosín.. 




El grupo con el que han trabajado son todos de quitarse el sombrero. Veintitrés artistas entregados y sublimes. Todos ellos sabían lo que hacía y se han comprometido con lo que estaban haciendo y con cómo lo estaban haciendo. Menos alguna chica que se notaba que estaba algo pudorosa. Y el arte con pudor se llevan fatal. No digo que bailaran mal, sino que alguna chica, sobre todo, tenía una tensión corporal y una forma de estar tiesa, estirada. Cuando TODOS entiendan lo que hacen y por qué lo hacen, eso será la rehostia. Y alguna chica aún no lo sabe del todo. 
El otro "pero" es no contar (de momento) con el ser nacido para sobrepasar los límites de lo humano, el artista que con una mirada hace temblar los muros de Ávila y de Lugo a la vez, el ser que con un simple meneo de brazo provoca tsunamis. El mayor y mejor "expresador" de sensaciones con su cuerpo, un ángel que quizá ni él sepa lo que traspasa un movimiento de pelvis. No diré su nombre por si se pone tonto.
Sólo diré que KOR'SIA es lo mejor que le ha pasado al mundo de la danza en los últimos tiempos, que esta "Spanish Suite" debería convertirse en un espectáculo de una horita y girar por todo el planeta. Que de momento ya forma parte de la iconografía de la danza, que es una puta joya y que donde la veáis anunciada, id como locas posesas a pillar, porque lo vais a flipar.

Y si Mattia y Antonio son dos seres bellos y perfectos y el prototipo de lo que YO considero un artista, cuando bailan con Mar, o con Agnés o cuando bailen con Isaac, te digo yo que el mundo se resquebraja y nos traga a todas porque ya no habrá nada más allá. 

Si KOR'SIA son lo más, mejor y más único y especial que conozco, (con permiso de Kukai y de la Veronal), lo que van a dejarnos Mattia y Antonio al resto de los humanos es sólo belleza, una expresión única y particular y la certeza de que cuando uno se expresa por necesidad saltándose las barreras de lo establecido y buscando la coherencia, la belleza y la comunicación vienen solas.    

Gracias David, Rocío, Claudia, Sara, Emma, Elena, Claudia, Aurora, Julia, Pilar, Hugo, Laura, Xián, Francisco, Pablo, Iris, Inés, Mireia, Rosella, Mario, Laura, Luna y Cristina por el fabuloso espectáculo que nos regalasteis. Y gracias, Antonio y Mattia por existir y dejarnos verlo.  



              

martes, 10 de abril de 2018

The show must go on.

"... y se llenó el escenario de gente. Eran hombres y mujeres y ninguno se parecía a nadie".





Necesitamos, no sé por qué, poner nombre a las cosas. No sé si es porque creemos que si algo no se nombra no existe. Yo más bien pienso que algo no existe si no se piensa. O si no se sueña. O si no se recuerda. Aunque quizá sea cierto, que si no se nombra, no existe. Por eso a la experiencia de colocar a un grupo de ejecutantes y a un grupo de ojos que miran juntos, en un mismo espacio, para que los ojos miren lo que los ejecutantes hacen hemos acordado llamarlo "hecho escénico". 
Ese término suena pelín petardo. Pero lo usamos. Hemos acordado hacerlo. Así que voy a usarlo ahora como lo he usado muchas otras veces.  
El hecho escénico es el mayor acto de amor que hay entre el artista y el público, los ojos que miran, los oídos que oyen. El encuentro entre ojos que miran y personas que muestran debe ser amoroso y generoso. Por ambas partes. Si intentas irte a la cama con alguien y vas pensando en lo bien o en lo mal que va a salir, ese polvo será como mucho gozoso, pero no será cósmico. Y si un polvo no es cósmico es una mierda.
"The show must go on" es, como cualquier hecho escénico, un acto de amor y como tal debe ser mirado. Con la mente abierta, con los ojos dispuestos a mirar y dejar ver, con los oídos abiertos para escuchar y dejarles oír y con las ganas vírgenes de dejarse jugar. 
El encuentro entre seres únicos, individuales, distintos entre sí y distintos a los demás, y los espectadores igualmente únicos, individuales y especiales debe partir del amor. Del amor de unos por otros. Sin prejuicios, sin frenos, sin remilgos y sin pudores. 
Arriba, cuerpos dejándose mover por las ondas de la música. Eso es energía pura. Es algo físico. Que ni está bien ni está mal. Es así porque así nace. Y nace de verdad. El ojo que mira debe hacerlo con amor y generosidad. No para perdonar nada, sino para dejarse tocar libremente, de forma líquida, de forma universal. 
Abajo no sirve con sentarse a mirar. En CUALQUIER espectáculo, el ojo que mira debe querer ver y debe saber y querer hacerlo. 
El camino es fácil. Tanto que parece que asusta. Empieza. "Tonight". Esta noche. "Let the sun shine in", deja que surja la luz. "Come together", vayamos juntos en esto. "Let´s dance", bailemos. Y sigue. 
Hasta que el espacio se abre, la luz inunda de amor el patio de butacas, la cuarta pared y la quinta y la sexta se derrumban y se funden en un plato de mermelada de fresa el escenario y el patio, el que hasta ahora miraba con el que era mirado. 
En ese momento puedes hacer dos cosas, puedes parar y decir que tú en una primera cita no follas, o puedes dejarte mecer y aceptar el reto de ser activo. Activo desde el placer y el goce. Y si quieres bailas y si quieres no bailas y si quieres lloras y si quieres no lloras y si quieres imaginas y si quieres escuchas el sonido del silencio. Polvazo cósmico.
O puedes acojonarte y querer sólo mirar sin ver. Dejarte querer y ya. Echar la cabeza hacia atrás, dejar que te la chupen y pirarte como has entrado. 
¿Que "The show must go on" está muy visto, está trasnochado o tiene muchos años? Sí, más tiene "La Traviata" y si te relajas y la escuchas con deseo seguro que te mola y te la lloras. Chimpún. Mientras funcione... 
El sentimiento de estafa mola. Bailarines que no son bailarines, otros bailarines que no bailan, unas canciones deconstruidas, en medio la puta Macarena, la danza muy poco bella, la estructura rota, el poder en manos del público. ESO ES ESTAFA PURA. Y esa estafa es sana, viva, energética. Para mí, ir a ver "Jacinto y Juanita, dramón en tres actos" o "Historia del suburbio" y encontrarme JUSTO lo que debo encontrarme me mata, me quita vida, me pudre entero. Si el arte no es estafa no es nada. Estafa de lo previsto, toma ya, por listo. Estafa de lo burgués, estafa de lo premeditado, estafa de lo cómodo, estafa de lo sano, estafa de lo que te deja a salvo, estafa de lo que te deja igual, estafa de lo que tú, marisabidillas previsto para ti y para los tuyos. El arte es estafa, señoras, es el choque que te remueve, te conmueve y te trastoca. Es la estafa de la vida, esa que te hace cambiar, ver, ver de otra forma y salir de ti. Lo otro es cine. Es ver un documental.   
Me permito ahora copiar unas palabras que escribió un amigo. Pero es que es de los mejores escritores, poetas y seres humanos del mundo y mejor que él nadie lo expresa.  Dice "Yo pasé del enfado ("dejad imaginar, coño! Apagad los putos móviles y dejad imaginar!") a caer rendido ante la evidencia de lo que estaba pasando. Esa otra cosa que siempre es lo que pasa. Lo que pasa es siempre esa otra cosa que nos excede. Y si la vemos, ilumina."

Termino con otra cita copiada. La compartió otro ser único e iluminado. Un ser que cuando le conocí por primera vez me hizo tener ganas de morir para nacer otra vez e intentar parecerme a él.

Gracias, Javi, por la cita.Te la pillo.

"La Naturaleza no es bella, bellos son los ojos que la miran. 2008, 2009, 2010... La noche cae sobre el mundo. ¿Qué hacer? ¿Callar? Siento un sincero respeto por todos aquellos artistas que dedican su vida a su arte: ése es su derecho o su condición. Pero prefiero a aquellos que dedican su arte a la vida. En defensa del arte y de la estética, en tiempos de crisis y de paz. El Arte no es adorno, la Palabra no es absoluta, el Sonido no es ruido, y las imágenes hablan."

 
 
Gracias, Monsieur Bel.

Anabel, Agnes, Mar, Sara, Jose Manuel, Jorge, Víctor, Emilio, Shani, Victor DJ, Inés, Charo, Daan, Ana, Óscar, Eduardo, Paola, Christian, Kike, Aida, Andrea, Dina, Henrique... OS AMO.