domingo, 15 de enero de 2017

Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión. Sala Margarita Xirgu.




Hace y tres años que me morí de gusto y de tristeza viendo "André y Dorine" de la compañía Kulunka, especialistas y virtuosos del teatro físico y de máscaras. Aquel trabajo ya fue una maravilla y pasará a los libros de historia del teatro. De hecho, siete años después de su estreno sigue girando por todas partes y la gente se mata por verlo. "Solitudes" confieso que no he tenido la suerte de poder verlo. Cuando vi anunciado "Edith Piaf. Taxidermia de un gorrión" creí morir de gusto. Puse alertas de todos los colores para que NO se me pasara. El día que salieron las entradas a la venta yo estaba con el dedo en el ratón esperando para hacer "click". ¡Toma ya! Fila 1, butacas 1 y 3. Y a esperar.
Ayer sábado era el día. Kulunka, Lola Casamayor y Fernando Soto al mando. Imposible fallar.   



Se apagan las luces, comienza el espectáculo. Digo la magia, digo... la vida.
Y mi corazón se estremece con la primera imagen, con el primer sonido, con la primera luz, con la primera nota. Y no deja de latir de forma posesiva hasta que intuyo el final de esta obra de arte. Cuando siento que el círculo se va a cerrar, las luces se van a apagar y Lola se va a levantar... en ese momento doy las gracias a la vida por haberme puesto al alcance uno hora y media como esta. 
Bueno, a ver si soy capaz de escribir algo sin que se me salga el alma en las palabras...

El texto de Ozkar Galán es una maravilla. No solo por cómo maneja los tiempos y dosifica la información, sino porque consigue que una biografía que creíamos conocer, se vuelva sorprendente, novedosa y nos tenga agarrados a la butaca en todo momento. El juego dramático de introducir los personajes ficticios es brillante y sirve para crear una densidad dramática sólida e irrespirable. 
Fernando Soto dirige de forma magistral. Ama a sus personajes, sabe qué quiere contarnos y desde dónde quiere hacerlo. Para Fernando la Piaf era y es una diosa. Una diosa humana, débil, cruel, enferma, enfermiza, sufridora, tirana y desolada. Un mito lejano. Un ave que no canta convertida en cantante legendaria por el amor de los desconocidos, no por el suyo. La figura de la diva está tratada con amor y con la suficiente distancia como para salvarla. La periodista experta en animales salvajes que la entrevista es el Mengele perfecto que diseccionará a la diosa siguiendo las ordenes del tirano: el mundo.
Pero no solo ama a la Piaf sino que ha logrado momentos de una magia escénica sobrecogedora. Con pocos elementos escenográficos (brillante trabajo de Ikerne Giménez), un vestuario acertadísimo y unas luces salidas del epicentro del drama (bravo, Javier Ruíz de Alegría) ha imaginado unas soluciones a transiciones, cambios de... todo tipo y un desarrollo dramático y escénico magistral. El momento "espejo" es pura magia. Bravísimo, Fernando Soto.



Alberto Huici tiene la parte más desagradecida. Es los hombres. Todos. Y está magistral. Todos y cada uno es distinto a los demás y único en sí mismo. Realmente genial. Se lleva la parte menos lucida del espectáculo pero lo vive de una forma apabullante. 



Intentar decir algo novedoso y justo sobre Lola Casamayor es inútil. Es como querer definir un atardecer o el fluir de un río. Lola es grandiosa, es natural, es sabia, habla con y por derecho y tiene un don especial para saber y transmitir dónde está en cada momento. Es foco y es secundaria, llega, brilla, se retira, regresa, manda, grita, susurra, se oculta, sufre, llora, goza y disfruta de cada emoción. Es obvio que es una de las mejores actrices de este país. Y cuando veas esta "Taxidermia.." verás de qué forma domina la emoción y espera agazapada a que llegue su momento. Y ves cómo se transforma y cómo vuela, y como renace y cómo cae. 



A Garbiñe Insausti la había visto en "André y Dorine". Estaba deliciosa y fascinante. Pero aquí además habla. Y canta. Y TODO lo hace de forma prodigiosa. Me acuso de conocer más a este prodigio de actriz. Quizá por ese pecado mortal mío me ha sorprendido tanto su trabajo. 
Canta que te caes de espaldas. Domina el espacio, la escena, el ritmo, la tensión, los saltos de registro, los vaivenes emocionales, se tira la vacío de la locura y sube al Olimpo de las divas como si fuera algo natural. Tener delante a Lola Casamayor y que no te tiemblen las canillas debe de ser jodido. Para Garbiñe eso es un aliciente. Y no es que no se arrugue, es que le sirve de aliciente. Bebe de Lola y despega. El reto es un impulso para demostrar lo que sabe y lo que vale. Y se vuelve diosa, se eleva y cae cómo y cuando quiere. Si merece la pena emplear tu tiempo y tu dinero en enriquecerte viendo este espectáculo, otra poderosa razón es gozarrrrr viendo el inmenso trabajo de las dos actrices y de su compañero. Uno de los platos más fuertes de la cartelera. 

Emoción, una grandísima puesta en escena llena de recursos inteligentes, un espacio, un vestuario, unas luces fascinantes y un trío actoral descomunal.
Y como remate; no creo que se pueda poner sobre un escenario de forma más impactante el Hymne à l'amour. Lo más de la cartelera ahora mismo.     

      

jueves, 5 de enero de 2017

Lo mejor y lo peor de 2016.

Como actor me gusta el teatro porque me permite vivir experiencias que no me suceden en mi vida cotidiana. Cuanto más extremas, mejor. Claro que yo de entrada soy un pelín bizarro con mis sueños. Pasé una adolescencia de esas cañeras, atormentado y sufriendo hasta el límite por todo y por todos. Más de una vez y más de dos me imaginé mi propia muerte. Me veía suicidándome y en un entierro rodeado de miles de personas que lloraban como locos y reconocían que se habían equivocado al no prestarme atención. Supongo que por eso me pone burro lo de vivir vidas extremas y sufrir o disfrutar de sensaciones, traumas y desgarros ajenos. 
Como espectador, el teatro alimenta mi parte salvajemente voyeur. Al ver los dramones o las tragedias en otros, espanto los míos y me doy el gusto de verlos desde el agujerito de mi butaca. Espío la vida desde el patio. 
El circo, la danza, la ópera o la música me inundan en un océano de sensaciones en el que nado y me deshago. Me dejo hacer, me dejo invadir y me dejo arrastrar a un universo de sensaciones puras y limpias. Inevitables e indispensables.




Lo mejor de 2016 ha sido comprobar que hay gente, mucha gente que sigue arriesgando. Gente, actores, bailarines, directores, compositores, productores, autores, iluminadores, músicos, escenógrafos, todos los que componen la larga e imprescindible cadena que termina en la puesta en escena. Arriesgan contando historias minoritarias, difíciles, desde sitios jodidos, dolorosos, escondidos, luminosos o atormentados. Y las cuentan de mil maneras distintas a las habituales, a las ortodoxas. Nos las ofrecen al resto de los humanos para que desde el calorcito de nuestras butacas nos removamos y queramos cambiar el mundo, unirnos en una revolución y crear un universo nuevo. Esa gente que arriesga es gente que VIVE para nosotros, público. Ensayan cientos y cientos de horas, imaginan, crean, sueñan, apuestan, arriesgan, piden prestado, camuflan y regalan vidas y razones para pensar. Nos cambian las vidas y nos mejoran. Nos tocan por dentro, nos mueven y nos conmueven. Algunos. Otros se dedican a poner sobre un escenario lo de siempre, de la misma forma que se ha hecho siempre y sin pretender nada.  
Ese TEATRO, esas puestas en escena (hablo siempre de cualquier manifestación escénica) distintas, experimentales, rarunas, únicas son las que me gustan. El resto es mero pasatiempo del que en cuanto pueda, me desengancharé porque para salir como he entrado, paso.

Ahora sí voy con lo peor y lo mejor del año. Empiezo con lo peor y así exorcizo mi cuore. 




Lo peor de lo peor ha sido ver a dos compañeros que se dedican a los títeres pasando no sé cuántas noches encerrados en un calabozo como si fueran unos delincuentes. Desde hace muchos años no se veía una falta de libertad tan asesina como esta que tenemos ahora. Este recuerdo me congela, aunque finalmente quedara en eso, en un recuerdo. Pero el horror que debieron de pasar esos pobres no se lo devuelve nadie. Ni siquiera nuestro olvido colectivo.
Lo peor ha sido ver cómo los políticos mezclan cultura con ideología en el peor sentido de la ecuación. Quizá sea inevitable buscar afinidades pero la difusión de la cultura debería estar por encima de ideologías. La ideología es intrínseca al arte, pero debería estar al margen de la gestión. Despidos absurdos, nombramientos tardíos, linchamientos flagrantes desde los medios (que deberían ser objetivos, ¿no?) y mucho doble rasero. 
Lo peor ha sido seguir viendo cómo se mezclan churras con merinas. Montar un pollo descomunal porque desde el Ayuntamiento se convoque a voluntarios me retuerce. 
A ver, es una convocatoria a la que se presenta quien quiere y si no te mola, no te presentes. Yo hice la prestación social sustitutoria a la mili y durante un año y pico hice "voluntariado", o sea, cubrí un puesto de trabajo gratis. El voluntariado es eso, voluntario y sirve para cubrir puestos de trabajo por tol morro. Se lleva haciendo muchos años y aunque evidentemente no mola que desde las instituciones promuevan el trabajar gratis, el voluntariado es un invento antiguo y nunca ha levantado ampollas. Y es más llamativo todavía cuando estamos todos los días llenando salas en las que el que corta las entradas no está dado de alta, ni contratado. Ni él ni los actores ni el director ni el técnico si lo hay; donde a veces ni se pagan autores (los grandes olvidados) y donde la entrada que te dan es una fotocopia con la que se supone que van a justificar un aforo y a pagar un IVA que sigue siendo una sangría. 




Lo peor ha sido que NINGÚN político hable nunca de cultura, ni vaya al teatro (estrenos aparte) y hayan vuelto a demostrar que por mucho que presuman, no les interesa la cultura ni un cagao. A ninguno. Por eso cierran salas como Biribó, Guindalera, Kubik... porque no hay un proyecto de fomento, ayuda y promoción de la cultura ni de los espacios culturales. Por eso no hay un sistema fiscal ni de seguridad social realmente específico y que sirva para que las salas que abren amantes del teatro, que se la juegan para regalarnos teatro a los demás no tengan que cerrar. Por eso, como no se puede sostener una legislación anticuada e irreal la gente tiene que pasarse los convenios por el fefo y currar por lo que toque, arriesgando su vida al currar sin estar dado de alta y repartiendo la gorra a pachas con la sala. Por eso la ilegalidad es la forma de vida inevitable. Eso provoca que al final se acaben mezclando trabajos buenos y malos, más profesionales y totalmente aficionados. Porque esto que debería ser un TRABAJO se ha quedado en una afición, en un hobby, que puede hacerlo cualquiera y de cualquier manera. Los políticos juegan con la necesidad de la gente de contar cosas y de mostrarlas. Entre todos les hacemos el caldo gordo, les sacamos las castañas de la necesidad cultural  del fuego y ellos en un alarde de benevolencia, miran para otro lado y nos dejan hacer. Eso es cuidar y fomentar la cultura por los cojones. 
Lo peor ha sido la programación de los teatros públicos. Así en general. Especialmente las salas grandes. En las salas pequeñas de los públicos ha habido grandes espectáculos, arriesgados y vivos. Pero en las salas grandes, la programación en general ha sido viejuna, apolillada y acomodaticia. Se han dedicado a tratar de satisfacer al público de tooooda la vida, al que tiene un oferta ingente en el teatro privado. Pero desde los públicos deberían arriesgar más, ofrecen lo que no se ve en ninguna parte, calmar la sed de las minorías. Olvidarse de tener que ser RENTABLE y ser sencillamente un servicio. La cultura, lo he dicho mil veces, no es un gasto a rentabilizar, sino una inversión. Una inversión en seres humanos, en seres pensantes, en seres sintientes, críticos, inteligentes y vivos. Algún ciclo suelto, alguna función así como de chiripa y algún que otro espectáculo que como ha dado pasta se ha promovido un poco. Islas en medio de una programación añeja y poco digna de teatros públicos, que se deben a la gente, a todos, mayorías y sobre todo minorías (aunque quizá no seamos tan minorías). 
Lo peor sigue siendo la poca visibilidad del trabajo, el esfuerzo y la capacidad creadora de las mujeres de la profesión. En todos los campos. Parece mentira que en pleno siglo XXI se siga pidiendo más a una mujer y se sigan poniendo trabas a la creatividad y a la capacidad artística de los seres humanos según su sexo. Cuando el género se vuelva invisible e imperceptible habremos ganado. Todos. 
Lo peor han sido los proyectos innecesarios y sin ninguna pretensión de cambiar nada. Espectáculos planos, sosos, gratuitos, sin ánimo de tocar a nadie ni de remover nada. Horrores que me han hecho sentir que perdía el tiempo. Es obligación del teatro, de la danza, de la música y del circo querer cambiarte y hacerte algo. Los montajes apolillados y vacíos me han dejado frío, me han hecho sentir que perdía el tiempo. Un maestro mío dice que en cualquier espectáculo, por malo que nos parezca ha habido alguien que en un determinado momento ha sentido que eso que hacía era NECESARIO. Puede que sí y que el que tenga prejuicios sea yo. Pero he visto muchas cosas a las que no he notado  esa "necesidad" por ningún lado. Es un agravio comparativo con la gente que se expone y busca.    





Lo mejor:

Lo mejor de este año ha sido comprobar cómo la gente que entrega su vida al teatro, a la danza, al circo, a la música siguen/seguimos en la lucha. Pase lo que pase,  a pesar de ese IVA destructivo que está intentando hundir estas profesiones, a pesar de que los primeros encargados de cuidar y mimar las artes escénicas passsen totalmente, estos amantes siguen ahí, siguen soñando y siguen pensando, imaginando, creando, escribiendo, iluminando, ensayando, decorando, vistiendo, dirigiendo, produciendo, interpretando y regalando sensaciones únicas e irrepetibles; momentos históricos que nos van a marcar y van a hacer de este mundo de mierda un sitio mejor. Lo mejor es la lucha y los luchadores, el riesgo y los arriesgados, el valor y los valientes.          

Lo mejor ha sido ver nacer un proyecto como el Pavón Teatro Kamikaze. Un puñado de creadores estratosféricos que han arriesgado su dinero y su ilusión para hacernos felices a los demás. Un TEATRO entero con todas sus letras que merece despegar hacia el cielo por honestidad, por amor y porque son cojonudos además.




Lo mejor han sido curiosamente casi los mismos que los últimos años. Hay nombres que se repiten y eso significa que lo que tienen es una forma de pensar y vivir especial, que no son fruto de una casualidad. Voy a dar un puñado de títulos porque a pesar de ser injusto el destacar a algunos, también sería injusto no destacarlos del resto. No tienen por qué ser los mejores (para mí lo son, claro) pero sí son los que han presentado propuestas más vivas, más especiales, que me han removido y conmovido más. Les nombro para darles las gracias por lo que me han hecho. "40 años de paz", "La distancia", "Mis cosas preferidas", "¡Cómo está Madriz!", "La voz humana", "Las princesas del Pacífico", "Todo el tiempo del mundo", "Som faves", "Incendios", "El pequeño poni", "No hay papel" , "Cine", "Moses und Aaron", "Ningún aire de ningún sitio", "Inflamation du verbe vivre"...




Lo mejor ha sido descubrir el genio de Gon Ramos y haber disfrutado/sufrido de esa obra de arte que fue, para mí, "Yogur/Piano". Una personalidad única, un genio desbordante y una sed por contar que nos va a acompañar muchas décadas. Si no, al tiempo. 




Lo mejor ha sido redescubrir el talento ya requetecontrastado de Javier Lara. "Scratch" fue sin duda y de lejos lo mejor de eso llamado Frinje. Una mente prodigiosa y varios pasos por delante del resto, una capacidad interpretativa sin límites ni pudor y un resultado apabullante. Carlos Aladro, Iñigo Rodríguez-Claro, la diosa Carlota Gaviño y Fernando Delgado (el actual/futuro superfenómeno de los escenarios) completaban este pasote. De lo mejorcito del año.  




Lo mejor ha sido ver bailar y sentir respirar a diez centímetros de tus morros a Aleix Mañé, Mar Aguiló, Antonio de Rosa, Mattia Ruso, Elisabet Biosca, Agnès López y ese ser alienigena que es Isac Montllor. Ver las manos de Mar rompiéndose y nadando bajo el velo de novia fue una experiencia sobrehumana. El dúo de Mattia y Antonio, la forma de deslizarse de Elisabet, la delicadeza de Agnès y el dolor interno de Isaac se me quedaron clavadas y la herida dura hasta hoy. "Home" o cómo demostrar (como ya hizo por ejemplo el grandioso Chevi) que la danza es en sí misma un idioma que cabe en cualquier sitio. Danzar es sentir y mover almas. A diez centímetros, estos genios te destrozan. José Carlos Martínez lo sabe y nos lo regala. Lo dije en su momento y lo repito: "el dúo entre Agnès e Isaac es en sí mismo una razón para vivir". Punto.




Lo mejor han sido dos fenómenos que no necesitan más comentario que su simple mención. Grumelot y María Morales.




Lo mejor ha sido la gestión del Teatro de la Zarzuela de Daniel Bianco y su equipo.

Siento una admiración desmedida por cualquiera que se sube a un escenario y se expone a las miradas de seres variados. Por cualquiera que dedica su tiempo, su esfuerzo, su salud, sus sueños y su amor en trabajar para transmitir vidas ajenas y soñadas. El riesgo de contar, de compartir y de cambiar es admirable. Espero que llegue  pronto el día en el que se valore el sacrificio de un músico, de un bailarín, de un acróbata, de un actor, de un escenógrafo, de un dramaturgo, de un compositor, de un iluminador, de un figurinista, de un director, de un productor, de un ayudante o de un cover. Cuando ves un trabajo bien hecho parece que no se nota el esfuerzo, pero se debería valorar muchísimo más el sacrificio que tienen que soportar estos genios para llegar a hacer que parezca fácil lo imposible. 

El teatro es inevitable. Como el circo, la música, el canto, la danza. Por eso durante 2017 nos seguiremos viendo en los teatros, estremeciéndonos de gusto con todos estos genios, cómodamente sentados y gozando desde el patio. 

      

martes, 20 de diciembre de 2016

La cocina. Valle Inclán.

Nada, chica, no voy a meterme en esos temas escabrosos de los que tanto se ha hablado: que si el espectáculo ha costado 400.000 euros y con ese dinero se podrían haber montado cuatro o cinco espectáculos, que si varios actores se han BAJADO el caché para cobrar todos los mismo, que si Peris-Mencheta ha dirigido el espectáculo por Whatssapp... Vamos, que ni entro ni salgo ni son cosas que diga yo, que la parecer se ha publicado en alguna entrevista. Pero yo a lo mío.





"La cocina" versión 2016 es un pedazo de espectáculo. Es descomunal, gigantesco, operístico y muy desbordante.
El texto es cierto que podría encajar perfectamente en el siglo XXI, en pleno 2016 o cerca. Grecia, Alemania, deuda, duda, crisis, hambre, necesidades, falta de confianza, sueños rotos, la búsqueda de un eje en el que anclar una vida son temas de hoy en día, o de plena crisis. En ese sentido es una buena elección. Aunque situarlo en su momento histórico es tan certero como tentador y en este caso sirve para que estética y éticamente veamos cómo estaban las cosas en esos años. Dejar la acción situada en su momento, n 1953 es una decisión acertadísima.
Eso sí, lo mismo te digo una cosa como te digo la otra, también creo que se podrían haber cepillado al 70 % de los personajes y lo que es la trama gorda, el meollo central seguiría siendo el mismo. Quiero decir, la mayoría de las camareras son personajes que no aportan nada, podrían desaparecer y la acción sería la misma. Igual que varios cocineros. Eso sí, aportan algo esencial; su presencia. Dentro del mogollón todos son necesarios para crear caos y estrés. También para demostrar que esa cocina es un microcosmos, un minimundo con distintas nacionalidades y personalidades (todos europeos y blancos, pero bueno) en el que todos son partes necesarias para que paradójicamente, el mundo gire, las comandas se sirvan y el restaurante/planeta funcione. En cualquier caso, como sucede siempre, es el director el que toma las decisiones y de las mil formas de afrontar un trabajo, escoge la que quiere. Sergio Peris-Mencheta ha elegido no podar esos personajes que aportan poco, aparte de su presencia. Y como es el que manda, hace lo que quiere. Y todos callados. Yo el primero, por mucho que me parezca que hay muchos personajes a los que no les pasa realmente nada.
Peris-Mencheta mueve divinamente a todo el mogollón de actores. Entran, salen, manipulan, corren, gritan, pelan, cortan y sirven como un mecanismo de relojería absolutamente apabullante. Todo funciona al milímetro. Todos han estados asesorados por lo mejor de lo mejor y encima han contado con la ayuda del grandioso Chevi Muraday para las cuestiones de movimiento escénico. La gran maquinaria funciona perfectamente. Hay un trabajo incluso con los acentos que en la mayoría de los casos es tremendo, buenísimo, y muy enriquecedor. En otros no y hay que descubrir la procedencia casi por el nombre. Pero bueno. A lo que voy, el trabajo de acentos en general es bueno. Sin embargo, la propia maquinaria complicada, la apisonadora escénica y los acentos son la principal trampa en la que cae el espectáculo. Me explico: tras un primer acto desbordante, milimétrico, frenético y preciso se pasa a un segundo acto en el que se desarrolla lo más interesante para mi gusto. El encuentro más íntimo y la confrontación de sueños. Ahí es donde surge la paradoja más interesante del espectáculo. Curiosamente el sueño del chipriota es modesto, quedarse con su pequeña parcela y no molestar, el italiano sueña con alguien parecido a él, con alguien cercano y personal, el alemán con dinero, el francés judío con encontrar un amigo del que fiarse... paradojas del destino. Sin embargo, esa escena, que debería ser la más potente del espectáculo se viene un poco abajo precisamente, creo yo, por el hecho de que hablen con un acento tan marcado. Hablan despacio, con muchas dudas y pronunciando las frases con una música distinta, la propia del juego de acentos. A ver, que los acentos están cojonudos, pero el monólogo que mejor funciona es el de Javivi, el único sin acento ( yo no le escuché acento por ningún lado, pese a ser francés). Es el que mejor funciona porque es el más fluido, el que habla más normal. Entiendo que podría ser un desatino NO poner acento a los personajes. Efectivamente esa cocina es la torre de Babel, es un mogollón de nacionalidades unidas por las circunstancias y sería raro de cojones que hablaran todos con acento de Valladolid. Pero en esa escena, la propia maquinaria sale ganado y el grandioso trabajo de acentos se come la escena y acaba resultando larga y sin ritmo. Hasta que regresa la apisonadora, el ritmo desbordante y frenético y todo vuelve a encajar y a fluir. Funciona mejor el mogollón que lo íntimo. 




Los actores (y hablo de los "actores") están estupendos. Aparte de demostrar un curro acojonante en la manipulación de objetos y en recrear cada uno su actividad particular, llevan al milímetro cada uno sus acciones para que el engranaje total funcione de maravilla. Un portento. Luego, claro, lo que es la construcción de personajes y el trabajo más en profundidad es dispar. Hay actores y actrices que como no tiene ni una escena medianamente "de peso" no se puede decir que hagan gran cosa a nivel interpretativo. Coreográficamente sí, geniales todos pero no se puede decir que muchas camareras y algún cocinero que únicamente tienen frases y momentos aislados, hagan un gran trabajo actoral. No digo que no lo hagan, sino que es difícil calibrarlo porque tienen pocas o ninguna arma para demostrarlo. De los que al menos yo puedo valorar tengo que destacar a Javivi, grande en su monólogo, a Mario Tardón, impecable tanto en su acento como en su forma de estar y de moverse. Victor Duplá está impecable y sólido en el griego que se dibuja con gran presencia y peso. Xabier Murúa es una mala bestia que se deja la piel y lo que haga falta. 




Y Paloma Porcel tiene un imán, aparte de un carisma extraordinario. Tus ojos se van a ella, a su bondad, a su genio, a su sabiduría, a eso forma de mirar a los demás y de seguir con las consecuencias de lo que sucede. Actrizón de gran estirpe y escuela a la que le deseo un futuro grandioso en el teatro, porque lo merece. Si no, os propongo un ejercicio: podéis preguntar a los amigos que hayan visto la función a ver de quién se acuerdan. Te aseguro que el 99% te van a decir que Bertha, la encargada de las verduras. ¿Que no? Prueba.






Resumiendo, espectáculo gigantesco, descomunal, con una maquinaria técnicamente perfecta, con un texto al que no le vendría mal una poda, con personajes apenas esbozados y con un puñado de actores geniales. Dirección ágil de toda la parafernalia aunque a veces la maquinaria ingente se coma un poco el resultado. Por cierto... lo de que se "huelan" los platos que cocinan... pensaba que era real, no una figura. Te juro por Simone Ortega que yo no olí nada. Y llevo tres años sin fumar y tengo un olfato de perro policía.               

sábado, 17 de diciembre de 2016

La voz humana. Pavón Teatro Kamikaze.

Si el límite máximo del voyerismo es entrar en el alma del espiado, lo que vas a vivir en el ambigú del Pavón es voyerismo extremo, es adentrarte en la sima emocional de una mujer maltratada, humillada, usada, abandonada y dolorida como un cachorro tirado en una cuneta. Es el acto de espionaje emocional más íntimo y profundo que puede alcanzar un ser humano. Y todo a media voz, sin levantar el tono. Al menos frente al otro, al menos junto al otro, al menos para el otro. 







El textazo de Jean Cocteau lo hemos visto cientos y cientos de veces. Se lo hemos visto a las mejores actrices, desde Anna Magnani a Amparo Rivelles. Incluso Poulenc compuso una ópera porque es tan demoledor el texto, tienen tantísimo peso las palabras que es imposible no caer en la tentación de ponerlas en pie. Hasta yo, en mis locuras particulares, tengo dos ideas fascinantes para llevar a escena esta "Voz humana". La versión de Israel Elejalde es brillante. Acerca al siglo XXI este drama. Lógico, quizá en estos tiempos de móviles y Black Mirror quede raro lo del teléfono. Elejalde corta, pega, mueve, se carga todo lo de la operadora y las interferencias y va al meollo del asunto. 
Pau Fullana ilumina de forma prodigiosa un espacio creado por Eduardo Moreno. Luces salidas del corazón de la mujer, ella, la sin nombre. Cada foco es un rincón de su corazón, de su tripa, de su abandono o de su coño. Eduardo Moreno cambia la consabida cama por una especia de tumba/escenario brillante y negra. Otro prodigio. Y para rematar Arnau Vilà ha compuesto una música tan terrorífica como los mazazos que suponen esas notas sencillas. Cada tecla del piano es un escalofrío directo a tus intestinos. Ana López viste a la Wagener de mujer acabada, cubierta con una gabardina ajena y tan desvalida como el gatito de "Desayuno con diamantes". 

Lo que vamos a ver es producto de la conjunción entre un director y una actriz. O entre un hombre y una mujer. Ella da la cara y pone sus tripas, pero él ha tenido la visión de cómo debía ser contada la historia de esta mujer, ella, la sin nombre. El mérito es de ambos aunque la que se juega el tipo y la estabilidad emocional sea ella, la Wagener, digo Dios. 




"¿Para qué sirve el amor?" Frase que aparece escrita en la ventana. De momento. 
Cocteau escribió esta pieza breve cuando le abandono un amante y se asomó al abismo del suicidio y la locura. Ahí está. Ella, la mujer, la sin nombre ha intentado suicidarse, no soporta el abandono de su amante infiel. Se despierta de pronto y recibe una llamada, una última llamada. Según acotaciones del propio autor: "el autor propone a la actriz que abandone la ironía, la amargura y la expresión directa del subtexto de mujer destrozada. La imagen que el autor desearía es la de un animal herido que se desangra y que realmente inunda al final de sangre verdadera todo el espacio escénico". Y eso es exactamente lo que vemos. A la Wagener abandonada, sin florituras, sin hablarle al teléfono sino a su amante, a su dueño, a su amor, a su amo. 
Carmen Maura hizo una mujer que navegaba por los estados de ánimo en medio de una alta comedia trufada de personajes; la amante, el perro convertido en conejitos que vivían en la terraza, incluso al ex-amante, un actor de doblaje, una voz, una "voz humana". Mientras ella, la sin nombre, estaba al borde de un ataque de nervios.  Almodóvar se llevó el texto de Cocteau a su terreno por segunda vez; ya lo había hecho antes en "La ley del deseo", donde la Maura, hacha el mano, esperaba la llamada de su hombre. 
Aquí no, aquí se siguen al pie de la letra las indicaciones del poeta Cocteau y se despoja todo de artificios y de símbolos. Sólo queda lo imprescindible; un teléfono, un camisón, un recuerdo, una mujer deshecha y entregada, una ventana y una tumba. 
La Wagener, digo Dios,  es exactamente eso, un animal herido, moribundo, derrotado, sin fuerzas ni para levantar la voz. Cojones, si la levanta igual él se enfada y cuelga. Mejor no gritar, mejor susurrar, mejor usar tu voz desgastada de mujer acabada para convencer a tu amo, a tu maltratador de que lo que te está haciendo te lo mereces, que es bueno y que es lo suyo. 
Porque él, el hombre, es un maltratador, un déspota que trata como basura a esta mujer, la humilla, la devasta, la asola, la vacía y la tira. Y ella asume que así es como tiene que ser. Algo que en algún momento de la vida todos hemos sentido. Que "eso" que nos hacen o que no nos hacen, no importa con tal de que el otro no se vaya, con tal de que no nos deje del todo. Mejor que se quede cerca, aunque sea haciéndome daño o hasta pegándome con tal de que no se vaya. Además todo es culpa mía, me lo merezco, lo hace por mi bien, es lógico que me deje, la culpa la he tenido yo, yo lo he hecho todo mal...
Ese vacío vital lo tiene la Wagener, digo Dios, desde que abre el ojo hasta ese final espeluznante. Su dureza corporal, el abandono de su espalda, el dolor más íntimo que hasta te seca las lágrimas, las confesiones humillantes... todo en la Wagener, digo Dios, es REAL. Coño, si yo me veo en esas y al otro lado del teléfono tengo a la Magnani gritando y sufriendo como ella hacía (divinamente, por cierto) yo cuelgo el teléfono al instante. Pero lo que hace la Wagener, digo Dios, es mantener el delicado equilibrio necesario para que yo, déspota maltratador no me vaya. Supervivencia pura. Al menos durante el tiempo que dure esa última llamada. La Wagener está en ese punto exacto en el que hasta el tono de voz es el de un animal moribundo, temeroso de que su amo se pire para siempre. Vivir su ausencia va a ser lo suficientemente imposible como para encima tener que vivir su abandono. Eso sería insuperable. 




Insuperable la humillación de una mujer maltratada, humillada, hundida, aniquilada, anulada y temerosa. Una mujer, ella, la sin nombre, incapaz de mirarse al espejo porque de pronto se ve vieja, acabada y vacía. Jamás el abandono y la muerte en vida se habían visto de forma tan viva en una actriz. Jamás. 

Bravo a todos los creadores que han participado en esta obra maestra, bravísimo a Israel Elejalde por ponerse en el sitio perfecto para contar esta historia y por hacerlo de esa manera y.. todos en pie para demostrar adoración eterna e infinita por la Wagener, por jugarse el tipo y la estabilidad al situarse emocionalmente en ese punto exacto. Para llegar hasta ahí hay que haber pasado por otros muchos estados de ánimo y de aceptación y negación. Este paso es el siguiente, al que uno llega cuando ya no hay más, cuando se agotan las salidas y la única forma de supervivencia que te queda es tratar de entregar lo poco que queda de ti con tal de que no se vaya, aunque ya no te ame, aunque ya no te desee ni te quiera, aunque ya sólo te humille y te mee encima, porque hasta ese meado te sabe tan rico como el primer beso que te dio. Lo que sea, con tal de que sea para ti. Aunque en esa humillación final te termines de vaciar, y tras purificarte en el agua de esa gotera espiritual que brota de pronto del abandono final, de ese hogar en ruinas que se hunde por completo; tras purificarte, digo, sólo quede un camino. 
Damas y caballeros, háganse un favor, déjense llevar por la puta realidad, por la puta vida y por la puta poesía de Cocteau, Elejalde, y vayan a gozar sufriendo con uno de los mejores y más sutiles trabajos que uno pueda ver en su vida; el trabajo de Ana Wagener. Porque insisto, la Wagener es Dios.  

Las impresionantes fotos son todas de Vanessa Rabade. Son impresionantes y no puedo resistirme a ponerlas, supongo que no habrá inconveniente. 




Postdata: me siento incapaz de releer y repasar lo que he escrito, si os encontráis alguna errata, os ruego que me perdonéis.            

domingo, 11 de diciembre de 2016

Navidad en casa de los Cupiello.

Antonio C. Guijosa, el director de "Mármol" fue ayudante de dirección de Ernesto Caballero, actual director del CDN. Aitana Galán también fue ayudante de dirección de Caballero y ahora dirige este Eduardo de Filippo en la pequeña del María Guerrero. 
Hasta la fecha no he visto ningún montaje de Aitana Galán que me haya convencido del todo. "Málaga" tenía el seguro de contar con Roberto Enríquez y con Ana Wagener y por eso alcanzaba grandes cotas artísticas. El poderío estaba en ellos dos, salvando la dirección un tanto impersonal de Aitana Galán. 



En esta ocasión, Aitana vuelve a colocarse en un sitio desconocido para contarnos este gran texto del maestro Eduardo. Un sitio desconocido desde donde simplemente nos muestra la anécdota. La primera parte es lenta, sin ritmo, con unos actores que se esperan los unos a los otros, donde lo artificial y lo recreado se apoderan al instante del escenario. Artificio falso, energía dislocada, punto de vista ausente y un ritmo cadencioso que preceden a un segunda parte enloquecida, desbocada, esperpéntica (en el mal sentido de la palabra) y embarullada. Afortunadamente aquí ya entra en juego Daniel Moreno y consigue elevar junto con Sansegundo, el resultado. 
Aitana Galán y Jesús Gómez Gutiérrez firman esta versión de la obra de Eduardo de Filippo y le añaden unos toquecillos actuales (desahucios, protestas callejeras, euros y... poco más) para acercar un texto que ya de por sí es lo bastante reconocible como para que no necesite de ningún ingrediente más. El texto de todas formas es brillante, divertido, ingenioso, ácido y Felliniano. Lástima como digo, que en la primera parte se vea tanto el artificio y en la segunda parte hayan optado por el barullo y el desmadre. Ni la escenografía ni las luces son nada del otro mundo, simplemente funcionales. 
Quiero destacar el gran trabajo de ese pedazo de actor que es Fernando Sansegundo, haciendo una creación italiana, española, racial, divertida, muy auténtica y plagada de matices y de sabiduría. Fabuloso. Como Daniel Moreno, uno de los personajes más pequeños pero más llenos de detalles de gran actor. Su forma de escuchar, sus reacciones, su presencia y su peso escénico son realmente admirables. Especialmente en medio de este batiburrillo en el que parece que cada uno se busca la vida como puede. El resto navega un poco entre la dicción espesa o demasiado castiza, la desgana y al ausencia de puntos en los que asentar un trabajo medianamente sólido. 
Una lástima que este texto hilarante y ácido del maestro Eduardo de Filippo se vea envuelto en un resultado enmarañado, poco certero y con el único aliciente de ver a un puñado de actores de distintas procedencias intentando que esa estampa le de al espectáculo el toque "pintoresco" suficiente como para obviar la maraña que nos presentan.        


jueves, 8 de diciembre de 2016

Violetta, Simone et moi – Variations sur le thème de Traviata. Teatro de la Abadía

Aída Gómez dirige esta edición del festival Madrid en Danza. Y ella o alguien de su confianza ha sido el responsable de traer a Madrid este espectáculo. 
Lleno hasta la bandera. 



Comienza el espectáculo con la proyección sobre un escenario lleno de humo, de imágenes de una peli del año 60, "La verdad" (La verité). En ellas se ve a unas monjas paseando por un convento y despertando a las chiquillas que hay en las celdas (curiosa palabra para definir un dormitorio). ¿Monjas y la Traviata? A ver si me he equivocado.
Más tarde ya veremos a Brigitte Bardot, la prota de la peli, en otras imágenes. La peli es de juicios. ¿Brigitte, juicios y la Traviata?
A ver si me he equivocado.
Hay una especie de sotana colgada. De dentro salen una mujer vestida de forma masculina y un hombre con una camisa blanca y un pantalón negro. Ella comienza a moverse por le escenario. Él también. Poca danza. Comienza a sonar la Traviata. Precisamente la versión histórica de Callas, Di Stefano, Bastianini y Carlo María Giulini. Ahí es nada. La mejor Traviata de la historia. Suena la obertura. Y empieza sonar la voz de Callas. Yo muero del gusto. Pero de pronto esa voz desaparece y continúa cantando  Thomas Lichtenecker, un contratenor. Pero no contentos con eso, se zampa los agudos. Supongo que el hombre no llega. Con lo cual ni canta Traviata ni na. Canta media Traviata. Por supuesto sin orquesta, no es ni un karaoke. Suena como un organillo de esos electrónicos mientras este hombre se zampa la mitad de las notas. 
A ver si me he equivocado.
La mujer,  Catherine Habasque sigue moviéndose por el escenario. Se siguen alternando imágenes de la peli de BB con textos de las cartas de amor que Simone de Beauvoir escribió a su amante estadounidense Nelson Algren. Quizá haya una conexión entre estas tres cosas. Yo la desconozco y no la descubro aquí tampoco. 
A ver si me he equivocado.
El hombre tira de camisa y resulta que es un camisón completo. ¿Será él Violeta? ¿Y ella será Alfredo y Germont y todos los hombres y por eso él canta partes de Violeta? A todo esto poquito baile. Y además hay tanto humo que no se leen los sobretítulos. 
Entre la musiquita infernal que alterna con la música sublime de Verdi, escuchar a Di Stefano alternándose con Lichtenecker cantando la mitad de las notas, los sobretítulos que no hay forma de descifrar y la imagen de BB guapísima subida a un estrado, tengo un lío que pa qué. Me desazono. Me pregunto a mí mismo pa mis adentros: ¿por qué?
Sigue le destrozo de la partitura de Verdi y a la voz de Callas. Habasque sigue dando vueltas por el escenario. Él se pone la sotana que había colgada y ella se disfraza de monaguillo. Ella se mete entre sus piernas y saca los brazos de cuando en cuando. La visión de esto al menos es bizarra que te cagas, una sensación novedosa en el rato que llevamos sentados. Ella finalmente digamos que... sale por la parte trasera de la sotana. Vale, ahora creo que lo he entendido. Era eso. Ya sólo nos queda que destrocen el "Addio del passato" y que él (en camisón) mate a la mujer (vestida de hombre) a sombrerazos en un juego de metáforas que no alcanzo a comprender. Fin. Plas plas.



Dice mi maestro con toda la razón del mundo que casi siempre, opinar de algo y decir que es malo es un acto de arrogancia y que seguramente en algún momento del proceso creativo, ese espectáculo que nos ha parecido horrible ha sido NECESARIO para alguien y por eso se ha hecho. Esa es una verdad total. En algún momento, alguien ha sentido que contar esto de esa forma era necesario y por eso se ha hecho. De ahí debería nacer nuestro reconocimiento. Así que intentando sinceramente hacer un ejercicio de humildad y tratando de apartar de mí cualquier tipo de soberbia, me quito el sombrero ante los responsables de este espectáculo. Cualquiera que se suba a un escenario merece respeto y admiración por exponerse y por compartir lo que ellos quieran con nosotros. 
También dice mi maestro que cuando algo no te gusta, lo mejor es buscar algo que sí te mole y mirar eso. Buscar con tu mirada la salvación. Porque seguramente el problema esté en tu mirada, no en lo que ves. 
Así que coñas aparte, admito y confieso que el fallo fue totalmente mío, ni supe escarbar para encontrar algo a lo que dirigir mi mirada, ni encontré de qué forma eso que estaba viendo habría podido ser "necesario" para alguien en algún momento. Simplemente me dejé llevar por varias cosas, aparte de por mi arrogancia de espectador "chulito" y poseedor de la verdad: me parecía un crimen lo que estaban haciendo con Verdi, con Callas, con DiStefano y con la música en general, no encontraba sentido a que esa mujer no bailara en un espectáculo de danza, no sabía por qué ella iba vestida de hombre y él de mujer, no entendí por qué él cantaba (a medias) partes femeninas, no entendía por qué veíamos imágenes de BB, no entendía por qué escuchábamos (y no podíamos leer) textos de Simone de Beauvoir ni entendía el significado de los objetos y los símbolos que veíamos, ni entendía por qué habían sustituido la música de Giulini por esa musiquita de tómbola. En definitiva no entendía el por qué. Obviamente y lo digo de corazón, la culpa fue mía por no dejar que el espectáculo hablara por sí sólo y por no dejarle ocupar su propio espacio. Directamente lo catapulté al rincón de espectáculos olvidables y me fui a cenar convencido de que acababa de ver un espanto. 
Un pena, porque en los aplausos (tibios), una chiquilla se puso en pie y aplaudió como con muchas ganas. Mira, yo seré muy listo, muy chulo, muy sabio y muy majo, pero esta chica desfrutó y yo salí podrido. ¿Quién salió ganando? ¿Quién aprovechó mejor la tarde? Pues toma, por listo.      

lunes, 5 de diciembre de 2016

Las princesas del Pacífico. Galileo.

Si una palabra sobrevuela por encima de este drama podía ser "DIGNIDAD". La dignidad de quien no puede huir de su propio destino cruel.



Hace tiempo se juntaron en una tarde gloriosa José Troncoso, Sara Romero y Alicia Rodríguez y crearon dos personajes: Lidia y Agustina. Bendita la hora, porque tanto la una como la otra merecen formar parte de la iconografía más bizarra de este país, a la altura de Tristana o de cualquier personaje de Buñuel. 
Agustina, viuda amargada, pueblerina de las cerradas y con tantos defectos y carencias como una española de esas que piensas que ya no existen. Perdió pronto a su marido y vive intentando defenderse de lo que no comprende y de lo que no alcanza a base de esconder la cabeza, poner a la niña de parapeto o directamente despreciar. En el fondo, ¿quien quiere ir a cenar con el capitán? la vida ha pasado por encima de ella y aunque sea de as vecinas esas que no paran de subirse la pechuga, armarse de valor para tirar palante y cavar una tumba propia llenita  de pena, de amargura, de pobreza de espíritu, de envidia de vecina chunga y de tía/madre pelícano. Tan temerosa del mundo que prefiere insultarlo a tratar de subirse a su carro. El de la vida, el normal. Pero no, las malas son "la calva y la enterá" . La culpa siempre es de las demás, si no no podría vivir. 
Lidia, niña nacida del amor entre un currito de un taller mecánico y una del pueblo, tras siete meses de casados y dos de noviazgo. Una niña fruto del amor más puro, con tantas carencias afectivas como su tita, que sueña con papá, un papá idealizado. La niña no puede luchar, ha aceptado porque así se lo han vendido un futuro casposo y está plenamente convencida de que ni puede aspirar a más ni lo merece. 



Lo peor no es que sean así, porque en definitiva cada uno se defiende de la vida con sus armas y como buenamente puede. Lo peor es que José Troncoso no deja lugar a la salvación. Las saca de su casa a punto del desahucio, las monta en un barco en el que no pintan nada, pero al que se permiten poner a parir, las suelta allí unos días para que a las primeras de cambio la niña caiga en el pozo negro que llevaba escrito en la frente. Porque en definitiva, si naciste desgraciao, sólo te lloverán desgracias. Pero seguramente la vida sea así y las Cenicientas existan sólo en los cuentos. Igual que los niños esos a los que llevan a la civilización durante diez días para luego devolverlos a su inframundo. Tita y sobrina volverán a su agujero apolillado bastante peor de como salieron.
La comedia que empieza siendo descacharrante con la pareja descojonándose del mal ajeno se volverá enseguida drama amargo y cruel. Y todo el esperpento de estos dos seres desvalidos se convertirá en el drama de dos pobres mujeres sobrepasada por sus vida e incapaces de salir de la desgracia en la que llevan macerando toda su triste vida. 
Troncoso nos la mete doblada. Nos hace revolcarnos de risa con lo que parece una visión deformada de una realidad pasada y superada y nos da un mazazo directo al corazón y al higadillo. 

Dirección brillante, divertida y con un sentido del espectáculo y de la dignidad bestiales. Magistral en su amor por estos dos seres, magistral que no caiga en la tentación de salvarlas y magistral en el uso de una puesta en escena humilde, con unos medios tan cutres como sus protagonistas pero tan dignos como ellas. Sencillamente magistral, Troncoso.

 




Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León son realmente dos princesas. Las persigue la mala suerte, el destino de los desgraciados y por mucho que intenten huir incluso de sí mismas, acaban más hundidas que antes en la desgracia de que nace para perder. Son un cúmulo de recursos, de risas, de estremecimientos, de escalofríos y de miradas rellenas de desgracia y de esa "superioridad" del miserable, del que cree que la culpa de su vida de trinchera la tienen los demás, el del gas, la calva, el capitán, la Juani o san dios. Cualquiera menos ellas.
Si el reconocimiento al trabajo exhaustivo y aplastante se mide en premios, las dos actrices deberían llevarse todos los premios del mundo. Si su éxito se mide por el calado en el corazón del público, con el mío tienen ganado el cielo, porque me dejaron totalmente desolado y pesimista. 
Si hay un espectáculo que merece vivir y vivir durante mucho tiempo es este. Porque viendo desde dónde nace y lo que consigue es milagroso. Debería vivir mucho para que lo vea todo el planeta, porque espectáculos así  de modestos en el planteamiento, sinceros en su filosofía y con un recorrido emocional tan bestial se ven mmmmmuy poquitos al año.
Mi admiración eterna.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Tartufo, el impostor. Sala Jardiel Poncela.

José Gómez-Friha tras los éxitos de "La hostería de la posta", "La isla de los esclavos", "El juego del amor y del azar" y "Los desvaríos del veraneo" vuelve a tomar un texto clásico para darle su peculiar toque y una vez más vuelve a acertar. 



Tartufo, un personaje de esos que todo el mundo conoce y que incluso se utiliza para definir parece poco dado a originalidades. Bueno, pues el equipo de Venezia Teatro, con Gómez-Friha a la cabeza lo consiguen. De momento y para empezar, cambiando la historia. Pedro Víllora se inventa otro final, totalmente coherente, esperado y bastante más consecuente con lo que estamos viendo. Lo de que el malo reciba su merecido no siempre mola, jeje, sobre todo cuando como en este caso, los pobres inocentes son bobos de baba y tan malintencionados, rencorosos y bajunos como el propio protagonista. La vida a veces es así. Te encuentras de pronto con alguien que te promete una vida mejor y más pura y sin embargo te la está metiendo doblada en forma de hipoteca, fondo buitre o incluso de vida eterna. Tartufo, el hongo que crece escondido debajo de la tierra. Nadie lo ve hasta que despliega todo su poderío.  
Debo confesar, eso sí, que tardé en entrar. Al principio me chirriaba la estridencia de la propuesta, pero poco a poco me fueron camelando y con la aparición de Rubén Ochandiano caí rendido.
Con esta adaptación de Víllora brillante y actualizada, Gómez-Friha plantea un espectáculo moderno, con referencias actuales que funcionan bien y hace lo mejor que uno puede hacer en estos casos; encomendarse a un buen puñado de actores. Muy buen texto, quizá con un par de toques que desconectan (las indicaciones a la técnica de sonido y luces) y dirección con buena mano, divirtiendo, haciendo brillar el texto, con un ritmo adecuado y un poso certero.
Sara Roma viste a los actores de forma preciosa y preciosista, tonos azules y verdes para quienes conocen la auténtica personalidad de Tartufo y rojos para los inocentes despistados. Precioso.   
Bien iluminado por Marta Cofrade y con una selección musical muy certera también. 
El elenco reconozco que me parece irregular. 
Esther Isla se merienda al público. Vale que tiene el papel más agradecido, peor eso a veces es un responsabilidad más que un regalo. En este caso, Esther se mete al público en el bolsillo casi desde la primera frase. Divina. Como divina está Marian Aguilera en su Elmira. Poderío, belleza, solidez y mucha profesión. Quizá esté un poco agresiva y gritona al principio, pero enseguida se templa y empasta con sus compañeros. Y Rubén Ochandiano está inconmensurable. Maduro, sabio, inteligente, sutil, delicado, sensual y muy maléfico. Bestial. Bestial en el cartel (a veces los carteles son auténticas obras maestras, como en este caso) y bestial en todo lo que hace y en cómo lo hace y dónde lo siente y lo busca. Y su orgasmo final... histórico. Grande. 



Si tenéis ocasión, id a ver este "Tartufo" divertido e inteligente. Y si no tenéis ocasión, buscadla porque merece la pena disfrutar del teatro fresco que hacen Venezia Teatro.  

sábado, 3 de diciembre de 2016

Mármol. Valle Inclán.

Antonio C. Guijosa, ayudante de dirección de Ernesto Caballero, dirige para el CDN en la pequeña del Valle Inclán un coproducción entre este teatro público, la productora de Guijosa; Serena Producciones, El Vodevil e Iria Producciones. Guijosa ya había dirigido anteriormente "Serena Apocalipsis" y uno de los fragmentos de "Trilogía de la ceguera" para el CDN. 



En esta ocasión ha escogido el texto de Marina Carr, escritora irlandesa y presentan en el Valle Inclán un trabajo interpretado por Pepe Viyuela, José Luis Alcobendas, Susana Hernández y Elena González.
Vaya por delante que el espectáculo no me gustó nada. Como siempre, esto no deja de ser mas que una opinión personal, particular, única e intransferible. Tan digna de respeto o de olvido como cualquier otra opinión. 
Ya desde que se apagan las luces empieza a sonar una musiquita como de vodevil de matrimonios y por un momento te trasladas al Maravillas o al Marquina (teatros ambos donde he visto espectáculos muy buenos, dicho sea de paso). Me refiero a que sospechas que vas a ver una comedia ligera de esas de conflictos matrimoniales en los que una anécdota boba de pronto provoca que se diga lo que nunca se ha dicho y que ocurra lo que inexplicablemente nunca había sucedido hasta ese momento. Un texto de esos en los que los personajes se explican continuamente, dicen en voz alta por qué hacen lo que hacen y por qué reaccionan como lo hacen. Por si acaso tú no lo descifras, ellos mismos te analizan sus reacciones, te dicen lo que nunca antes habían dicho ni siquiera a sus parejas y enlazan frases de libro de autoayuda o de carpetera como si tal cosa simplemente para justificar una crisis de pareja que no te explicas cómo no se había producido antes.
Escenografía nada destacable, luces normales, dirección escénica al uso y texto que arranca de esa forma, como un vodevil matrimonial blanco y de repente todo da un giro inexplicable para intentar convertirse en una especie de drama o de propuesta filosófica o vital o algo que particularmente no despierta mi interés ni formal, ni textual ni emocionalmente. 

Quiero dejar claro que admiro a cualquiera que saca adelante un proyecto en el que cree, al que ha dedicado esfuerzos, ensayos, noches en vela, dedicación, preocupaciones, mucho empeño y seguramente su dinero, sus sueños y su tiempo. Todo eso despierta mi admiración sincera y en ese sentido me quito el sombrero ante todos los implicados y responsables de "Mármol". Pero otra cosa es que el resultado te pille o no te pille y en este caso no me pilló en ningún momento.




Pepe Viyuela está muy bien, ha demostrado muchas veces que es muy bueno y aquí lo que hace está bien. Pero ni la historia, ni la dirección ni el texto dan para más. José Luis Alcobendas personalmente me suele gustar siempre. No en esta ocasión, en la que le veo afectado, sobreactuado y como si estuviera declamando verso todo el rato. Elena González está como con poca energía, como floja, sin tensión corporal ni peso escénico. Creo que el personaje no le va mucho o no ha sabido encontrar el punto que una sus energías. Además su personaje, para mi gusto, actúa de forma inexplicable y nada creíble. Aparte de tener un punto machista tremendo que a mí me despertó más rechazo que empatía. Susana Hernández está fabulosa. Sin duda lo mejor de la noche. Pisa con energía, tiene presencia y densidad escénicas. Camina, actúa, bebe y dice desde un buen sitio y consigue ser creíble en ese personaje repelente y poco "salvable". 
También me llamó la atención un detalle de dirección. Las mujeres se sientan como si fueran quinceañeras, con un pie sobre la silla, tumbadas, recostadas o en actitud dinámica y frívola. Ellos sin embargo, se sientan con las piernas abiertas. No sé a qué responde esta actitud, la verdad o si es simple casualidad, pero me llamó la atención. 

Reitero mi admiración y respeto por el trabajo de cualquiera que se sube a un escenario y dedica su vida a ello y simplemente lamento que su esfuerzo, en este caso, no conectara conmigo, dejándome frío y exactamente como había entrado. Por supuesto el problema es mío.    

domingo, 27 de noviembre de 2016

Todo el tiempo del mundo. Sala Max Aub.

Intentaré explicarme, pero cuando uno se enfrenta a un mago de la palabra, a un ser que busca, entiende, elige y acierta siempre en su uso de la palabra, la batalla está perdida de antemano. Tratar de buscar y de encontrar las palabras exactas que definan lo que uno siente cuando se encuentra ante algo como TETDM es prácticamente imposible. Es como querer definir unas notas de Mahler, un cuadro de Monet o el perfume del campo en primavera. 



Por lo general con el teatro de Pablo Messiez me pasa algo raro. Es casi un proceso químico. Me produce una reacción interna que me traspasa, me recorre, me muta y me electrifica. También y sobre todo me duele. Pero de doler, doler, del verbo doler. TETDM me ha llevado a un lugar escondido en mis recuerdos que podría contar aquí ahora mismo dado mi escaso sentido del pudor pero que obviamente no haré lo primero porque no quiero parecer el abuelo Cebolleta y principalmente porque  no pinta nada. Pero sí confieso que en cierto momento, mi menté viajó a un sitio muy oscuro, tremendamente triste y que escuece. Eso provoca en mí el teatro de Pablo. Bueno, qué coño, lo cuento porque si no no sería yo. Me hizo pensar en mi padre. Y me sentí Amelia, me sentí Flores, me sentí madre, hija, padre, abuelo y sobre todo huérfano. Sentirse huérfano es de los sentimientos que más frío interno provocan. 
TETDM es un repaso por la vida de Flores. Del abuelo de Pablo. No desvelaré nada de lo que ocurre en escena lo primero para no destripar nada y lo segundo, y a ver si consigo explicarme bien, porque da igual. Quiero decir que lo que ocurre en escena por supuesto que ES importante, pero aparte de los hechos que se cuentan, TETDM es un recorrido, son unos brochazos, es una amalgama de momentos, de dimensiones, de tiempos y de sentimientos. Es una suma. En ese aspecto el orden da igual. Es lo que tiene el tiempo y lo que tenemos los humanos, que somos suma y somos muchas capas mezcladas, superpuestas y arrebujadas.
 El tiempo es muchas dimensiones, el pasado no termina donde empieza le presente y el futuro no es la continuación del presente. Presente, pasado y futuro son potenciales, quizá no existan o puede que sí, y el pasado sucederá si el futuro se hace presente. No son paradojas ni trabalenguas, no, es que es así. El presente quizá no exista o puede que el presente sea eso mismo, un presente, un regalo. La vida o toda una vida es una suma de presentes, pasados, futuros ya vividos y pasados por vivir. Todos juntos, todos mezclados, todos apelotonados. Como el pensamiento, con un cerebro, como un deseo o como un sueño. Porque ¿quién ha dicho que el tiempo sea lineal, tal y como lo conocemos y suponemos?
Si ya lo dicen y lo repiten en la obra varias veces: ¿algo que no recuerdas ha existido realmente? ¿Las cosas existen al nombrarlas? Si ni mis primos ni yo recordamos jamás que el día de mi primera comunión nos fumamos un puro en la  azotea del restaurante de la celebración, ¿nos fumamos ese puro de verdad? Al recordar, creas. Creas un pasado en B (gracias de nuevo, Lara, grande) o un pasado en azul o un pasado con Mozart. Como el presente, que casi siempre es antes. Y el futuro ¿es lo que te imaginas o sólo podrá ser lo que te imagines? ¿Si no te lo imaginas no será? ¿Por qué no recuerdo a Nené? ¿Cuándo sucederá mi pasado?



Las visitas de Flores son su vida. Son su antes, su ahora y su seré. Y todas juntas son él. O lo que será él. O lo que será siendo.
Todo esto lo consigue Pablo Messiez porque Pablo Messiez es un cuentista. 
Es un cuentista de los que escriben cuentos. Como el de la Papelitos. O como el de Flores. 
Conseguir crear un cuento oscuro como este y que dentro, como un bombón preñado se esconda una VIDA entera me aterra y me estremece. Porque TETDM es la vida enterita de Flores. Desde antes y hasta mucho después. Casi nada. Un abismo, una sima emocional y vital. El por qué de todo y el para qué todo. No puedo imaginar un texto, un proceso, un monumento que plasme, resuma y exponga de forma más vital lo que es el tiempo. Sus capas, sus causas y sus consecuencias. Y sus efectos. Todo eso es lo que ha creado Pablo. Todo el tiempo del mundo. LA VIDA.
Me vais a perdonar la burrada, pero uno es que ha nacido hiperbólico: si "Ulyses" es un día en la vida de Leopold Bloom, "TETDM" es toda la vida de la familia de Flores en hora y media. Algo de ese discurso tan caótico como es el pensamiento humano está en esta obra. Si Joyce escribió como uno piensa; mezclando, cortando, empezando frases distintas a la vez, sin usar verbos a veces ni signos de puntuación otras veces, Pablo escribe desde el mismo sitio, desde el borbotón, desde el chorro incontrolable del recuerdo. Sé que no es lo mismo pero es igual. 
Todo eso es lo que Pablo escribe. Pero es que encima lo lleva a escena y lo dirige desde un sitio acogedor, calentito. Se coloca a medio metro de su propia experiencia y desde la distancia mínima de rescate nos regala un ejercicio escénico magistral. Ama lo que dicen sus personajes, ama lo que hacen sus personajes y ama cómo se mueven, entran, salen, gritan y lloran sus personajes. Porque la vida es melodrama, la puesta en escena de Pablo lo es también. 
Ha regalado a María Morales y a los componentes de Grumelot lo mejor de sí mismo, su historia. Desde ese sitio doloroso, impúdico y entregado nada puede salir mal. Sobre todo si a los mandos está un sabio de la escena que además cuenta la vida de su abuelo. Trabajo prodigioso tanto técnicamente en todos sus aspectos; ritmo, intensidad, implicación, foco, densidad, fin, como emocionalmente. Solo puede uno agradecer que nazcan seres así cada muchos años. Porque lo que nos regalan al resto de seres humanos es bello, es sano y es amoroso. Nos hace mejores.  

Paloma Parra pone luz y pone sobre todo sombras como si el escenario fuera casi una salita de casa, de esas recogidas, calentitas, con un brasero y una butaca mullida, son luces de hogar y de hábito. Su trabajo es sencillamente PERFECTO.

Elisa Sanz y Paula Castellano han creado un espacio onírico, que de entrada parece un espacio de Hopper , pero no. El navegar de las emociones y de la poética del milagro lo convierten  en un interior como sacado de un peli de Max Ophüls, de Fellini o incluso de Dreyer. Costumbrismo poético y recuerdos por vivir. Y fíjate que hay color, que el vestuario inunda de colores la escena y el brillo de los actores ilumina cada rincón, pero con todo y con eso, la imagen que se queda en la retina es en blanco y negro. O mejor dicho, en sepia. El color de los recuerdos. Porque todo en esta "experiencia vital" son recuerdos. Incluso los recuerdos futuros, los que vendrán. Ya lo dijo Federico, y si lo dice Federico es verdad: "hay que recordar antes, recordar hacia mañana". TETDM es la vida misma. La VIDA así, en grande, toda junta, pasado, presente, futuro, todo junto, todo uno, todo encima, dentro, sobre y con. Tiene un algo de "Scratch" y un mucho de vida. Es recuerdos, sueños, dolor, posibilidad y carencias. Texto "autovital" que mueve, remueve, reconcome y entresaca. 
Creo que solo falta hablar del reparto. Y aquí vuelvo a quedarme sin palabras. Voy de uno en uno y sin orden ni preferencia. Sobre todo porque es imposible. Es imposible poner blanco sobre negro las cualidades de un grupo de mediums que no es que den vida a sus personajes, es que sus personajes nacen en el escenario con ellos. 



Mikele Urroz es un gema. Una piedra preciosa que no sé si sabe el poder que tienen su presencia y su intensidad. Es asombrosa en su implicación y generosa porque todo ese poder se lo entrega a su compañero de escena. Ella lo hace todo, pero no en su propio beneficio sino regalándoselo al otro. Me explico fatal pero cualquiera que la haya visto sabe lo que digo. José Juan Rodriguez lidia con el papel más desagradecido de entrada, pero sin el cual nada sería creíble. Tiene una presencia avasalladora y una credibilidad única. Su monólogo repartiendo amor a Dorothy es de libro. Se le escurre el dolor entre las sílabas y contagia un amor más allá de la comprensión y la comunicación hablada. 



Rebeca Hernándo está prodigiosa creando una madre viva en su muerte. Una madre amante y ausente. Lo que debió haber sido y fue sin ser. La amas, la necesitas y quieras saltar al escenario para pedirle que te abrace y te acoja en su regazo de madre con hueco. Javier Lara es un monstruo. Hace directamente lo que le sale de los huevos. Quiero decir que haga lo que haga NO SE PUEDE HACER MEJOR. Le pidas lo que le pidas lo hace y lo hace perfecto. Desde un sitio inteligente, dejando que fluya la vida y llegando desde sitios delicados a otros más delicados aún. Es el matiz en un gesto mínimo. Fijáos en él. Cada movimiento es algo, es por algo y es para algo. Yo de joven quiero ser Javier Lara. Carlota Gaviño es lo que uno siempre querría haber sido. Se llena y te llena. Se encara con el texto más difícil, lo domina, lo maneja y lo amaestra para devolverlo masticado y vivido. Y cuando parece que ha vaciado su alma en el escenario, de pronto vacía su mirada y su cuerpo se transforma en un ser buscando un horizonte, buscando la referencia, el foco, con la mirada vacía de Rita Hayworth. Y tú, espectador mortal, mueres. 



Iñigo Rodriguez- Claro es de otra galaxia. Nace en escena, crece en escena, muta y casi renace. Descubre su vida y regala matices a cada palabra que sale por su boca. Su monólogo final es de escuela, de pasar a la historia de la interpretación. Sublime, plagado de dudas, de temor, de descubrimiento, de sufrir y de amar. 



Y María Morales es el milagro hecho actriz. No se me ocurre ninguna actriz en el mundo mundial capaz de hurgar en los sitios más dolorosos de sí misma y desde ahí devolver vida. Me pongo hasta nervioso escribiendo. María sale, tus ojos se van a ella. Y ves cómo viaja de un sitio a otro de su mente y de su corazón para que cada frase suya sea un acto imparable y necesario. Y pasa de la más alta comedia y de la naturalidad más impactante a quebrarte el corazón con una simple  frase: "váyase a casa, que le está esperando Nené". Y ahí el mundo deja de girar y las mareas se detienen porque ya no hay vida. El tiempo y el espacio se han parado para dejar paso a María Morales. Nené susurra "llamaré lluvia al llanto" y de pronto comprendes la crueldad de una enfermedad desoladora. Sonríe y se funden los polos por tannnnnto amor como desprende.       



Poco más me queda por decir, Sólo que si os queréis un poco, si queréis a alguien, id al teatro. A ese lugar oscuro, calentito, maternal, donde uno puede llorar sin que le vean, sentir sin que luego le duela y vivir sin dejarse la vida. Regaláos "Todo el tiempo del mundo".  


Si amar es detenerse; detenerse en alguien, Pablo, su equipo y Grumelot se detienen en mí y me detienen el alma. Les amo.