domingo, 19 de mayo de 2013

Kaïros, Sísifos y zombies. Teatro Pradillo.

Oscar Gómez Mata aparece en un vídeo. Empieza a contar cosas entre divertidas y angustiosas. Te ríes, disfrutas, te cae simpático. Quieres que siga. Se acaba el vídeo y sigue. Saca a una supuesta "madre" que acompañará la función bajo su pelucón, flipando con un robot y una pelotita flotante. Se queja de todo pero traga con todo (menos con la empanadilla). Oscar y su gente siguen. A ratos te ríes. A ratos piensas en tus cosas. A ratos bostezas. A ratos te vas y a ratos vuelves.
En esta sucesión de sketches, hay de todo. Hay situaciones divertidas, misteriosas, elocuentes, absurdas, hilarantes y cerradas. Unas funcionaron conmigo, otras no. Lo que no recibí claramente o no logré entender (quizá sea problema mío) es el hilo conductor entre ellas. Y aunque me leí el programa de mano varias veces como si fuera el prospecto de un medicamento buscando los efectos secundarios que la función debía provocar en mí, no los encontré.
Me gustó la escena del "inmigrante" y su desarrollo hasta llegar a mis impuestos (últimos causantes de una determinada explotación). Me gustó el intermedio en el que el público, en silencio, nos mirábamos unos a otros buscando el objeto de nuestro flipe y me gustó de ahí al final, pero no me hizo tampoco demasiada gracia el discurso antigobierno. A ver, estoy de acuerdo con todo lo que se decía, evidentemente, pero decir esas cosas así, a palo seco, como espectador no me mola. Prefiero que me ilustren dramáticamente lo que me quieren contar y ya sacaré yo las conclusiones. En ese sentido prefiero "Recortes" con la inconmensurable Nuria Gallardo o "Los iluminados". Igual que para hablar del amor prefiero "Return" o "Las plantas" con la actriz/medium Estefanía (de los dioses) y de los Santos. Claro que hablo de Pablo Messiez, el genio de la palabra y el sentimiento. Quiero decir, que yo, como espectador prefiero que me sugieran y yo sacar is conclusiones a que me lo den mascado. Y como soy humano y me contradigo, en cambio habría preferido tener un poco más mascado el meollo de lo que en realidad me querían contar con el conjunto de la función. Lo del poner un billete de 20 euros (la mierda de la actriz) y dejar que alguien lo coja sin más... no sé, aún no lo he descifrado.



Eso sí, los actores, impecables. Los dos chicos en bolas con los globos de helio fue descacharrante, y las actrices, efectivas y más que correctas. Aunque Oscar Gómez, no sé si a propósito o sin querer, tiene una cara de cachondo que convierte en cómico todo lo que dice, incluido ese final aplastante.   

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