lunes, 17 de junio de 2013

La douleur. Sala Tú.

Que haya salas nuevas está muy bien. Que cualquier sitio sirva para montar una sala, ya no. A ver, esta sala está bien, es mona, tiene su bar (en el que te soplan 2,50 por un minivino, pero bueno), luego dentro tiene unos sofás algo desvencijados pero monos... Claro que también se oye absolutamente todo lo que pasa por la calle y a la vecina de arriba corriendo la silla. En fin, que igual un poquito de insonorización no estaría de más. Pero vale, eso lo asumes porque el riesgo de montar una sala hoy en día es una heroicidad.



A lo que vamos. "La douleur" es un texto muy chulo pero para ser leído. Tirar con un monólogo de hora y media larga es tarea difícil. La historia en sí es dura, muy dura, pero si desde el comienzo no te atrapa, como fue mi caso, entonces se te queda en algo largo, tedioso y bastante menos duro de lo que debería haber sido. En este caso igual es problema mío. Yo tengo mis manías como actor y como espectador. Por ejemplo, las transiciones deben tener algo especial; un fundido a negro, a blanco como en "Muda", un cambio de actitud de la actriz al menos. Pues aquí estaba hablando y de repente se iba hacia un lado, se cambiaba de ropa y seguía. Y ya está. Yo como espectador concedo, pero no regalo. Y luego la actriz... Valery Tellechea. Mira, para mi gusto lo decía todo absolutamente igual. Con el mismo toniquete. Desde la primera a la última frase todo igual. Acentuando una de cada cuatro palabras. Menos si había un "no" o un "nadie" en la frase. Entonces acentuaba una de cada cuatro palabras y subía de tono y hacía una pausa en el "NO", como para remarcar la importancia de ese "no". Y siempre con un movimiento de cuello que más bien parece un tic que un recurso. Algo así como: "En aquélla cása NO.. conseguía sentírme a gústo y sólo quería escapárme". Eso una vez, vale, pero durante hora y media larga el mismo toniquete... Y luego lo más importante. Creo que detrás hay un trabajazo tremendo, de muchísimas horas, desgranando el texto ya buscando la importancia a cada frase. Pero todo ese trabajo actoral previo, no resultaba orgánico y cada gesto, cada frase, cada movimiento, cada fruncido de ceño, parecía automatizado y no resultaba nada orgánico. Eso sí, con una entrega ante la que hay que quitarse el sombrero, aunque después de soltar todo lo que suelta durante hora y media larga, tardar un segundo y medio en salir sonriente a recibir los aplausos, se me hace raro. Viniendo del método tanto la actriz como el grandísimo director, José Pedro Carrión, me resultó chocante.
Así que en definitiva, para mi gusto, el monólogo fue un tostón. Me aburrí y desconecté desde el minuto uno. Y lo digo de corazón, una pena, porque el texto es bueno y durísimo, el director, un prodigio y la actriz imagino que bastante mejor que lo que vimos el otro día.

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