lunes, 3 de junio de 2013

La función por hacer. La Abadía.

Según los preceptos de la Santa Madre Cultura confieso que he pecado. No había visto "La función por hacer" hasta el sábado. Y eso es pecado mortal.
Adaptación más que acertada de "Seis personajes en busca de autor". Corrijo, más que adaptación, basada en personajes de la obra de Pirandello. El resultado es un texto brillante, con personajes estremecedores, situaciones magistrales, risas, llanto, emociones de las de dentro, mucho sufrimiento y actores mayúsculos.
La dirección es brillante, con nervio, con un pulso genial para medir cada momento y darle el ritmo y tiempo justos, con una puesta en escena potente, una mano oculta que lleva todo por donde quiere y que consigue que TODOS los espectadores se queden pegados literalmente a la butaca. No puede funcionar mejor. Bravo, bravo y bravo para Miguel del Arco.



Y luego los actores. No sé, no tengo palabras. Miriam Montilla genial. Está atacada, pero lo dice todo de una forma tan natural que te crees que ella sea así. Sabe y se cree todo lo que dice. Hasta las chuflas de los "actores de método" saben a verdad. Y que conste que yo defiendo el método, pero también me río de lo que se ríen en la función. Soberbia. Cristóbal Suárez está también fabuloso. Natural, elegante, guapo, soplapollas cuando tiene que estarlo y con más razón que un santo cuando tiene que tenerla.  Teresa Hurtado de Ory maravillosa. Entregadisima, sufriente, hiriente, pura energía. Israel Elejalde es un maestro. Junto con la grandiosa Lola Casamayor eran lo mejor de "Doña Perfecta" y aquí vuelve a demostrar que el genio se asienta en unos cuantos elegidos y ahí se queda a vivir. No se puede estar mejor. Manuela Paso es un ser de otro planeta. Es la madre doliente, enferma, enfermiza, sufridora, la ves y se te llenan los ojos de angustia. Prodigiosa. El único "pero", para mi gusto es Raúl Prieto. Me explico, está muy bien, tiene una presencia que te caes de espaldas, hace cosas que están muy bien. Todo lo que hace está bien y es una bestia en el escenario. Pero su forma de hablar me recordaba demasiado a lo que hacía en "Naturaleza muerta en una cuneta". No digo que no me gustara, al contrario, me gustó mucho, pero quizá la forma de hablar me recordó demasiado a lo que hizo con Adolfo Fernández. Eso por poner algo no malo, sino regular. De todas formas, como dije en su momento, me caían unos lagrimones como mandarinas de la emoción que TODO el conjunto me transmitió. Encima me reencontré con Aitor y conocí a mi amiga Rosa, así que la noche fue perfecta.  

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