lunes, 10 de junio de 2013

Propeller. Canal.

Voy a juntar los comentarios de las dos obras que esta compañía ha representado en Teatros del Canal por razones obvias. Aparte de ser la misma compañía, y de tratarse de dos obras del mismo autor, el resultado es tan semejante que no creo que aporte nada el hecho de escribir por separado tanto de "Noche de reyes" como de "La fierecilla domada". Aunque está claro que existen diferencias entre las dos.
Es un gustazo que te cagas ver cómo miman, cómo entienden y cómo trabajan a sus clásicos. Da gusto oír esos acentos tan maravillosos, esa forma de declamar y lo bonito que suena el inglés en boca de quien sabe lo que dice, ama su idioma y lo respeta y valora. Ojalá comprendieramos aquí igual de bien a nuestros clásicos y fuéramos capaces de subir a un escenario sabiendo hablar, sabiendo pronunciar todas las letras, y dándole la importancia que tiene a la palabra. Da gusto oír a esta gente.
Y da gusto ver montajes como estos dos. Con una dirección vibrante, donde cada escena tiene el ritmo y el tempo necesarios, donde la escenografía ayuda, donde las luces no sobresalen sino que se vuelven invisibles, donde hay elementos que se pueden repetir en distintas funciones, y aún así parecen nuevos en cada una de ellas. Y donde te encuentras con unos actores que es que parece que han nacido encima de un escenario.
Vimos primero "La fierecilla". Ahí utilizaban las cancioncillas, los fragmentitos musicales para los cambios de escena, una escenografía basada en armarios o puertas por donde se entra o se sale de un mundo ficticio a otro. Todo eso se repite en "Noche de reyes" pero te sabe a nuevo.



Lo de que sólo sean actores, al más puro estilo shakespeariano, funciona desde el minuto uno. Magia pura. A veces provoca cierta risa ver la pinta de los chicos, pero ese efecto causaría en su momento también. Vamos, que lo asumes enseguida y es una gozada ver cómo funciona todo de maravilla.
"La fierecilla" es un texto jodido. Apología brutal del maltrato, de la violencia de género, una defensa de la sumisión de la mujer, e incluso de lo bueno y productivo que es que un macho le endiñe dos hostias bien dadas a su señora pa que aprenda a respetarle. Aunque conozcas el texto, estos señores actores lo hacen tan bien que te van metiendo en la historia de tal forma que te lo comes, te lo comes, hasta te sonríes a veces y de pronto te descubres viendo a un auténtico salvaje sin corazón como los de los telediarios, y a una pobre mujer apaleada, pero que en este caso hasta lo pide ella. Vejación absoluta, anulación de la voluntad y violencia de género en toda regla. Y en ese punto crítico, le dan un giro mínimo al tratamiento de la función y todo el patio de butacas relaja los esfínteres y suspira aliviado. Prodigioso.

 


"Noche de reyes" está aún mejor, si cabe. No tienes que sortear emocionalmente estos torbellinos, así que todo es más relajado. Está montada prácticamente igual pero funciona mejor.  No sé por qué. Lo que sí te digo es que en las dos obras me pasó lo mismo, y es que en la segunda parte como que se vuelve todo un poco más denso y cae un pelín. Y me pasó en las dos. Pero ese plantel de actores salvan eso y más. Prodigiosos. Cómo hablan, cantan, cómo se mueven, qué sentido del ritmo, del humor y de la seriedad. ¡Hay uno que hasta baila claqué, y ahí ya te quieres morir! Destacar a alguno sería injusto, pero también sería injusto no hacerlo. Vince Leigh es de otro planeta. Ben Allen es la mujer perfecta. Y Liam O'Brien no puede estar mejor.
Insisto, un gustazo. Divertidos, sabios, inmensos actores y unos montajes tan efectivos como apropiados para un Shakespeare en pleno siglo XXI. Esto se llama cultura, señores ministros, y si esto no se protege, se cuida y se fomenta, estamos muertos.

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