viernes, 12 de julio de 2013

Vamos a hacerte bailar: Persiguiendo a Patti Smith. Matadero. Fringe 13.

Ya desde que llegas lo que hay es lo que hay. Están las dos actrices/bailarinas como calentando y pidiendo a la gente un cigarrito o un mechero. Si alguien del público te pide un piti, no se lo das, pero si te lo pide una de las actrices, sí, pierdes el culo. Pues eso es lo que es. Los "artistas", por el hecho de serlo, tienen "beneficios" que el resto no tenemos. Y la Patti y su entorno pueden portarse como les salga de ahí mismo porque "como son artistas..."



Meritxell Barberá e Inma García cuentan, porque la cuentan, la historia de su odisea por conseguir que Patti Smith se involucre en un proyecto que tienen ellas y para el que cuentan con apoyo y subvención de mogollón de instituciones. Pero Patti pasa. Hasta les prohiben usar cualquiera de sus canciones. ¿Qué hacemos entonces? Pues como las dos tienen mucha ilusión en el proyecto, siguen adelante. Y si no pueden usar sus canciones, pues las cantan. Y si no, las cantamos los demás.
La verdad es que la historia es tronchante y durita, porque vamos con la Patti. "No os dejo usar las canciones NUNCA JAMÁS". Pero ambas artistas te lo cuentan de una forma, y lo escenifican tan bien, que sacan adelante un espectáculo fresco, divertido, delirante y sarcástico en medio de la adversidad. Y además actúan, bailan, hay unas proyecciones audiovisuales bellísimas y de auténtico video-arte. Escenografía chula, vestuario muy bien elegido (desde el vestido "Pina Bausch" al pelucón final), buenas luces, maravillosos vídeos.
Vamos, que te lo pasas pipa, piensas que la Patti es una pedorra aunque ellas en ningún momento dicen nada malo de ella, y disfrutas de un gran espectáculo de danza y teatro con un planteamiento original y un desarrollo fresco, divertido y muchísimo más profesional y exhaustivo de lo que puede parecer. Desde luego, una compañía para tener en cuenta. Bravísimo, chicas. Aunque... quizá le sobraban 10 minutitos. Y el "solo" largo, demasiado largo, tampoco era para tirar cohetes.
¡Coño, y se quedaron mi mechero!

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