lunes, 23 de septiembre de 2013

Tio Vania. La puerta estrecha.

Por una parte el problema fue nuestro. Por no pararnos a pensar. En ningún momento engañan ni dicen otra cosa. La sala tiene su propia compañía, y supongo que algunos de ellos serán alumnos de los cursos que dan allí. Insisto, problema nuestro por no haberlo pensado bien. Pero claro, si cobras 17 euros como 17 soles por ver un espectáculo, no puede ser una muestra del trabajo del curso. Y además, o eres un genio (y aún así) o todo el mundo necesita una mirada desde fuera para no caer en pozos viciados. Me da la sensación de que Rodolfo Cortizo está montando las cosas que le gustan (está en su derecho, para eso es su escuela, su sala y su compañía) sin tener en cuenta si tiene gente suficiente para montarlo.



A lo que vamos. Eramos seis personas. Una lástima, aunque si te cuesta 17 euros como 17 soles, normal que la gente se corte. La escenografía, como en el resto de cosas que hemos visto en esa sala, está bien. Elementos bien utilizados y acordes con el montaje. Luces más que correctas dado el nivel que suele haber tan normalito (como si las luces no fueran un elemento más en un espectáculo). El montaje en sí es bastante soporífero. Empieza de forma ampulosa y sigue por esos derroteros hasta el final. Todas las frases se dicen con demasiada solemnidad, como si fueran importantísimas. Frases como: "No tengo gota, tengo...¡reúma!" Como si el eje de la historia fuera el reúma. En fin, ritmo tedioso unido a esa pretendida grandilocuencia para intentar dar una profundidad que como en casi todo Chéjov, está más en el fondo que en la forma, más en lo que se siente (o se evita sentir) que en lo que ocurre. Le faltaba la chispa de ironía y de cotidianeidad que tiene la obra. Que los personajes estén aburridos, perdidos y sin alicientes no quiere decir que caminen lentamente y casi a cámara lenta. No tiene objetivos porque están desubicados y el tiempo ha pasado por encima de ellos. En fin, que cada uno monta como quiere, pero para mi gusto particular, se intentaba cargar de dramatismo algo que debe ser más ligero. Ese es el drama.
Y los actores... Rodolfo Cortizo evidentemente está por encima del resto. Es una gran actor lleno de recursos y sabe lo que hace. Victoria Peinado Vergara está correcta. Bien, sufridora, entregada a la función pero quizá un pelín afectada. Y desde luego, en su encuentro con el doctor después de saber definitivamente que él pasa de ella, debería al menos mirarle, o evitar su mirada. Algo. Se vuelven a encontrar como si nada. Nicolás Fryd también está correcto. Sin los recursos que tenía en "La danza de la muerte" se queda un poco flojo. Pero más que correcto. Es buen actor. Concha Roales Nieto bien. Actriz a la antigua usanza. Solvente y encantadora. Tucho y Patricia Domínguez del Pino... digamos que no están a la altura. Bueno, no, están flojísimos, están en otra historia. Supongo que son alumnos y que lo han montado con la gente que tenían. Están a años luz de sus compañeros. Ella solo parece que se va a animar cuando se sube a la mesa y empieza a desbarrar. Pero no, falsa alarma, se baja de la mesa y ahí acaba todo.

No puedo recomendar el espectáculo. Mi opinión desde luego es personal y no creo que influya a nadie para dejar de ir a ver este montaje. Pero sintiéndolo mucho tampoco puedo animar a nadie para que vaya y pague 17 euros como 17 soles.
Ah, y vale que te siente mal que solo haya seis personas, o que sientas que la función ha salido mal, pro no puedes salir a saludar con esa cara de cabreo, porque a lo mejor, la cara de cabreo la tengo que poner yo.    

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