viernes, 13 de diciembre de 2013

Confesiones a Alá. Teatro del Arte.

También es mala suerte ir justo el último día. Lo digo porque desgraciadamente no voy a poder animar a nadie a que vaya. Pero también te digo que si los responsables de los teatros nacionales tuvieran un poco de inteligencia, no dejarían escapar esta joya. 
Textazo de Saphia Azzeddine en el que la protagonista, Jbara va contando su vida o sus penares desde su poblado hasta que acaba siendo esposa de un imán. Simplemente de los 16 a los 24 años. Adapta y dirige Arturo Turón. El alma la pone María Hervás.
Jbara vive en un poblacho de Marruecos. Sobrevive más bien. Allí más o menos se la folla todo el que quiere. ¿Qué va puede hacer ella sino dejarse? Su mente sobrevive a eso. Hasta que un día... De esta función sí que no se puede contar nada. Todo es un cúmulo de situaciones cada vez más desgarradoras y sorprendentes. O no. 
El principal acierto y quizá el mayor inconveniente que tiene la función sea el propio texto. Quiero decir, el texto es brutal. Las situaciones que plantea son salvajes, y seguramente sean bastante cercanas a la realidad. Esas cosas pasan. Esas y peores. Y es un acierto total plantear todos los interrogantes que al menos a mí, se me pasan siempre por la cabeza con estos temas. Se plantean millones de preguntas desde todos los puntos de vista imaginables. Pecado, no pecado, libertad, mujer, hombre, posesión, obligación, rebeldía, culpa, sometimiento, velo, puta, inteligente... Es difícil hablar sin contar más de función. Aunque a estas alturas seguro que casi todos la habéis visto y sabéis de lo que hablo. Pero quizá por plantear tantísimas dudas y puntos de vista, se haga un poco largo. Quiero decir, todo de lo que se habla es espeluznante, necesario, brutal e ineludible. No sobra nada, todo debería ser materia obligatoria de estudio y debate. Pero dramáticamente, para el espectáculo, quizá provoque momentos, hacia el final, en el que el interés decaiga un poco, el ritmo y se haga pelín largo. Y no hablo del contenido, sino de la forma. Eso sí, yo lo que saco es que cada uno tiene lo que tiene. Luego, lo que tú hagas con eso que tienes es decisión tuya. En un último extremo tú eres el responsable de lo que hagas con tu vida.  



La dirección de Arturo Turón es muy solvente. Sencilla, no se mete en berenjenales ni en jardines de difícil solución. Todo es sencillo pero efectivo. Ni un "pero" se le puede poner a este trabajo impecable. El único "pero" es hacia la sala. Desde el primer espectáculo que vi allí siempre he notado unos problemas tremendos de acústica. Algo pasa que se oye fatal. Esta noche estábamos en fila 2, y cuando la pobre María Hervás se giraba y nos daba la espalda, había que ponerse como los murciélagos para cazar algo. No es posible que en la fila 2 no se entienda lo que dicen los actores. Y esto ha pasado SIEMPRE. Por favor, responsables de la sala, cuiden el trabajo de los artistas que trabajan allí y al público. Aparte del jari que se monta con lo de que no estén numeradas las entradas. No puede ser que haya que ir casi una hora antes para hacer cola y plantarte como en la cola del super, sacando codos pa que no se te cuele ningún listo. Vamos, me parece horrible lo de que no estén numeradas. 
Y luego está la artífice del milagro. María Hervás. Decir que su trabajo vocal es una pasada es hablar de lo evidente. Se ha currado un acento que flipas. Y la evolución del acento que va acompañando a la evolución del personaje. Y encima esta mujer compone un personaje plagado de matices, de cambios de registro, de humor, de código, con una simpatía arrolladora y un sufrimiento nada autocomplaciente. Sencillamente creo que este año se han visto muy poquitas interpretaciones femeninas de este nivel. Aguantar casi dos horazas yendo de burrada en burrada y de salvajada en salvajada y que la peña no se retuerza en los sofás esos blancos, tiene muchísimo mérito.
Ay, otra pega. Esto es cosa del adaptador, me temo. Arturo, si me permites, creo que hay veces en las que el lenguaje que emplea Jbara es un poco redicho. Quiero decir, que a veces usa verbos o sustantivos demasiado rebuscados. No parece una chica sencilla, sino una erudita. Pero vamos, eso por decir algo. Lo que sí está claro es que "Confesiones a Alá" debería ser de obligada asistencia pa to hijo de vecino. Estremecedor, esencial y ejemplar.        

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