martes, 3 de diciembre de 2013

MBIG. La pensión de las pulgas.

A estas alturas lo de La Bella Chelito, y lo del cuplé "La pulga" me lo salto, ¿no?
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?



Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.



Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas. 



Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente  todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!            




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