martes, 25 de marzo de 2014

Desnudas. La puerta de al lado.

Alberto Velasco para mí es un hombre renacentista. Un fenómeno de esos que se dan cada no sé cuántas generaciones. Y nosotros estamos teniendo la suerte inmensa de poder disfrutarle. Personalmente todo lo que he visto suyo o con él me ha parecido glorioso. "Desnudas" es otra muestra de lo que puede ofrecer un ser sobrehumano como es Alberto. No es ya la magia y la belleza dura de "Cenizas" (conjunción de varios genios; Aberto, Chevi, Pablo...), no es el ritual casi eucarístico de "Vaca", "Desnudas" es todo eso y más.
Fuimos a la matinal el domingo. Vamos que ya hay que echarle arte para que un espectáculo un domingo por la mañana te despierte el bicho. Pues a mí no sólo me lo despertó sino que salí realmente impactado.
Antes de nada, una mención a la sala. "La puerta de al lado" acaba de abrir hace nada y ya habla to dios de este sitio. Normal. El chico que nos recibió es un encanto y el local es precioso, cómodo y con un encanto y unas posibilidades infinitas. Va a ser un pelotazo de sitio, si no, al tiempo. Y espero que lo sea, porque me encantó. Superfan desde ya.





Pero al lío. "Desnudas" cuenta tres historias. Tres mujeres machacadas. Una literalmente, otra emocionalmente y la tercera automachacada. Las tres viven las consecuencias de querer más a los demás, lo externo que a ellas mismas. Rosalinda Galán "no sabía qué quería ser pero sabía qué quería no ser". Pues zás, en toda la boca, por hablar. Su historia es brutal, dura de cojones. Y encima ella va y te lo canta con esa voz prodigiosa que hace que desees volver a nacer para ver si de la siguiente, naces con esa voz. Begoña Mencía ha sufrido en sí misma el haber querido más al otro que a sí misma. Y Karmen Garay te cuenta cruelmente su autodestrucción hasta que decidió "perdonarse" por ser gorda.
Los textos son pura poesía. Cada palabra, cada metáfora, cada imagen que emplea Alberto son las justas para ponerte entre el corazón y el estómago un trozo de sufrimiento. Pero sin autocomplacencia, lo cual es más inteligente e infinitamente más cruel. Pero claro, cómo te vas a quejar, si tú eres sólo público. Las que deben quejarse son ellas tres, las pobres, apaleadas y enterradas en vida por malentender el amor. 
Las tres están brutales. Y si es jodido como espectador que te enganche un domingo por la mañana, imagínate para ellas. Meterse con esa intensidad en tres vidas tan jodidas tiene que dejarte el resto del día tocado. Sublimes, duras, intensas, hacen que te estremezcas con cada mirada cómplice y culpable. Te sonríen y tú te sientes todavía peor. 
Y la dirección de Alberto es el remate. Si el texto te embruja y las actrices te llevan al infierno entre sus sonrisas, la dirección de Alberto es un prodigio de inteligencia. Por ejemplo, todos los objetos están perfectamente escogidos y empleados. El momento batidora es de lo más brutal que he visto yo en muchos meses. Y cada momento, cada giro, cada transición, cada golpe, cada impacto, cada lágrima y cada autoflagelación están mostrados de la forma más precisa posible. En serio, hacía tiempo que no veía un espectáculo con una dirección tan clara, tan coherente, tan imaginativa y tan mágica. Y ese uso de las luces impecable, descriptivo y casi como si fuera un personaje más. Luces, sombras... buffff.
Realmente no sé cómo repartir mis alabanzas. Alberto... sobrehumano, Begoña, Rosalinda y Karmen... mágicas, estremecedoras y de una generosidad acojonante. Y Eduardo del Val al teclado... magia pura también. Cuánta belleza...
Pocas veces se me han llenado los ojos de lágrimas escribiendo. "Desnudas" lo ha conseguido. Gracias a los cinco.    

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