jueves, 5 de junio de 2014

Un trozo invisible de este mundo. Matadero.

Tenía muchísimas ganas de ver este espectáculo. No lo vi en su momento y ahora no había podido ir hasta ayer. Y vaya por delante que me gustó mucho. 
Es difícil hablar de un espectáculo que te ha gustado mucho pero al que le sacas cosas. Cosas importantes y que tienen que ver con esos temas con los que te la juegas y puedes acabar pareciendo un fachorro o al menos no lo suficientemente "guay". 
Por partes. Matadero sigue siendo un entorno mágico para según qué espectáculos, y desde luego para "Un trozo..." es fundamental. Eso unido a unos elementos escenográficos tan sencillos como efectivos (una cinta transportadora y un puñao de maletas) te sitúan ya en un nivel de espectación realmente bueno. Las luces son poderosas y mágicas también. Fabuloso trabajo de Valentín Álvarez. Y eso que ahora se llama "espacio sonoro" también muy acertado de Carlos Bonmati.



Juan Diego Botto está inmenso. Todos los personajes que interpreta tienen una vida y un nivel de verdad y de integración asombrosos. Está inconmensurable haciendo suyos unos sentimientos y unos discursos muy distintos entre sí, y contados desde puntos muy distantes. Aunque quizá se parezcan todos demasiado. Quiero decir que el trabajo emocional está claro, pero el físico queda un poco relegado. De todas formas funciona de maravilla, te estremece con cada palabra. Pero si intercambiaras los textos no distinguirías más que por el "mensaje" o por la "letra" de qué personaje se trata. En cualquier caso, aunque brille tantísimo el magistral trabajo actoral lo gordo de la función es el "recado" y pequeñas pegas como esta no deslucen lo que realmente quieren contar con esta obra. Astrid Jones se lleva de calle la parte más bella. También la más desbordada. Está maravillosa y bellísima y muy dulce. Pero quizá en ese intento de hacer de su figura un icono de las putadas y desgracias de un subsahariano en Europa se han pasado un poco. Y aquí ya me meto en jardines. Es evidente que la vida y los dramas por los que tienen que pasar los subsaharianos para y al llegar a España son así o peores. Seguramente muchísimo peores. No es eso. Digo que al convertirla en el rigor de las desdichas, se produce el efecto contrario, y es que empiece a flaquear la simpatía hacia el personaje. No cuestiono ni el mensaje ni la realidad que se cuenta (que insisto, creo que está incluso edulcorada) sino la medida de lo que se quiere contar y en mi caso, la desmesura hizo que mi corazón volara con ella, llorara con ella y me cagara en todo con ella. Hasta un momento en el que empezó a flaquear ese sentimiento. La mesura es tan importante como el mensaje.



Y ya metidos en jardines, voy a la selva. Total...
El primer personaje quizá sea un poco demasiado obvio. Se nota desde el principio que es un hijoputa. Y la forma en la que dice las cosas demuestra que lo es. Y se nota que a nadie del equipo le cae bien. A ver, es lógico (si te cayera bien un tipejo así no estarías haciendo esta función)  pero para no ser maniqueo hay que intentar justificar a cualquier personaje. Si uno es malo porque sí, no mola. Tiene que parecer normal, hablar normal pero ser malo en lo que dice no en cómo lo dice. Si le conviertes en payaso desde el principio estás ilustrando y ya se retrata él bastante con lo que dice. Quiero decir, que sería más efectivo que en el momento en el que te pregunta: "¿crees que eso es racismo?" no sepas muy bien qué contestar. 
No me creo a un argentino, precisamente a un argentino trabajando en el tajo, haciendo fila para ver si le pillan y currando sin papeles en una obra. De todo hay por todas partes, es evidente y claro que habrá argentinos en la obra. Pero precisamente los argentinos en España han sido siempre los mejor posicionados. Actores, directores, artistas en general, psicólogos, creativos publicitarios, médicos... Insisto, no es que no haya argentinos en el tajo, claro que hay, pero me da que hay más gente del este, por ejemplo. Y yo cuando he hecho obras en casa, la gerente de la empresa era argentina pero los curritos eran sudamericanos de otros sitios y rumanos, polacos, ucranianos... 



Y ya el jardín total: vamos a ver, yo tuve la sensación de que me hablaban desde un sitio moralmente mejor que el mío sólo porque yo no soy de un país en el que haya habido una dictadura tan cercana y sangrienta. Aquí tuvimos durante 40 años una dictadura que comenzó con una golpe de estado que provocó una guerra civil. Fue sangrienta y cruel como todas las dictaduras: la argentina, la corena, la china, la birmana, la nazi, la chilena, la cubana...  es lo que tienen las dictaduras, que son TODAS mu malas. No sé si hay unas peores que otras. Aquí hemos tenido la nuestra también. Pero sentí durante casi toda la función de que yo tenía la culpa de algo por vivir en una sociedad más o menos regulada (con sus desmanes, robos, recortes y de todo que manda cojones, pero ese es otro tema). Lo que se habla de España es para despreciar la transición. Tampoco me mola, pero me lo como. A lo que voy es que parece que si has vivido en tus carnes y has pasado por una dictadura hace poco puedes culpabilizar al resto por esos males. Yo sentí que me echaban la bronca o que me culpabilizaban por algo. Por defender al perro y no al vagabundo. El funcionamiento de Argentina como país o como gobierno ahora mismo no es muy distinto al de España gobierno. ¿O lo es? Insisto en que estoy de acuerdo con el mensaje, con lo que se quiere contar y transmitir, yo también soy guay y muy rojo, no es eso. El mensaje me mola todo y creo que por desgracia sigue siendo necesario recordarlo. Ese es un valor que no le cuestiono para nada a este espectáculo. Es un montaje tristemente necesario hoy en día más que nunca cuando quieren acabar con la memoria histórica y ya casi se han follado la justicia universal. Es todo tan dramático ahora mismo que espectáculos como este son necesarios y de obligada visión. Pero cuidadín con los mensajes. Hay que medir bien las culpabilizaciones, los sentimientos provocados y los escondidos. Quiero decir que dictaduras e hijoputas ha habido muchos en muchas partes, en muchos países. Cada uno elige contar lo que quiere. Ha habido y hay dictaduras de todos los colores. Se podía haber hablado de las otras, al menos un poco, o haberlas mencionado al menos. Se he escogido no hacerlo. Vale. Es una opción. Es un poco como el telediario de la Sexta. Yo es el que veo porque es con el que simpatizo. Me gusta lo que dicen y cómo lo dicen. Aunque a veces también pienso: "joder, tío, ahí os habéis pasao".

Corred a ver "Un trozo invisible de este mundo" porque lo merece. Debería ser de visión obligatoria para cualquiera. Así entenderíamos una parte de la historia que siempre es bueno. Aunque hay más. Y Juan Diego Botto está tannnnn bien...   

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