jueves, 23 de octubre de 2014

La calma mágica. Valle Inclán.

Yo es que soy muy raro, ya lo sabemos todos. "Aventura" no me gustó. Vamos, que sí, pero no. Que estuvo bien pero ya. Y así más o menos esta otra función.   
Comienza el espectáculo con una musiquita como de comedia para que sepas el tono en el que va a ir la cosa. Entonces, sobre un escenario frío frío y desangelado, una mujer rellena unas botellas de agua con un ritmo que nada tiene que ver con la música. Algo ya no me cuadra. Así, na más empezar. Y más o menos así va todo. 



La frialdad de la escenografía contrasta con la supuesta calidez de la función en muchos momentos, aunque la sensación general de toda la propuesta es de que las piezas no terminan de encajar. El texto va y viene, tiene momentos fabulosos y cuando te empiezas a descojonar, pierde fuelle y las siguientes bromas no cuajan, pero las siguientes otra vez sí, y las siguientes no y de nuevo sí, y de nuevo no. El mismo espacio escénico, hiperfrío, está bien utilizado, pero a la vez está llenos de trampas escénica y de marrones para los pobres actores, aunque están bien salvadas. Todo es un poco así, una alternancia de cosas buenas con cosas malas, de cosas que funcionan con cosas que no funcionan, de momentos brillantes con momentos chuscos, de actores convincentes con actores fríos y muy poco...digamos... implicados. 
Esta comedia va y viene de unos terrenos a otros sin terminar de cuajar, al menos en mí. De la comedia al surrealismo pero sin terminar de adentrarse. Cuando aparece "Oscar" crees rozar un giro surrealista apetecible. Pero no. Resulta que Oscar es real. Vaya, qué pena. 
En cuanto a la puesta en escena, para mi gusto, peca de la misma frialdad que otros trabajos de la misma productora. Coño, ya sé que no es cosa de la productora, pero es que es así. Hay una frialdad y una especie de distancia y no demasiada pasión que a mí me deja más frío que un Calipo.



Debo destacar a Iñaki Rekarte porque es de justicia. Hace mogollón de cosas distintas y todas siempre bien. Muy, muy, muy bueno y convincente. Me encantó. Pero sobre todo el gran Aitor Mazo que está soberbio. Da una lección magistral de todo, de control del escenario, del ritmo, de los cambios, de la sutileza, de cómo componer un personaje a la primera, de estar, de escuchar, de recibir y de reaccionar. Magistral, brutal, sensacional.    
Ah, y la confesión final... no sé. Quizá ahí radique el quid del asunto, no lo sé. Pero más que cerrar, me desorienta más y no sé si esa es la pretensión. Aunque... particularmente... que alguien hable de su padre ausente a mí me gana. En ese momento la frialdad se evapora y yo quiero acercarme al señor Sanzol y darle un abrazo cálido, pero no lo hago porque no es plan. 

lunes, 20 de octubre de 2014

Gala 35 aniversario. Compañía Nacional de danza. Canal.

Cualquiera que me lea sabe que lo mío con la CND es devoción. Me corro vivo cada vez que veo a estos pedazo de artistas de es disciplina, que también he repetido mil veces, me parece de las más o la más sacrificada. Una carrera que exige una preparación continuada y límite para desarrollar una carrera corta, llena de lesiones y con muy poca ayuda. Para mí, la gente de la danza son los héroes más héroes de las artes escénicas. Así que sí, yo voy con la sonrisa por delante y mi body y mi soul entregados ya al placer antes casi de entrar. Yo soy así. 
Cuatro horas que si llegan a ser ocho habría gozado el doble. Un recorrido por los 35 años de vida de esta compañía (con las ausencias sabidas por todos, lógico) intercalando vídeos ilustrativos de distintos directores, creadores, creaciones y momentos históricos. La emoción desbordada de ver caras, coreos y sensaciones que forman parte de la historia cultural y por tanto vital de un país. Especialmente emotivo el vídeo dedicado al genial Tony Fabre, claro.
Claro que como en todos los menús diseñados para contentar a gentes variopintas o sencillamente al hacer un repaso de tantos nombres y filosofías distintas, el resultado es también variado. Así que me voy a centrar en lo que más me gustó.



     
El paso a dos de "El Corsario" fue una maravilla. Yae Gee Park tuvo algún momento de duda pero Alessandro Riga estuvo brillante y fantástico, aunque debería sonreír más, porque tiene un gesto demasiado duro y le vendría bien suavizarlo un poco. Pero tiene unas piernas portentosas, unos giros perfectos y unas zancadas amplias y bellas. Y es guapo paburrir. 




"El cisne" de Esteban Berlanga me enloqueció. Yo es que ya esa música la tengo entre mis favoritas y siempre que veo coreos distintas de esta pieza, me vuelvo loco, pero la elegancia, la precisión, la tensión corporal, la expresividad y la enorrrrrme sensibilidad para con la música y el gesto de Esteban Berlanga... me envolvieron y me trasladaron a ese lugar en el que uno es feliz.




El "Violon d'Ingres" de Fabre es una maravilla total y completa y ahí los chicos y chicas de la CND soltaron todas sus mejores armas. Es el terreno en el que mejor se desenvuelven y estuvieron maravillosos. Destaco, como siempre, pero por propio amor (no por amor propio) a Jessica Lyall, pero es que su sonrisa de muñeca me trastoca. Maravilloso homenaje a Tony Fabre donde vimos de lo mejorcito de la noche.   




Del "Minus 16" ya hablé en su momento y reitero cada palabra. El momentazo de la noche. 




Pero "Aimless" de y con Dimo Kirilov Milev y la novena maravilla del universo que es Tamako Akiyama fue lo más brutal y sobrenatural que he visto en mucho tiempo. Incluso había momentos en los que parecía que Tamako volaba. Y no es una figura, es totalmente literal. No he visto nada tan bello y tan cercano a mí en mucho tiempo. Y ellos dos, ambos son dos fenómenos de la naturaleza, aunque Tamako es lo más espectacular y perfecto que te puedas echar a la cara.
En definitiva, un gran espectáculo que contentó a todo el público, levantó pasiones abrumadoras y gritos desaforados de emoción y que nos llevó a todos durante cuatro horas al mundo ideal en el que reina la belleza y todos somos felices.  

domingo, 19 de octubre de 2014

Ilíada. Valle Inclán.

Yo creo que más o menos todos nos hemos leído "La Ilíada". Yo confieso que a pesar de ser una de las principales obras de la literatura universal, me armo un taco que te cagas con tantos nombres y tantos personajes. Hombre, la historia principal con Aquiles, Patroclo, Héctor, Príamo... esa la recuerdo, pero los otros cien mil personajes que aparecen, luchan y mueren... como que me lío y no consigo recordarlos en condiciones.
Tres horas y cuarenta minutos en griego con ese jari que es la Ilíada es como para aterrorizar a cualquiera. Ya venía precedida de grandes críticas tras su paso por Mérida, así que... al menos ya intuyes o casi puedes imaginar que puede ser un gran montaje, aunque el pánico sobrevuele tu mente cuando piensas en la que se te puede venir encima.  




Pero comienza la acción. Y es un torbellino imparable de imágenes, acciones, carreras, cambios, imaginación, desorden, brutalidad, simplicidad, clasicismo, pasión y coherencia. Y flipas, vaya si flipas. Cuando llega el descanso, realmente no lo necesitas, quieres más. Y el comentario es generalizado. ¡¡¡Qué ingenio y sabiduría dramática hay que tener para hacer tan divertido y entretenido un follón semejante!!! A todo esto tienes la grandiosa traducción del griego clásico al moderno y del moderno al español el gran Alberto Conejero que consigue hacer cercano y asequible ese grandioso poema épico.  A ver, yo también me dedico a eso, y sé lo jodido que es lo de los subtítulos, reducir tres frases a una y que conserve el respeto por el texto original y la grandeza de un clásico como este. Un trabajo de quitarse el sombrero. Reconozco que me perdí en muchos momentos. Quiero decir que de pronto no sabía de quién hablaban, o no ubicaba a un personaje nuevo que aparecía, luchaba y moría. Hay un problema insalvable, los micros. Si estás pendiente de los sobretítulos (normal, no entiendo ni papa de griego) las voces cuesta distinguirlas. A ver, yo me dedico a la voz desde hace 25 años. En un espectáculo con sobretítulos, cuando no hay micros, el sonido te hace situar en el espacio al actor que está hablando, pero si hay micros, las voces suenan por los altavoces, y si los actores tiene voces parecidas y no entiendes lo que dicen, yo confieso que a veces me perdía y no sabía quién hablaba. Pero bueno, a pesar de eso que además lo comento como para sacar una falta, el espectáculo es una auténtica gozada. Livanthinos dirige esta amalgama con una mano sabia, inteligente, comprendiendo el texto en toda su magnitud y profundidad y ofreciendo un recital de creación y utilización de elementos escénicos tan sencillos como efectivos. Demostración de que cuando algo es coherente y decidido no tiene por qué ser complicado. Algo como poner una escalera en la espalda de Aquiles para saber y aceptar que ese es el Aquiles guerrero o mover todos los brazos para saber que están corriendo. Todo esto en un espacio escénico con los elementos justos y necesarios, pero de una inventiva y una utilización magistrales. La música y "banda sonora" en directo, prodigiosa, los actores, del primero al último soberbios. Los personajes definidos con las pinceladas justas. Zeus y su familia de dioses están dibujados con los trazos justos y precisos y los guerreros de ambos bandos exactamente igual. Precisión, concreción y definición. Todos estos elementos para construir un entramado complicadísimo de seguir, pero curiosamente ameno, divertidísmo, entretenidísimo, liviano (dentro de la grandiosidad del texto y de la magnitud del montaje) y que sinceramente, pasa volando, porque cuando las cosas están hechas desde la sabiduría y el trabajo titánico de todo el equipo la calidez y calidad de un espectáculo traspasa el escenario e invade al espectador de TEATRO con mayúsculas. Ah, otra prueba más de que el ciclo "Una mirada al mundo" es casi tan interesante como el "Festival de otoño a primavera". Una excusa perfecta para traer el mejor teatro que se hace fuera de España.  


Lluvia constante. Canal.



Llenazo en Canal para ver a estos dos actorazos descomunales. Te hueles que va a ser un bombazo de esos de todo el mundo de pié, aplaudiendo y gritando "bravo" como descosidos. La verdad es que tiene todos los ingredientes para que sea así; un texto que viene avalado por mogollón de críticas fantásticas en USA, un director con un cierto nombre sobre todo en cine, la escenografía de Elisa Sanz (con 5 MAX a sus espaldas), la luz de Juan Gómez Cornejo (premios nacional de teatro, y Max encima) y dos actores de esos brutales, que se dejan la piel y la carne en el escenario. Bueno pues empieza y te rompen la cuarta pared cuando los actores se acercan a ti y usando un lenguaje totalmente natural y cercano te dicen que te van a contar una historia. Un historia dura, sórdida y salvaje. Te agarras a la butaca por lo que se te viene encima.
Y entonces empiezas a ver en medio de una escenografía realmente fabulosa, de una luces fantásticas y de una ambientación sonora bestial un capítulo de "Canción triste de Hill Street". Y relajas las manos y te sueltas de la butaca porque no es para tanto. Y vas circulando por paisajes conocidos, anticuados, muy, muy, muy comunes y la supuesta brutalidad de todo se reduce muuuucho muuuucho y se queda prácticamente en el trabajazo brutal y entregadísimo de las dos bestias pardas que hay en el escenario. Todo suena a ya visto y oído, los dramas y las situaciones salvajes no lo son por conocidas, típicas y tópicas. Todo lo que pasa lo has visto mil vece en series, pelis y telefilmes. Pero hace muchos años además. Cuando se presenta a los personajes que van apareciendo, sabes desde el principio qué les va a pasar. Y les pasa. Y va llegando el final de la función y cuando termina, los aplausos son sólidos pero sin pasión. No hay "bravos" ni está todo el mundo de pie. Realmente no hay nadie de pie. Un par de tandas de aplausos para reconocer el inmenso trabajo de todos los implicados y pa la calle. Y según sales, oyes que varios grupos de espectadores van diciendo lo mismo: "pues mucho drama, mucho drama, pero me ha dejado frío". Y eso me pasó a mí. La historia ya me la sé y con eso de acercarse a ti para mezclar en algunos momentos narración y acción, lo que consiguen precisamente es que me quede frío, que me aleje de la acción por insistir tanto en que todo es una historia que pasó. No digo que el fallo sea por el planteamiento del director, seguramente sea más por el texto y porque así estará escrito, pero esa mezcla de narración y acción a mí me desarmó. Eso sí, descomunales los dos actores, Roberto Álamo y Sergio Peris-Mencheta, con un trabajo de altura e intensidad brutales.



En resumen, gran trabajo de todos, iluminador, escenógrafa, actores descomunales, pero... yo salí totalmente frío. Y entiendo que tenga nominaciones a muchos premios este año. Es más, me parecería justo porque hay mucho trabajo y muy bueno. Pero... al menos conmigo no se produjo la magia del teatro.      

miércoles, 8 de octubre de 2014

39 Defaults. Guindalera.

El texto originariamente escrito en inglés de de Mar Gómez Glez se estrenó en Nueva York en 2011. Desde entonces ha recorrido varios locales emblemáticos de Washington y Nueva York y ahora recala en Gindalera, de la mano de 39 productions como compañía invitada. Dirige Laura Madera. Olivier Pontini ha creado la música y Ana Adams y Juan Caballero dan vida a Ricard y a Liz, un activista y una... bueno, mejor me callo. 
Es jodido hablar de esta función sin contar de qué va, y si uno cuenta de qué va, se la carga, así que... a ver qué me sale.
Es texto parece que viene precedido de una buena acogida y de cierta "fama", según cuentan es casi un texto "de culto". Y para mi gusto, está bien, es muy interesante, tiene un tono fresquito muy cercano y te acerca sin querer a lo que te está contando sin falsas poses ni trucos más o menos encubiertos. Es lo que es. Dos jóvenes suben al apartamento de la chica. Ella parece empeñada en emborracharle. Él pasa de beber, sabe que le sienta mal. El presume y de hecho por eso está en NY, de ser un activista que ha estafado a varios bancos para demostrar que el sistema no funciona. En su delito está a justificación. No lo ha hecho para robar la pasta, no, lo ha hecho para demostrar que los bancos mienten y roban y que robar a un ladrón puede ser bueno. Ella sin embargo... recibe llamadas misteriosas y sabemos poca de ella. Poco a poco, la confianza y el buen rollo del comienzo se van convirtiendo en desconfianza, mal rollo, persecución y miradas de soslayo. ¿El delito que él comete se puede llegar a justificar? ¿Y otras cosas se justificarían igual? ¿Un delito deja de serlo si su intención en buena? ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuánto? ¿Cuánto hay que estafar para que lo que era bueno empiece a ser malo? Todas estas diatribas se llevan adelante con un texto como digo fresquito, natural pero de verdad y sin ninguna estridencia. Así poco a poco va calando en el espectador y al final de la representación, el debate está abierto. Es un texto que plantea. Platea muchas movidas, muchas dudas y muchas cicatrices abiertas. La dignidad y el delito. La moral y la legalidad. Lo éticamente bueno y lo moralmente malo. 




Laura Madera maneja bien sus armas de directora y sin grandes trucos consigue trasladarnos su inquietud y su punto de vista estético. El ético nos lo deja para nosotros. Juan Caballero vuelve a demostrar que es el prototipo de joven del siglo XXI. Está tan natural, perfecto, simpático y cercano como siempre (menos en "Yernos que aman" donde no está lo que se dice "simpático", jeje). Dan ganas de saltar y darle un achuchón. Ana Adams está bien como neoyorquina acogotada por la situación. 
Espectáculo más que recomendable que todo el mundo debería ver. Aparte de que aquí, en este país también se va a convertir en texto de culto de aquí a nada. Fijo.    

Castigo ejemplar Yeah. La Trastienda.

La capacidad de Iñigo Guardamino para analizar la realidad en la que todos, él incluido estamos inmersos, darle la vuelta, buscar el lado amargo y cáustico y devolverlo (en ambos sentidos) es casi como lo de Valle Inclán con los espejos. Lo malo (o lo peor) es que en este caso NO se deforma la realidad, sino que esta, tristemente, es así, tal cual.




Un matrimonio atildado y de clase... maja entra con nocturnidad y alevosía en el despacho del director del cole del niño para localizar y deshacerse del tercer expediente que hay por mal comportamiento del retoño. La criatura ya lleva dos, y este supondría como poco la expulsión y sin ninguna duda, un castigo ejemplar (yeah). Es normal, tú también lo harías. En esta sociedad competitiva, ardua y de una supervivencia atroz y descarnada, ser el primero no asegura nada, pero NO serlo, desde luego te hunde en la miseria y ya te puedes dar por follao. 
Claro que la acción no es tan sencilla y la mente de Guardamino mucho menos. Lo que uno hace tiene consecuencias, pero si haces algo "prohibido" más aún. O al menos más imprevisibles. Y la espiral en la que se ven metidos estos dos desgraciaos, ni ellos mismos se la habrían imaginado. Pero qué quieres que te diga, una madre que cuando el angelito llega con piojos, le inspecciona la testa buscando el número de la bestia. A ese prepúber que poco a poco se desvela como una criatura no tan inocente. Ese niño que cuyas iniciales son I.D.G. Mira, lo escribo y me estremezco. ¿Autobiografía? Ahhh, who knows!!!  
Si la mente preclara de Guardamino despliega sus astucias como si se tratara de un paypay obre el escenario (o la habitación, en este caso) los dos actores, Rodrigo Sáenz de Heredia y Natalia Díaz son los instrumentos perfectos para transmitir al planeta Tierra el mensaje y la crítica feroz de Guardamino. Los dos están maravillosos, perfectos y dan un recital interpretativo. Cantan, sufren, follan, se descojonan, viven, pelean, gritan y lloran en medio de unas transiciones escalofriantes y a una velocidad de vértigo. Todo esto, siempre, plagado de las coñas de Guardamino que son ácidas, tremendas y dignas de un sentido del humor prodigioso y con el que yo, concretamente conecto de puta madre.




La única pega, si es que hay que ponerle alguna, es que quizá se mete en demasiados berenjenales y se hace un pelín larga. Lógico, cuando una tiene una mente tan calenturienta y tan marxista (de Groucho, no de Karl) como tiene Iñigo, es jodido depurar porque lo que quites fijo que es una puta bomba. Porque eso sí es evidente, que Iñigo Guardamino es una de las plumas más afiladas de este país ahora mismo. Y si hay justicia en este mundo, se va a convertir en una de las primeras espadas del panorama teatral en nada. Porque se lo merece. Mentes como la suya crecen pocas en este erial.    

domingo, 5 de octubre de 2014

Mi pasado en B. Nave 73.

Ese ser con pinta de italiano de los años 50 te recibe personalmente en el escenario de Nave 73, te da un apretón de manos y ya te ha ganado. El artista se ha hecho carnal, has sentido la calidez de su mano, y como seres frágiles y receptivos que somos los espectadores, ese simple gesto lo recibimos como un acercamiento al alma del actor. "Vale, esto va a ser un juego entre amigos". 
Javier Lara y Pietro Olivera (director) son los dos artífices de este viaje. Un viaje a la España de los... 50, los 80, los 90... o no. Porque como bien dicen, al recordar puede que reinventemos la historia. 




La "anécdota" es contar, o rememorar, o inventar la historia de esta saga familiar, con un padre déspota que con la excusa de luchar por una herencia que nadie reclama salvo él despliega toda la intolerancia y la cerrazón de una personalidad tamizada por el pasado. Claro, el padre, Antonio tiene las de perder, porque en este viaje en el que el pasado se crea, se recrea y se recuerda, las figuras que componen esa familia son la suma de los recuerdos de todos, pero reconstruidos por la mente y el corazón de Javier. La fragilidad de la memoria, la estampa dura de un país a lo largo de muchos años y cambios, las complicadas relaciones entre los miembros de una familia, los recuerdos manchados de uno de los actores de esa familia, una madre sufrida y sufridora... el relato inventado o no de una época y de unas gentes tan reales como nuestra propia familia. Y puede que si contáramos la historia de nuestra familia no resultara interesante, como la de Javier (le llamo Javier porque desde el momento en el que me dio la mano y luego su corazón, se convirtió en mi amigo) pero como él dice: "si la cuento con gracia... ". Y Javier Lara no es que tenga gracia. Tiene gracia, drama, tragedia, tiene a su madre, tiene a su hermana y a su hermano, a su padre, a sus abuelos, al peluquero, a los paisanos del pueblo, a todo lo que se le ponga por delante y es como si habitaran dentro de él o como si se los hubiera tragado. Cualquier actor sabrá que pegar esos cambios que pega él, dar esos saltos mortales ya no solo de composición física y vocal sino sobre todo emocional es complicadísimo. Y Javier lo hace con la punta. Pasa de un extremo a otro con apenas un ligero cambio, en lo que dura un pestañeo. Y no te digo ya emocionalmente. Lo que hace mi amigo Javier es prodigioso. Se pega una paliza no sólo física, que también sino emocional, de la que no sé cómo saldrá. Porque si tú como espectador ves a tu padre (¿quién con más de 40 años no asocia a su padre con "Siboney"?) y ves a tu familia y sales tocado tras ver esa historia puede que inventada o puede que no, no sé cómo acabará el, que ya de entrada se ha tirado media función con la lágrima colgando del ojo pero sin dejar que escurra (la autocompasión y el llanto por uno mismo son terribles en un personaje). En definitiva, que lo que hace mi amigo Javier es un puto ejercicio que debería ser obligatorio para cualquier estudiante de interpretación.




Lo mejor de todo es el poder embrujador de la función, cómo te agarra el alma y te la lleva volando como en una alfombra mágica por terrenos dolorosos, cercanos y juguetones y te muestra, a vista de pájaro, cómo somos o hemos sido todos y todas las familias españolas de los últimos 50 años. 
La clave de contar historias es recordar y al recordar reinventamos y creamos nuevas historias. Eso tiene que ver con la libertad. Al recordar nos sentimos libres, aunque inventemos, por eso no hay que dejar nunca de recordar, aunque sea hacia delante. El futuro es ficción, el pasado fue ficción alguna vez y puede que lo siga siendo. Esta historia deshilachada, deformada y desordenada nos invita a recordar y a ejercer de seres libres. A fin de cuentas, ¿quién no se ha inventado alguna su propio pasado en "b"?  Silencio de una hora.



sábado, 4 de octubre de 2014

En el desierto. Matadero.





Creo que ya lo he dicho más veces, pero insisto. De todas las artes escénicas, la danza es la más maltratada. La gente que se dedica a la danza necesita muchísima más preparación y durante mucho más tiempo que cualquiera. Y si encima te dedicas a la danza como un paso más allá de la expresión, ni te cuento. En ese desierto en el que está o al que quieren llevar a la cultura nuestros políticos burócratas con sus tarjetas negras y sus sueldos en B, se mueven y sobreviven la danza, los danzantes y los actuantes. Los revolucionarios que se/nos dedicamos a aquello llamado cultura, camuflados como los fasmatodeos para sobrevivir. Ya lo dice Chevi en ese prólogo dedicado a la belleza y en situar una obra maestra indiscutible, la Tosca de la Callas. Lo dice clarito: "no podemos dejar que privaticen esto" mientras te lleva al escenario, te hace partícipe de su reivindicación, te pone en su lugar y te muestra  ese paisaje tan bello como la aurora boreal como es un patio de butacas.




Coño, que me lío. Pues eso, que la cultura vive en el desierto porque no le quedan más cojones y aunque vivamos en islas minúsculas, reconociendo que nos necesitamos y tirando los unos de los otros en determinados momentos, la única solución es camuflarse como Ernesto Alterio, su piano y sus amigos de gris. O correr hacia la oscuridad o buscar refugio como David Picazo y Sara Manzanos. O recordar cuando éramos mitos, cuando éramos estrellas, cuando se valoraba a los valientes que se dedicaban a la escena como hace la prodigiosa Maru Valdivielso y todos sus compañeros de negro. O vivir en el recuerdo como Pastora/Alberto Velasco, mito indiscutible. Todo menos dejarse vencer como Ana Erdozain. Hay que buscar soluciones, porque en este desierto al que nos han arrastrado, camuflados o no, debemos tratar de convertir los ruidos en música y no dejar de sonreír. Es fácil; sólo hay que llevar la comisura derecha de la boca hacia le ojo derecho y la izquierda al ojo izquierdo. Y si dejamos las luchas y las tensiones y juntamos todas nuestras islas y construimos un espacio común en el que vivamos todos juntos (apretujados, pero juntos), entonces todos volveremos a sonreír, a construir un escenario nuevo y a brillar como las luciérnagas.




El grupo de actores es asombroso y brutal de primer al último. Los que hablan, los que bailan, los que se derrumban, los que se desparraman, los que buscan y los que se arrastran. Que yo personalmente tenga debilidad por Alberto y por Maru es cosa mía, porque TODOS están brutales. Y si no... a ver qué me decís de la potencia de la mirada de Ana. Chevi es el demiurgo que junta todos estos talentos y el que consigue, como por arte de magia, que todo el conjunto sea prodigioso, terrorífico y tremendamente optimista incluso desde la oscuridad. Además Chevi tiene lo que yo llamo "ojos de llorar". Es un algo en la mirada que hace que a pesar de sonreír, por debajo te imagines esos ojos llorando. Quizá sea eso que no puede ocultar una mirada, una sensibilidad fuera de lo común, que hace que se escape entre sonrisas esa sombra de poder ver que esos ojos lloran. Lo mejor es que esa mirada es la que inunda todo su trabajo. Guillem Clua da una lección de cómo administrar los espacios, las luces, los ritmos y convierte esta danza de los espectros en un baile optimista. Fantástico. Fabulosa la música que inunda todo el escenario. David Picazo vuelve a dar una lección de cómo iluminar el fracaso. Pone luz donde sólo hay sombras y crea sombras donde sólo hay destrucción. Genial de nuevo. Emilio Valenzuela crea una escenografía fantasmagórica como salida de un cuadro. Islas mágicas y tristes, partes de un puzzle compuesto de mil deshechos humanos. Vestuario de Ana López Cobos y  María Calderón que debería pasar a la historia. El figurín de Maru y el vestidazo de Alberto son antológicos. Por lo preciosos y por la fuerza simbólica que tienen. La producción de Amanda García, Luciana Pattin y Eva Marcelo asombrosa y toda una demostración de la importancia de una producción sensible y efectiva. Los textos de Guillem Clua y de (San) Pablo Messiez... en fin... son dos debilidades. Simbolismo, poesía, dureza, muerte, esperanza, todos los elementos que ayudan en este recorrido desde el desierto más inhumano y casi apocalíptico de un mundo con la cultura secuestrada y torturada y hacia la isla común de todos los que antes éramos estrellas y que debemos evitar que nos lleven definitivamente a morir sin sonrisa y dejándonos vencer en el desierto. 
   


jueves, 2 de octubre de 2014

El feo. Teatro Lara.

Lo que te digo del off del Lara, que tiene unos espectáculos ahora mismo que no me extraña que esté petada la calle de gente haciendo cola para entrar. La programación no tiene desperdicio. El último acierto ha sido "El feo". 
Este espectáculo ya se presentó el año pasado en el Fringe y luego ya ha tenido una fructífera vida en Madrid, aunque hasta ayer yo no lo había visto. Lo primero que hay que decir es que produce Draft.inn , productora con unos creadores y creativos que llevan tiempo marcándose los espectáculos más rompedores e impactantes. Como ejemplo, esa joya que es "Los nadadores nocturnos", espectáculo que a pesar de haber triunfado tanto en el Fringe de este año como luego a su paso por Matadero, creo que aún no ocupa el lugar que se merece. Si no al tiempo, ya me diréis si es o no es un espectáculo de culto, con una calidad y profundidad más allá de lo común, con esa colección de personajes icónicos, desarraigados, amargos, desorientados, que se juntan par compartir amargura, dolor, pérdida y búsqueda. Espectáculo negro y seco, tanto como un vagón camino de un campo de concentración. Yo sigo todavía con un runrún en el coco de vez en cuando, no te digo más. 
Pues los responsables de esa puta joya lo son también de "El feo". 




Dirige este jari Paco Montes. Y lo hace poniendo en fila de a uno todos los cambios que hay en el texto brillante, descojonante y fascinante de Marius Von Mayenburg. Hace falta mucho pulso y mucho sentido del rítmo y de la comedia como para ordenar y crear la orquestación de tanto pacá pallá como hay en la función. Los actores comparten silla contigo y cada cambio de escena es un aliciente más para seguir disfrutando, algo rarísimo de encontrar.
La función es un puro descojone, aunque si lo miras fríamente y apartas los componentes hiperbólicos de comedia, todos los personajes son seres heridos, desubicados y con bastantes problemas de autoaceptación e incluso de identidad. Pero es una comedia, y la verdad es que te partes el rabo de risa. Las situaciones y ciertos diálogos son dignos de Billy Wilder, la composición de los personajes, a pesar de ser algo gruesa, es brillantísima, funciona que te cagas y encima tiene un poso amargo que mola. Y los actores... acojonantes. Fran Calvo el pobre, lidia con los personajes más sosos pero demuestra que tiene tablas, arte, recursos y gracia como para hacer lo que le pongan por delante. Nacho Diago igual. Descojonante. Rebeca Valls es un portento de mujer. De entrada resulta... desconcertante. Pero con cada frase va demostrando que es una fiera corrupia y te atrapa enseguida. Sólo quieres que salga más y más. Fabulosa y divertidísima. Y lo de Óscar de la Fuente... qué quieres que te diga. Es un puro recital. Por supuesto, no tiene nada que ver con su trabajo en "Los nadadores nocturnos". Lo que hace aquí es portentoso. No para. Literalmente, no para. Hace de todo y todo bien. Asombroso. 
El único momento un poco crítico es hacia le final, cuando cambia un poco el tono y se empieza a jugar con el sentimiento de identidad, de individuo... Cuando se ponen serios... tiembla un poco el espectáculo. Pero vamos, eso por decir algo. 
Que eso, que no os lo perdáis, que te descojonas y ellos están soberbios. ¿Qué más quieres?