domingo, 11 de enero de 2015

Rinoceronte. María Guerrero.

Hay veces en las que uno, dentro de su humildad, se pone en contra de to dios y suelta por su pluma burradas que no siempre son bien recibidas. Y lo mismo que dije en su momento que el "laaaargo viaje del día hacia la noche" estaba pasadísimo y era un pestiño repetitivo, de "El rinoceronte" de Ionesco diré que... no es de sus mejores textos. Es evidente que el texto es un clásico, una obra primordial de la literatura mundial, pero eso no quita para que sea... reiterativo. La vigencia del mensaje es total. Es más, en estos días de asesinatos, fanatismos y muertes inútiles, el significado se actualiza de golpe. Y en vez de rinocerontes, yo veía velos, cruces y símbolos actuales. Eso le da sin querer un peso a la función brutal. Pero bueno, vayamos por partes.  



El texto es en toda su primera parte, impecable. La acción comienza muy, muy arriba, inundando el patio de butacas y sigue arriba, con una tensión casi irrespirable durante todo ese primer tramo del texto. Las escenas en la calle, en el periódico, hasta llegar al brutal encuentro entre los dos amigos y la transformación de Juan son pura dinamita. Toda la tensión acumulada como una olla a presión estalla en ese momento álgido. Y lo que que viene después es... más flojo. La conversación con Dudard es realmente eterna y reiterativa y la siguiente con Daisy, igualmente. Son dos escenas larguísimas, en las que el conflicto va y viene continuamente y consiguen que la tensión brutal de toda la primera parte, decaiga. Eso está en el texto, es así. Y o te lo cargas y metes poda salvaje, o... es lo que hay. No ha habido poda salvaje, así que es lo que había. Esto hablando única y exclusivamente del texto. La única salvación posible estaba en la puesta en escena.   
Ernesto Caballero consigue con este su mejor montaje desde que es director del Centro Dramático Nacional (vaya tres palabras grandes, con peso, mastodónticas).  El espectáculo es una maquinaria de relojería puesta al servicio de ritmo, de una coreografía frenética por TODO el teatro y de unos focos no siempre respetados, pero sí muy concretos y salvajes. La primera parte está coreografiada con ritmo, con brío, te descoloca, sorprende, hace que te gires, que busques la acción, que se rompa la postura en la butaca y eso siempre mola (cuando está justificado, claro). La señora del gato jodiendo la escena, el acomodador, la gente del pueblo, Daisy que llega tarde, Juan y Berenger a lo suyo... relojería pura y puro ritmo en un alarde de Caballero. Se ha desmontado o deconstruido el patio del María Guerrero muchas veces y esta es una de esas en las que el resultado es acertadísimo (sin que se "desmonte" literalmente). Sin embargo en esa "segunda" parte a caballero creo que le falta determinación lo primero a la hora de podar el texto y lo segundo, dando nervio a la acción. Está montado como si quedara todavía una hora de función, y lo que pasa es que llevamos YA una hora de función. La escena con Alcobendas es de sofá y la de Orazi en la cama pero igual de estática. Así es difícil. Otra cosa; el hecho de romper las barreras en el primer acto mola, y ver entrar a Fernanda Orazi en el patio de butacas a mí me emocionó. Pero ese acto de romper paredes e invitar al espectador a ser un personaje más empieza ahí y ahí termina. No se vuelve a usar más. Fernanda no vuelve a ser espectadora sino personaje. Con lo que esa aparición primera emocionantísima puede parecer gratuita. 
Vamos a ver, que a mí el espectáculo me gustó muchísimo, que me encantó, pero como lo mismo te digo una cosa como te digo la otra, también te digo que la segunda parte cae un poco, sólo eso. 



Las luces de Valentín Álvarez están bien. NO, están muy bien. La música y el espacio sonoro de Luismi Cobo, el genio Luismi Cobo son tan acertados como todos sus trabajos. La escenografía de Paco Azorín funciona muy bien, aunque me recuerda demasiado a otro trabajo suyo, la famosa cárcel del montaje aquel de "Il prigioniero / Suor Angélica" de Pasqual. Es la misma idea y me recuerda terriblemente. Quizá hasta la filosofía de ambos montajes tenga que ver, pero... a pesar de ser bestial la idea de Azorín, me resultó... eso, que me recordó mucho a su otro trabajo.
Lo que es absolutamente incontestable en este espectáculo es la inmensa calidad de TODO el reparto. Si hubiera un premio al casting del año, este estaría entre los finalistas fijo. TODOS están fabulosos. 


 
Los menciono porque lo merecen. Ester Bellver, Mona Martínez, Juan Antonio Quintana, Bruno Ciordia, Paco Ochoa, Juan Carlos Talavera, Janfri Topera, Pepa Zaragoza, Paco Déniz, José Luis Alcobendas y mi amada Chupi Llorente están soberbios. En esta función NADIE interpreta un personaje menor o intrascendente. Todo es coral y el personaje del pueblo, de la masa, de la manada es tan importante como los protas. Un elenco que te hace amar esta profesión al ver la entrega y el amor que desprenden cada uno de ellos. Gracias a todos por esta lección. 
Pepe Viyuela está inconmensurable. Es un ser normal y corriente. Es un ciudadano con debilidades, con defectos, con su fortaleza, su personalidad, es un vecino más. Y de eso se trata, de hacer del prota un "hombre cualquiera" aún siendo el prota. Hace yo creo que lo más difícil que puede hacer un actor; ser "artificialmente normal". Sin tacha, gigantesco, admirable.


 
Fernada Orazi es una maga. Consigue, como consiguen las hadas, que tu mirada se pose en ella haga lo que haga, esté donde esté. No es que robe foco, es que tú, como espectador no la pierdes de vista porque sabes que todo lo que hace y lo que No hace, es importante, es lógico y que si la sigues a ella, podrías seguir la escena porque en ella está todo. Incluso consigue levantar toda esa escena final reiterativa. Es un peso pesado de la escena, lo ha demostrado siempre y lo sigue demostrando en escenarios más grandes. En definitiva el trabajo es ese, se haga donde se haga y la calidad no va en tamaños, sino en aptitudes y en carisma y la Orazi (como las grandes actrices a las que se llama por el apellido, como para demostrar que lo suyo es de raza, de sangre, de la naturaleza) tiene calidad, carisma, encanto y una inteligencia sobrehumanos. Una bestia haga lo que haga. 



Como Fernando Cayo. Decir que es de los mejores actores de su generación es una obviedad. Si lo habéis visto no hace falta que diga más. Y pal que aún no haya visto este "Rinoceronte" sólo le diré que don Fernando se transforma literalmente delante de nuestros ojos en rinoceronte. Sin FX, sin photoshop y sin croma. Lo hace únicamente con ese don que tiene que lo tiene pocos seres en este universo. Con su capacidad actoral, metamórfica, sobrehumana, metafísica... no sé cómo definirla. Sencillamente NO SE PUEDE ESTAR MEJOR. Y encima con una trabajo vocal perfecto, dificilisimo e inmejorable. Y te lo digo yo, que de eso sé un rato. 

Resumiendo. Texto irregular con una puesta en escena brillante aunque algo renqueante en la parta más jodida y con unos actores inconmensurables y perfectos todos ellos. Sin duda un arranque de 2015 brutal y que pone el listón altísimo. Ahora que hemos superado las "listas de lo mejor del año", apuntad este "Rinoceronte" porque sin duda estará en las listas de diciembre del 15, ya lo veréis. Y por supuesto... si alguien todavía no lo ha visto...que corra al Centro Dramático Nacional (vaya tres palabras, madre mía) y que pille ya. 
Ah... y esa imagen final... para la historia del teatro.
 
(SPOILER de foto. Si no quieres ver esa imagen no sigas pabajo porque no me he podido resistir a poner esa imagen).          



















2 comentarios:

  1. Fantástica crítica teatral. Enhorabuena por tan aguda mirada.

    Un saludo

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  2. Vaya. Muchas gracias por los ánimos. Un saludo

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