viernes, 20 de febrero de 2015

El plan. La pensión de las pulgas.





Sí, ya lo sé, yo soy mu rarito. Siempre me he imaginado dentro de las escenas de las pelis que me gustan. Igual que me veo dentro del escenario de las funciones que me molan. Y sí, ya sé también que toda la vida es cine y los sueños...cine son, pero... pocas veces me había sentido en medio de una peli pero en un teatro. Y ver "El plan" es como estar en medio de una escena de "Los lunes al sol" o hasta de una de Ken Loach. 
El texto de Ignasi Vidal, que también hace las funciones de director, es un mazazo sin escrúpulos a nuestra burguesa mirada. Tres amigos han planeado "algo" para esa mañana. Tres parados. Tres vecinos tuyos, míos, de cualquiera (bueno, de Fátima Báñez igual no, ni de Montoro, pero bueno, casi mejor). Lo que parece una quedada tal cual acabará siendo lo que menos te imaginas. O lo más lógico, cualquiera sabe. 




El principal mérito de este prodigio es su propia esencia y naturaleza. No hace falta irse la callejón del gato para deformar nada. La propia realidad, o mejor dicho, la propia hiper realidad está ahí y es así. Ni las palabras pueden ser más llanas ni los actores más naturales. Lo que se cuente, o se dirige y se vive así o no se hace. Y ellos lo han hecho. Los cuatro. El director poniéndose al lado de los personajes, a su misma altura y "simplemente" dejando que respiren como deben hacerlo. Nada está realzado, ni retocado, ni mimado, ni oculto ni sobre expuesto. Todo lo que dicen, lo que cuentan, cómo lo cuentan, cómo lo hacen, es tal cual. Está vivo. Sólo se puede uno tomar una cerve así, sólo se puede esperar y desesperar uno así, no hay otro camino. No es realismo siquiera, es hiper realismo, es como si plantaran un microscopio en la vida de cualquiera. Es un trozo de la vida de tres seres NORMALES a los que les pasan cosas normales, y tiene movidas normales. Pero normal de normal, no de "impostadamente" naturalista. Eso que no te terminas de creer. NO, esto es real y está vivo. Y está vivo gracias al respeto del autor por sus personajes y por su situación, al respeto del director por situarse en el mejor sitio posible para contarnos este "drama cotidiano" y está vivo gracias al trabajazo denso, detallista, ligero, amoroso, aparentemente leve y terroríficamente humano de los tres actorazos inmensos que llevan el peso de la cotidianidad. Esos tres monstruos escénicos y vitales dan vida, carne, interior, pasado, presente, duda, tortura, decepción, frustración, deseo, humor y cuerpo a tres seres del descansillo de tu casa. A esos currantes (o no) que se toman su cafelito con un chispazo. Encima está envuelto en esa trampa mortal que es el humor. Pero si te fijas bien, no es un humor de realzar nada ni de meter con calzador bromas, chascarrillos, coñas o morcillas "naturalistas". Qué va. Absolutamente todo lo que se dice es real, no hay nada que busque la coña. La risa viene sola al ver desde fuera lo que en realidad es la vida tal cual. Te descojonas porque lo reconoces. En ti, en tu vecino y en tu cuñao.  




Creo sinceramente que no se puede hacer nada mejor ni más respetuoso ni implicado, ni ácido ni terrorífico que llevan la puta realidad al escenario, y en "El Plan", Ignasi Vidal, Javier Navares, Chema del Barco y David Arnáiz no solo lo hacen sino que lo bordan. Totalmente espectaculares. De obligada visión y disfrute (es un decir). Espero y cruzo los dedos para que prorroguen y prorroguen eternamente para que todo dios pueda vivir la experiencia de estar en medio del comedor de estos tíos.             

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