domingo, 22 de marzo de 2015

Muerte en Venecia. Ballet de Hamburgo. Teatro Real.

John Neumeier creó esta coreografía el año 2003. Y me temo que ya entonces resultaría añeja. Ahora, doce años después se ha vuelto anticuada. Pero anticuada en el puritito concepto. 
Está claro que yo no soy un experto en danza ni muchísimo menos. Para disfrutar de una opinión cultivada mejor leéis la opinión de otro. Yo escribo lo que siento y lo que veo.




De entrada la elección musical me parece discutible. Ya no con la música de Bach sino sobre todo con Wagner y con "Tristán e Isolda". Vale que "Tannhäuser" y "Siegfried" aportan un toque épico y dramático poderoso y sin tantas connotaciones, pero "Tristán e Isolda" para mi gusto, tiene una implicación sentimental que no coincide para nada con mi visión del drama de "Muerte en Venecia". El drama, el aspecto romántico y la naturaleza del sentimiento de Aschenbach es la idealización. Es una amor idealizado, inalcanzable, en el que el objeto del deseo y del amor es inocente, Tadzio no hace nada por promover ese amor. No es un "Lolito". Él está, y sólo devuelve una sonrisa. Lo que provoca está fuera de su control. Aschenbach crea su imagen, su muso, proyecta en el joven su capacidad creativa y le convierte además de en el objeto de su amor ideal y puro, en su salvador creativo. Y nunca,en ningún momento se tocan. En él descubre la inspiración perdida. Nada que ver con Trsitán, con Isolda ni con su amor. Y eso se refleja también en la coreografía. El primer dúo de Tadzio y Aschenbach funciona bien. Porque ni se tocan. Técnicamente se apoyan el uno en el otro para sus movimientos, está claro, pero casi ni se miran, ni se tocan. Sólo se complementan y se necesitan el uno al otro. Perfecto. Sin duda, el momento más inspirado de la obra. Y a mí que me perdonen, pero luego hay cosas que tienen que ser como tienen que ser. Y si alguien hiciera un remake de "La tentación vive arriba" tendría que sacar a la chica encima de una rejilla del metro con la falda por los aires. Pues aquí lo mismo. Aschenbach TIENE que morir en la playa con los churretes del tinte y patético perdido. No vale que salgan a escena su "inspiración" y su "musa" y le limpien el maquillaje para que él a continuación muera agarradito a su Tadzio. Como que no.




La coreografía en general me pareció anticuada visualmente. Lo de la pareja esa que representa el pecado o la pesadilla de la culpabilidad es bastante hortera. Los dos gays con vaqueros, camisa de cuadros y esa pinta... es más bien ochentero. Parecían sacados de una peli de Jeff Stryker. Pasadito. En general todo resultaba añejo, como pasado y un poco... anticuado. Aparte de que desaprovechaba a los fantásticos bailarines y les hacía moverse como e medias. Medio levantaban la pata, medio giraban, daban medio zancadas... No terminaban de dar la sensación de ser una GRAN compañía con una GRAN coreografía. Ellos sí, desde luego y ella también demostraban dentro de sus posibilidades, ser unos grandísimos bailarines. Lástima.
Y una lástima el destrozo que hizo Elizabeth Cooper con el Liebestod. Fusiló la pieza de una forma tremenda. Y si ya de por sí no coincidía lo que estábamos viendo con lo que yo sentía que quería ver, los desajustes de Elizabeth Cooper contribuyó poderosamente a romper cualquier atisbo de magia o de poesía en ese momento dramáticamente tan demoledor.             
Ahora igual vas y lees por ahí la opinión de expertos que lo ponen por las nubes, no te digo yo que no, pero MI opinión y mi sensación fue que estaba viendo una coreo anticuada. Claro que los que saben son ellos, así que tendrán razón. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada