jueves, 24 de septiembre de 2015

El ojo de la aguja. La pensión de las pulgas.

El mismo equipo que hace unos meses adaptó "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant" para La casa de la portera repite fórmula en La pensión de las pulgas con esta adaptación de "La señorita Julia", seguramente la mejor o más conocida obra de Strindberg. Desgraciadamente, en mi opinión, el resultado de "Petra" dista bastante del resultado final de esta otra versión, "El ojo de la aguja". 



En primer lugar, el hecho de trasladar la acción a nuestros días tiene varios problemas. En primer lugar, la lucha de clases que existía en 1888 no tiene nada que ver con la de hoy en día. Y sin lucha de clases, te cargas media función. La distancia entre amo y criado no tiene nada que ver, hoy en día es más cercana, más salvable y si me apuras... casi puramente comercial. Nada que ver. Por otro lado los móviles, internet y la comunicación en general han cambiado la forma de relacionarse entre los humanos. Veo difícil que gran parte de los conflictos de "La señorita Julia" se pudieran dar en pleno siglo XXI. Y luego otra tontería mía: el lago Como era distinto entonces. En esa época sí era un sitio de vacaciones millonarias. Allí iban los ricachones, familias nobles adineradas que se podían pasar meses en una villa. Ahora mismo, el lago es un destino... más normal. Que sí, que es muy fino y eso, pero... ya no es un sitio exclusivo ni las familias se tiran meses y meses en una villa. El lago Como que describe Visconti no es el lago de ahora. 

Y en lo que tiene que ver directamente con la obra... también tengo unas cuantas pegas. 
Creo que la función que vemos es un primer acercamiento al texto. Para mi gusto y mi forma de entender esta función, le falta profundidad. Profundidad de análisis. Es como si lo que viéramos fuera lo que sacas de una primera lectura. Este texto, como todos los de Strindberg, tiene lo que yo entiendo como "muchas direcciones". Cada frase, cada palabra está elegida para provocar algo. Todas y cada una. No hay nada de relleno. Cada frase es concreta, quiere provocar algo en el otro y está lanzada en varias direcciones a la vez. Una va directa al oponente, pero hay unas cuantas direcciones más que están ocultas, soterradas. Esas son las capas y capas que circulan por debajo del texto, de las palabras y son lo que convierten este texto en pólvora emocional. Los personajes de mutilan, se destrozan, se aniquilan. A ver, esto es spoiler, así que... si alguien no sabe de qué va la función (que ya de por sí sería un delito) que no lea. 
A lo que voy; en la función, Juan consigue (o provoca) que la señorita acabe pegándose un tiro. Con lo cual, si el texto sólo provoca lo que "dice", es imposible que Julia se suicide. "Algo" tiene que provocar que Julia acabe aniquilada, sin salida. Ese "algo" son las bombas, las distintas direcciones hacia donde van las frases, las intenciones ocultas. Por eso incluso en determinadas frases, tendría que haber pausas de esas eternas en las que los personajes hacen algo que es lo que realmente provoca el cambio de tercio del otro. Hay cambios bruscos en el texto que si no nacen de una provocación gestual no tienen sentido. A eso me refiero con lo de las "direcciones" o capas del texto. Y lo que vi el otro día era una sola capa, la de arriba, la primera. 
Luego hay detalles rarunos, por ejemplo que ella se meta rayas. Se mete dos o tres al principio y luego otra bastante después. Pero claro, si Julia tiene una adicción, eso cambia totalmente su forma de actuar. Si es cocainómana quizá esa sea la causa de su desquicie. Con lo cual, adiós función. Y si no provoca nada especial en ella... es gratuito. Aunque puede que sea un detalle para ilustrar su "dependencia" general a las cosas y a los seres. Es dependiente de muchas cosas. Pero en ese caso es reiterativo, ilustrativo. Creo que sus dependencias son de otro tipo, son emocionales, de personalidad, mucho más de fondo que "adictivas".
No me gusta tampoco la progresión de los personajes. Juan está desde el principio con una actitud chulesca y retadora nada propia de un criado. Igual que Julia, que desde que entra ya mira a Juan con ojos de "te lo como tó". No sé, pero un poco más de progresión sería interesante. Si no, estás contando el final ya desde el principio. Y la degradación de Julia tiene que pasar por muchos estados. Del desprecio, al amor, al deseo, a la ruina, al vacío. Y es ascenso de Juan lo mismo. Pero aquí ella ya empieza vendida y entregada y él mandando. 
Y luego algo que a mí personalmente me abruma; la palabra. El valor de la palabra, la importancia de la palabra. La naturalidad no tiene por qué ser sinónimo de "tirar" el texto. Quiero decir, el texto lo puedes tirar (allá tú si prescindes de la importancia de la elección del autor) si quieres restarle importancia a algo, pero SIEMPRE tiene que ser audible e inteligible. Hay que saber qué se dice en cada momento, por qué el autor eligió esas palabras y no otras y darles la importancia y el peso que requieren. Y que se entiendan. Quizá por la "relajación" de las muchas funcione,s se haya perdido esa dicción. Pero no puede ser que la famosa frase: "criado, lacayo, en pie cuando yo hablo" se diga así como si nada. O como otros momentos en que los problemas de dicción dificultan que entiendas qué han dicho. Eso sí, los actores entregadísimos y muy, muy buenos. Los tres. Sergio Pozo, Esther Acebo e Irene Escalada. Además hacen un trabajazo dificilísimo. SPOILER (Aunque durante el polvo, yo no miraría hacia arriba, sino que intentaría esconder la cara de puritita vergüenza)  



En definitiva, una lástima esta versión de "La señorita Julia". Todo el arte desarrollado en su anterior propuesta se diluye en esta y al menos para mi gusto, nos encontramos con una visión simplista y superficial de este clásico. Lo que vemos es lo que se ve en una primera lectura. y no digo que no hayan indagado y trabajado muchísimo, que fijo que sí, sino que parece como si se hubieran quedado en la primera capa. Lo lees, descubres esto, lo armas y como tiene sentido y fuerza, lo dejas ahí. Y unas vueltas más y haber escarbado en los entresijos de Stridnberg y de su mente enferma y enfermiza le habría dado mucha más riqueza y más vueltas a este montaje. 
Bueno, y que la acción se desarrolle en la noche de San Juan, con sus hogueras purificadoras también tiene su por qué. Prescindir de ese detalle... no sé. De lo que no estoy seguro es de si se menciona en la función la cicatriz en la cara de ella. Así que ahí no me meto. Aunque hasta la cicatriz tiene miga.

    

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