miércoles, 16 de septiembre de 2015

Fira Tárrega 2015.

Hace unos años, en un Fringe, me di cuenta de que los espectáculos que más me habían gustado y sorprendido venían todos de este festival. O de esta feria. La verdad es que no sé cómo llamarlo. Lo llamaré simplemente Fira Tárrega. En ese momento decidimos que queríamos conocer esa feria de la que salían espectáculos tan originales, rompedores y que conectaban tanto y tan bien con mi forma de sentir y vivir el teatro. Bueno, con una de ellas, porque pa poliédrico, yo. 
Y durante los primeros años, flipé. Me lo pasaba que te cagas. Veía espectáculos inolvidables y descubría a seres tan únicos y extraterrestres como Ernesto Collado, Fet a má, Animal Religion, Insectotrópics, Kamchatka... y más de una cagada también. Pero vamos, que ha sido un festival de referencia, una cita obligada cada septiembre. Hasta diría que quizá he ayudado con mis comentarios a que algunas personas se hayan animado y hayan probado la experiencia. Sin duda es algo único e imprescindible. Conocer la Fira es obligatorio y el goce con el que vuelves está casi, casi asegurado.




Lástima que este año la programación o al menos lo que yo he visto no haya estado a la altura de otros años. Un espectáculo inolvidable, dos buenos y el resto... entre lo correcto y lo olvidable. A lo peor es que he tenido muy mal ojo eligiendo, pero al igual que otros años oías a la peña comentar que había visto tal o cual espectáculo y que era la hostia, este año lo que oías era más bien lo contrario. Que qué diferencia con otros años, que qué flojo, que "lo de anoche estaba bien, pero tampoco para volverse loco". Del "acojonante" hemos pasado al "está bien" y del "estremecedor" al "pues vaya". Sólo quiero destacar "Crudo ingente" de Nacho Vilar producciones. Resulta que los espectadores estamos viendo el espectáculo desde un sitio, tres espectadores ven lo mismo desde otro sitio y además "oyen" el espectáculo por unos auriculares. Aunque cada uno de ellos oye sólo una parte. La clave estaba en que al final de la performance, tendríamos que haber hablado entre todos para, con los fragmentos que aportaba cada uno, intentar recomponer lo que había pasado. Bueno pues resulta que como se les había hecho tarde nos largaron sin esa "puesta en común". Vamos que nos mandaron pa casa sin saber qué habíamos visto. Medio espectáculo por tol morro. Eso sí, el precio de la entrada fue completo.    





Insectotrópics abrieron la Fira con un espectáculo creado específicamente para esa gala inaugural. "Compra'm" parte de la misma fórmula de sus anteriores espectáculos. Orgía multidisciplinar con cien millones de propuestas o de zonas de trabajo simultáneas. Un Ópera visual potente y con una energía y una virulencia que en la que me reconozco. Mi interior, a veces, bulle al ritmo y con tantas imágenes y tan estridentes como los espectáculos de Insectotrópics. Este viaje a la moda, al consumo, esta caja de Pandora terrorífica al fondo de la burguesía, de la comodidad, de la masa, esa inmersión al abismo del consumismo y de la pérdida de la identidad es realmente terrorífica. Tanto como sus otros trabajos. Aunque quizá el empeño por hacer que todo fuera visto "de frente" cortó un poco el torrente tanto de imaginación como de implicación en 360º que tenía por ejemplo esa obra maestra que es "Bouazizi". En cualquier caso, un Insectotrópics obligatorio. Un chute de heroína con amoniaco y dinamita directo al estómago.

Vimos unas cuantas cosas que se debatían entre el sopor, el chiste fácil, el paseo por la ciudad, la idea mal o poco desarrollada...así que no voy ni a perder el tiempo en mencionarlas. Mejor hablo de las que me han gustado, qué coño.




"Camargate 1.1" de la Compañía La Rueda dirigida por el genial Jorge-Yammam Serrano.
El encuentro entre las dos... señoras, entre la Sánchez Camacho y Victoria Álvarez. Dos... molt honorables... señoras, unas damas elegantes, sencillas, campechanas y honradas que demuestran a golpe de carcajada lo bonitas que son las florecillas en el campo y lo fácil que es ser honrado. Jorge sirve este bombón en bandeja a sus actrices, Cristina Gámiz y Anna Sabaté para que ellas se luzcan. Espectáculo necesario, estrambótico y casi tan esperpéntico que parece mentira. Pero es que la realidad supera a la ficción. Dos actrices descomunales, acojonantes y descojonantes. Ah, y viendo lo que hace Cristina con Vaca 35... me declaro fan hiperbólico de esta dama.




"La cena del rey Baltasar" de la compañía "Los números imaginarios" dirigida por Carlos Tuñon. El espectáculo es brutal y salvaje a partes iguales. La puesta en escena es brillante e ingeniosa, pero... a veces cae en su propia trampa. Al entrar en el espacio, los actores charlan amigablemente con los espectadores. Esto facilita que te relajes, te hagas "amiguete" de los actores y te enfrentes a la ceremonia desde un sitio más reposado, sin la tirantez de contemplar fríamente un espectáculo. Pero el proceso de "sentar" a los doce colaboradores es quizá un poco largo. Y más adelante, cuando después de una función estremecedora e impactante vuelven a "romper" las fronteras, ese momento es de nuevo, demasiado largo. El momento de la cena se alarga demasiado y hace que el estremecimiento que te recorría la espalda decaiga un poco. Además de que el nivel de los actores a la hora de enfrentarse al verso es desigual. Lo que es innegable es la entrega total de todos y cada uno de los actores y el trabajazo profundo, serio y con muchísimo peso por parte de todos. Eso sí, con Carlos Tuñon me pasa una cosa y es que veo muy buenas ideas en cuanto a la puesta en escena pero unos resultados desiguales y algo erráticos. Pero vamos, tiempo al tiempo porque su calidad y su genio son incontestables. Ahora, también te digo que ese final larguísimo es una obra maestra. Es como un plano de una película de Kiarostami, eterno, mostrando en toda su crudeza las consecuencias en los personajes de las burradas que acabamos de ver. Brutal. Y el trabajazo de Jesús Barranco... indescriptible. Magistral.





Y cómo no, el plato fuerte; Vaca 35 y Compañía la Rueda juntos para regalarnos "Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido" bajo la batuta prodigiosa y magistral de Damián Cervantes. Otra joya de la compañía mejicana y de la compañía catalana.
Te reciben entre sonrisas, besos, canciones, bailes y alegría desbordada. Y por si no supieras de qué van estas compañías, ellos te lo dejan claro en cuanto empieza la "acción" como tal. Amontonados unos sobre otros un sonoro PEDO inunda en espacio. Y a ese pedo le sigue una interesantísima disquisición sobre pedos, cacas, el olor de Tárrega (huele a pedo, eso es un hecho) y las distintas maneras de cagar y de limpiarse. La vida misma. Lo que tú siempre has pensado pero no sueles decir públicamente. Seguramente por respeto, por pudor, por "educación" pero que siempre has pensado. Bueno, pues esa forma irreverente de romper un tabú, un código establecido de buenas maneras es la clave de este trabajo. No es casualidad, es un resumen de lo que vas a ver. Igual que existe un tabú para hablar de cacas y de pedos, lo hay para hablar de la muerte. Al menos en España. Siguiente clave de este trabajo, la dicotomía España/Méjico. Espeluznante ese momento de "pelea" por ver dónde es peor la pobreza o qué índice de necesidad es más duro. Los eternos "amigos" resultan no ser tan amigos, o quizá es otro tópico que convendría revisar. Está feo hablar de caca, Méjico y España se llevan muy bien y se quieren mucho, de la guerra se habla entre lágrimas y a los muertos se les respeta desde el silencio. Tópicos típicos ciertamente falsos. El respeto a los muertos y el diálogo con ellos respira en cada frase de este espectáculo. Y encima produce un dolor y un estremecimiento mezclado con sonrisas e incluso con alguna carcajada que hacen de este espectáculo otra joya espeluznante y estremecedora.



Me pasó una cosa curiosa. Cuando Jorge dijo "el salmorejo es una comida de campo", empecé a llorar. No me digas por qué, pero esa frase y cómo la dijo me trasladaron a sitios dolorosos. Y eso que las penas con pan son menos. El otro momentazo que me hizo llorar también es de Jorge. "Me llamo Federico García..."
Teatro de la memoria, del pasado, de la memoria histórica, de la justicia poética, de la universal, teatro del grito y del dolor. Del dolor sublimado. De la guerra recordada y de sus muertos. De sus asesinados. A los que no hay que olvidar. De Chiapas, de Cuidad Juárez, de los barrancos y las cunetas. Del abuelo muerto y del padre asesinado. Teatro de máscaras. Y de la comida, de la celebración de la vida, del alimento como fuente de vida, de la comida como "remedio para el mal de amores". De las recetas "de reinas" y de los purés de verduras que son vida en sí mismos.
La comida como fuente de vida y de recuerdo, porque no hay que olvidar, hay que recordar y colocar a los recordados en su sitio. Da igual si tú has sufrido más que yo, celebremos juntos que estamos vivos y hablemos con los muertos porque ellos también lo están. ¿O no?



No nos olvidemos nunca de que en los montajes de Vaca 35 no hay NADA gratuito, nada que no esté medido, pensado, decidido y puesto ahí con un sentido y con un propósito. La manos magistral de ese genio intergaláctico que es Damián Cervantes rescata todo lo que ha ido surgiendo en el trabajo previo de investigación y le da forma y contorno. TODO lo que vemos ha surgido como consecuencia de algo y está ahí por algo. No es gratuito. Por eso hay que ver los espectáculos de Vaca 35 con mil ojos muy abiertos y respirando cada frase, cada grito, cada giro, cada nota musical y cada olor. Con ellos SIEMPRE hay olores, como en la vida. Incluso los objetos, que podrían parecer casuales, no lo son. Son necesarios tanto para los diversos rituales que vemos en escena como para componer ese retablo de iconos casi religiosos en el que se convierte el espacio al final del espectáculo. 
Espectaculares tanto por entrega como por su implicación emocional y sensorial TODOS los actores. Mari Carmen, Diana, Rafael, Jorge, Cristina y Diego. Y esto ya lo digo como comentario hiperbólico y desmedido. De esos típicos míos. El momento Diana llorando sin poder evitar que se la escaparan las lágrimas... es Historia del teatro. 



Este nuevo mazazo a las entrañas ha sido sin duda lo mejorcito de esta Fira algo deslucida y más apagadilla que otros años. Esperemos que se pueda recuperar para el año que viene ese espíritu aventurero e innovador. La sorpresa y la rareza. 


Por cierto... las impresionantes fotos de Vaca 35 son de Victor Merencio. Fabulosas.  

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