martes, 3 de noviembre de 2015

La piel. Nave 73.

Ahora mismo está en Nave 73 pero fijo que va a rular por ahí. Porque "La piel", un monólogo pensado por Teresa Rivera y escrito y dirigido Valeria Alonso es bestial y Teresa, un animal escénico. La propia Teresa lo interpreta, pero para evitar auto engordarse en su propio ego, se entrega a los brazos y ojos de Valeria. Un acierto, porque la mirada ajena y objetiva se nota. Y para rematar, llaman a Elisa Sanz para que cree un vestuario icónico y tremendamente expresivo. Una joya.




Del SURGE surgió este espectáculo en el que Mary quiere ser negra, Mary quiere mudar su piel y Mary decide inaugurar un centro para el suicidio. Un sitio en el que quien haya decidido suicidarse, pueda ir allí, elegir el entorno adecuado y despedirse de sus seres queridos u odiados, allá cada cual. esa despedida personalizada es el último intento de retomar el "contacto" con quien cada uno decida, el contacto que NO pudo tener en vida, porque nos falta tocarnos, nos falta comunicarnos, nos sobran whatsapps y nos falta piel. 
Esta incomunicación es el eje central sobre el que bascula Teresa. La basura, la falta de humanidad, la falta de piel, de contacto, de ternura o de sobarnos. El móvil y la comida basura nos pudren y nos deshumanizan. Es el siglo XXI, pero a Valeria y a Teresa eso les jode. Y en vez de soltar mierda o de potarnos en la cara, deciden enseñarnos fríamente lo que mola compartir un espectáculo con la gente que tienen cerca, con el público. Su decisión es inteligente. Podrían haber escupido mierda y habernos hecho sentirnos culpables por tener móvil. O haber llorado por no haber tocado lo suficiente, por no vivir más cerca del de al lado. Pero no, con una frialdad robótica (que quizá reste un poco de empatía con la prota así de entrada) te plantan los hechos así, como en una vitrina y ya verás tú lo que haces con eso. Es frialdad antipática se rompe cada dos por tres con los toques chonis de Teresa, brochazos de gran actriz que rompe la compostura y te desarma con una coña a tiempo. 




Desde luego lo mejor de la función es Teresa Rivera, una actriz dotada que hace lo que le sale de ahí y transita por donde quiere con una facilidad pasmosa. Y chica, cuando se te acerca y te mira fijamente... se te ponen de corbata, te lo digo yo. En cuanto a la dirección, podría decir algo que para mí tiene sentido y quizá para alguien más también. Al menos espero que se me entienda. Es como si estuviera rondando por ahí el espíritu de Carlota Ferrer. De la más seca, de la más críptica. No la poética sino la otra, la de la mirada dura y el corazón gélido. La que te acojona. 




Con todo y con eso debo confesar que hay algo en este espectáculo que no termina de fluir del todo, que se queda en un 99%. A ver, todo funciona, teresa es una grandísima actriz y está bien llevada. Quizá el mensaje sea más pequeño que la puesta en escena. No lo sé, no podría decirlo. Pero el resultado para mi gusto es un muy buen espectáculo, bien dirigido, con buenos hallazgos escénicos, una fabulosa interpretación pero que te quizá te deje menos huella de la que parece que te va a dejar. Igual es por mi propia deshumanización. Igual ellas tiene razón y estoy tan pocho como las hamburguesas del sitio ese. Igual mi corazón ha criado piel y mis ojos esa telilla que no te deja ver. Vayan ustedes, señoras mías y juzguen.              

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