sábado, 27 de febrero de 2016

Vida de Galileo. Valle Inclán.




Si sales del teatro pensando en si hay cerca un restaurante mono para cenar algo sabrosón y pedirte un vino rico, es que lo que has visto no te ha marcado en absoluto. Y no es que tenga que haber un antes y un después de cada cosa que ves, pero salir exactamente igual que como has entrado y que nada te haya emocionado en absoluto es un poco como que no. Eso me pasó con esta "Vida de Galileo", que por mucho Brecht... na de na.
El texto me parece anticuado y que ha resistido regular el paso del tiempo. Realmente ni creo que profundice mucho en el pensamiento de Galileo ni el "intríngulis" de lo que está pasando te haga estar alerta. Además la dirección de escena de Ernesto Caballero no ayuda. La escenografía de Paco Azorín no pasa de correcta aunque tampoco es destacable. Como le sucede al vestuario de Felype de Lima. Todo es correcto pero nada luce especialmente. Y no es por aquello de que "no hay mejor iluminación que la que no se nota", no. Es que todo es correcto, sí, pero poco o nada pasional, poco o nada destacable, poco o nada vivo. Corrección, limpieza y funcionalidad. 
Lo de comenzar como si estuviera la compañía en medio de los ensayos e irrumpiera un personaje ajeno (no quiero desvelar nada, por si acaso) no recuerdo que esté en el texto ni me parece nada original. En todo caso, de hacerlo, hacerlo bien, pero que Ramón Fontseré hable en "alemán" con ese acentazo es increíble y... bueno, dejémoslo en increíble. Movimiento escénico poco original y previsible. Todo iba sucediendo tal y como te lo esperabas, como lógicamente debía suceder. Vale, volvemos a lo mismo, corrección y frialdad.



El reparto también es correcto. La única pega que se puede poner es el tremendo acento gallego de uno de los actores. Pero exagerado, que a mí particularmente me despierta la hilaridad. El resto, incluido Fontseré están correctos. Ni bien ni mal sino todo lo contrario. Bien, correctos, sin estridencias ni nada llamativo. Bueno, las canciones sí resultan estridentes. Lo siento pero sí. 
Nada estorba (salvo esos acentos...) nada falta, nada crece, nada vive y nada perdura. Pasas dos horas y pico sentadito viendo justo lo que esperas ver, sales y te vas a cenar. La vida sigue. La vida no se ha detenido y TU vida no se ha alterado.          

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